7/22/2009

TEORIA DE LA RELATIVIDAD

Posted by Edwin Yanes on miércoles, julio 22, 2009 | No comments
Por qué la teoría de larelatividad es falsa

1. Relatividad restringida

Teoría de la Relatividad

Einstein fundó su teoría en dos principios:

1º En todos los sistemas de referencia galileanos, (que se mueven con velocidad constante y trayectoria recta) las leyes de la naturaleza tienen una expresión idéntica.

2º La velocidad de la luz es observada constante desde cualquier referencial de esa índole.

Lo que quiere decir que los fenómenos y leyes que se observan en un referencial, son idénticos a los que se observan desde todos los referenciales, que se mueven en línea recta y velocidad constante, respecto del primero. O sea, que una persona pesa los mismos kilos cuando está subido a una barca que cuando pasea por la orilla. Y un trozo de madera sumergido en un cubo de agua, sube con velocidad igual a la superficie, si realizamos la experiencia en tierra firme, o si estamos subidos en un tren en marcha.

Y si queremos simplificar la teoría, la Relatividad restringida de Einstein no es otra cosa que la aplicación del Principio de Relatividad de Newton al fenómeno luz. El que estos principios sean falsos, como es el caso, es otra cuestión.

Espacio y tiempo

Junto a estos dos axiomas, Einstein precisó lo que significaban, para él, los conceptos de espacio y tiempo. Así, el espacio es coextensivo con el universo. Puede contraerse y expandirse de acuerdo con la formulación de Lorentz, e incluso curvarse en presencia de la materia. Lo cual es un hecho indiscutible porque nadie puede imaginarse qué es lo que esto significa.

En cuanto al tiempo, llevó a cabo una drástica simplificación: La variable tiempo limita su acción a la simultaneidad. "Todos nuestros juicios sobre el tiempo se refieren a acontecimientos simultáneos". En definitiva, reproduce nuestra conducta habitual de fijar los acontecimientos, en el tiempo, mediante la hora que señala nuestro reloj.

En otras palabras, ignora que el tiempo dinámico es duración, que el termodinámico es orden, dirección, y que el multidinámico tiene una dimensionalidad fractal superior a la unidad. Lo que quiere decir que este último ocupa una superficie.

Es fácil comprobar que, por ejemplo, el tiempo biológico, paradigma del multidinámico, avanza sobre un área, en lugar de seguir una línea como el dinámico: En la muerte de un ser vivo, no existe un punto claro final, como ocurre con el tiempo dinámico en el que la llegada de un tren a la estación es un instante único que puede darse con exactitud.

En el tiempo biológico, en cambio, hay un momento en el que el encefalograma es plano, otro en el que el corazón deja de latir, otro en el que las células del cabello mueren, etc. Todo va muriendo según un tiempo propio distinto, cubriendo el tiempo de la vida un área que se detiene contorneada por la muerte.

Einstein para probar la relatividad de la simultaneidad, propuso bien conocidos ejemplos de trenes, reglas que se deslizan, etc. Pero quizás él mas claro y sencillo es el de una habitación con forma de cubo regular en la que se enciende una luz en el centro. De modo que todas las paredes, junto con el techo y el suelo se iluminan al mismo tiempo, porque la distancia desde el foco es igual para todas. Un observador situado en dicho centro, lo verá así. Pero otro que está, separado del centro, por ejemplo apoyado en una pared, verá que ésta se ilumina antes que la opuesta, ya que el camino recorrido por la luz es, en este último caso, tres veces mas largo. El hecho deja, por tanto, de ser simultaneo para el segundo observador.

Si el cubo se desplaza, la iluminación de todas las caras seguirá siendo simultanea para el observador situado en el centro, suponiendo que éste viaja con el cubo. Pero, si no lo hace porque está situado en otro referencial, y ve como el cubo se aleja, desaparece la simultaneidad. Porque aunque realmente todas las caras se iluminan al mismo tiempo, como la distancia desde el observador a cada una de ellas es distinta, la información le llega con diferentes intervalos de tiempo.

En resumen, cada observador ve una cosa distinta. Y aquí surge la cuestión fundamental: ¿es real lo que ve cada uno de estos observadores?. Porque partimos de una teoría del conocimiento avalada por la vida diaria que nos asegura que "real es lo que vemos". Entonces, la iluminación simultanea en todas las caras del cubo es un hecho real para el observador que viaja en el centro del cubo. En cambio, para el observador situado en tierra, el hecho real es la no-simultaneidad. Tenemos así un mismo hecho que tiene dos interpretaciones contradictorias.

Para algunos los dos hechos son reales, cada uno para el observador correspondiente. Lo que justifican diciendo que el tiempo de cada observador es distinto, ya que no existe un tiempo absoluto, sino que éste es local y ligado a cada sistema de referencia.

Para mí, en cambio, aunque admito el tiempo local en cada referencial en movimiento, no hay mas hecho real que él que las seis caras se iluminan simultáneamente, mientras que lo que ve el observador en reposo no es real. Esta afirmación tiene en contra suya, a pesar de ser evidentemente cierta, que resulta muy chocante decir que lo que veo no es real, porque va en contra del criterio antes citado y, universalmente, admitido.

Mas adelante explico con detalle las razones, e implicaciones, de este hecho, pero me apresuro a recordar, ahora, que esta percepción real/no-real debida a la simultaneidad no es un caso exótico y aislado, sino que la propia física está llena de ejemplos en los que la realidad discrepa de lo observado. Y por citar, ahora, aunque sólo sea uno: el palo introducido en un cubo de agua se ve quebrado. Pero, lo que se ve no es cierto, pues en cuanto lo sacamos del agua podemos comprobar que el palo es recto.

Concepto de observable.

Estamos, ya, en situación de introducir un concepto nuevo que completa lo ya expuesto. Porque cuando observamos, por ejemplo, una estrella situada a cien mil años luz, podemos decir que lo que vemos ahora "fue" real hace cien mil años, cuando la estrella estaba allí, con cuya explicación la mayor parte de los ciudadanos estaría conforme y no sería preciso insistir más. Generalizando diríamos que todo lo que veo fue real en un cierto momento anterior al tiempo que marca mi reloj.

Pero sucede que no es suficiente, ni cierta, esa afirmación, porque debido al tiempo que tarda la información en llegar al observador, se modifica la realidad de dicho objeto. En otras palabras, la estrella que vemos situada a cien mil años no la vemos como era entonces, sino que la vemos modificada. A esta imagen que vemos del objeto real, antiguo y modificado, llamo "observable".

Este es el fundamento, mas serio, de nuestra discrepancia con la teoría de la Relatividad, ya que mientras para ella el observable es, o fue, un hecho real. Para nosotros el observable no es, ni ha sido, un hecho real.

¿Cómo relaciona la Relatividad el hecho real con el observable?. Pues sencillamente, afirmando que la diferencia entre ambos no es otra que la de que están referidos a distintos sistemas de coordenadas: són un hecho único visto desde dos referenciales distintos. Entonces para relacionarlos bastará con establecer un sistema de transformación de coordenadas.

Einstein llevó a cabo este estudio para el caso mas general de sistemas de referencia con ejes curvilíneos, lo que constituye el ejercicio de matemáticas más aburrido de toda la física. Pero, además, es un trabajo inútil, ya que al expresar las coordenadas de un punto en función de las del otro sistema, se presupone que en ambos el punto es el mismo. Sin embargo, veremos en seguida, que en dos sistemas cualesquiera del universo, obtenemos dos observables distintos sin puntos comunes. Lo que impide la transformación propuesta. De hecho esa imposibilidad se manifiesta siempre que alguno de los ejes representa una variable temporal.

Antes de justificar todo lo dicho hasta aquí, quiero añadir que no solo nos vamos a enfrentar a la norma "real es lo que veo, lo que observo", sino que, a partir de ahora, se hace preciso modificar la metodología científica. Ya que si la teoría prevé, por ejemplo, que en un cierto punto dos objetos se iluminan simultáneamente, por ejemplo dos caras del cubo anterior, la experimentación no confirmará la teoría si el observador exterior comprueba que, en efecto, se iluminan simultáneamente. Ya que, sabemos que para que realmente sucediera eso, debería observarlas, iluminadas, una después de otra, como hemos visto al definir el citado ejemplo del cubo.

Por tanto, volviendo al procedimiento metodológico, previamente, he de transformar, si ello es posible, el hecho observable en real, y este último es el que coincidirá con el presupuesto teórico, si la teoría es cierta. O sea que volviendo al ejemplo, el hecho observable ha de ser iluminación no-simultánea que corresponda a un hecho real de iluminación simultánea.

Real distinto de observable.

Como ha quedado dicho, la discrepancia entre real y observable se manifiesta en muchos ámbitos de la naturaleza. Para Bertrand Russell la observación de la realidad era una cuestión eminentemente subjetiva: Todo lo observamos a través de nuestros sentidos. De manera que por esta simple razón, es distinta la realidad de la sinfonía que oye el oído entrenado del conductor de la orquesta, que la que escucha el simple aficionado, o la que no oye el sordo.

Y a esa diferencia inicial, debida a los sentidos, tenemos que añadir la distinta interpretación de la realidad que nuestra diferente mente racional da a la información recibida: a la vista de una catarata, el ingeniero piensa en su explotación energética, el pintor en la belleza de sus luces, y el filósofo, quizás, en la vitalidad explosiva de la naturaleza. En definitiva, cada uno observa e interpreta una realidad distinta.

En el ámbito de la física, hemos citado el caso en el que un palo recto, introducido en el cubo de agua, parece que está quebrado. Pero son numerosos los que pueden añadirse a consecuencia de los distintos fenómenos de la luz y los observados sobre un referencial en movimiento: Los transeuntes sedientos que circulan por el desierto están sometidos a espejismos que les hacen ver, en la lejanía, lagos de agua en los que zambullirse. Para un observador terrestre, el hecho observable es que el Sol da vueltas alrededor de la Tierra. Pero para un observador solar sería la Tierra la que gira como una peonza sobre sí misma. Y, por lo que sabemos del universo, el hecho real no coincide con ninguno de los dos observables.

Con el péndulo de Foucault ocurre lo mismo: Gira la Tierra si el observador se sube al plano de oscilación, o gira dicho plano si el observador está sentado en la Tierra.

Y, en todos los experimentos tipo Doppler se observan y miden frecuencias que son distintas de las reales.

Desdoblamiento del objeto en real y observable.

A las discrepancias entre real y observable, enunciadas hasta ahora, hay que añadir la que hemos citado como un hecho nuevo, y es que debido al tiempo que tarda la propagación de la información, se modifica el valor observable. En realidad, se produce un desdoblamiento, entre el objeto real y el observable, en el que cada uno de ellos goza de independencia suficiente para moverse a velocidades distintas.

Divido el estudio en tres fases:

Primera, estamos en presencia de un universo estático en el que observador y universo permanecen en reposo; segunda, el universo está en expansión/contracción mientras el observador sigue en reposo; y, tercera, el universo permanece en reposo y es el observador el que se desplaza.

Empezamos con la primera:

Universo y observador están en reposo.

Todo está, donde estuvo siempre. Este universo cabe perfectamente en un único referencial. Estaríamos en el caso de un espacio absoluto, con un tiempo absoluto.

Materializamos esa observación colocando relojes, perfectamente sincronizados, en los distintos objetos del universo. Dicho en otras palabras, en todos los puntos del universo los relojes marcan la misma hora. Este es el hecho real.

Pasamos al observable: Si con un telescopio observo el Sol, veré que el reloj situado allí marca un retraso de ocho minutos respecto del que tengo a mi lado en la Tierra. Es el tiempo que necesita la imagen del reloj, situado en el Sol, para recorrer la distancia que nos separa y hacernos accesible su información.

Algo análogo ocurrirá con todos los relojes situados en otros cuerpos celestes. Señalarán un retraso respecto del mío que corresponde al tiempo que tarda la luz en recorrer la distancia de cada cuerpo a la Tierra.

De manera que el universo que veo, universo observable, está rejuvenecido respecto del real. Mas rejuvenecido cuanto más lejos está la zona que observo. De modo que con el telescopio vería como eran los objetos hace miles, millones o miles de millones de años.

Hay un desdoblamiento sólo temporal entre objeto real y observable. La mayor parte de los objetos que veo me muestran como eran a una edad más joven que la que tienen los correspondientes objetos reales. En cambio, no hay desdoblamiento espacial, ya que las cosas, y el observador, siguen donde siempre estuvieron.

El universo observable, que se nos muestra en esta hipótesis, no existe, ni ha existido nunca, ya que está formado por retazos de universo real en distintas épocas de su historia.

El universo se expande o contrae, mientras el observador permanece en reposo.

Nuestro reloj marca un tiempo T. Apuntamos con un telescopio el reloj situado sobre el Sol. Y vemos que señala una hora T menos ocho minutos, T-8. Imaginamos, ahora, que este último reloj viene hacia nosotros a una velocidad, que para que sea fácil el razonamiento, la elegimos igual a la mitad la de la luz: c/2.

Con nuestro telescopio seguimos observando el reloj solar, el cual, a pesar de que ha iniciado su recorrido hacia la Tierra a la hora T-8 permanecerá estático hasta que hayan transcurrido ocho minutos desde que partió en su viaje hacia la Tierra, el reloj real. En ese momento, el reloj que seguimos viendo en el Sol marcará el tiempo T.

Entre tanto, como el reloj real viaja a la velocidad mitad de la de la luz tardará en hacer todo el recorrido, Sol-Tierra, dieciseis minutos. Como ya han pasado ocho estará "realmente" a mitad de su camino. Tenemos así que se ha producido un desdoblamiento espacial entre el reloj real y el observado, ya que ambos ocupan un lugar distinto en el espacio: El real está a mitad de camino, mientras que el observable acaba de separarse del Sol. Pero, además, se mantiene el desdoblamiento temporal, puesto que el reloj observable señala la hora T, mientras que en el real, aunque no la veamos, la hora es T+8. Cada referencial tiene su tiempo local.

En los ocho minutos siguientes el reloj real llegará a la Tierra. Y también lo hará el reloj observable. De manera que la velocidad con que éste ha hecho el recorrido es c doble de la velocidad del objeto real, ya que ha recorrido la distancia Sol-Tierra en ocho minutos, mientras que el reloj real ha tardado dieciseis.

Señalamos que la velocidad "real" c/2, es "observada" con un valor doble c.

Una vez el reloj en la Tierra, desaparecen los desdoblamientos espacial y temporal. El reloj observable coincide con el real, está a nuestro lado y marca un tiempo T+16, igual que el nuestro. O sea, que el reloj observable ha recorrido dieciseis minutos desde T a T+16 , en ocho minutos de nuestro reloj, o sea reales, por lo que ha movido sus agujas a una velocidad distinta. Se confirma, por tanto, que el tiempo de cualquier referencial en movimiento tiene un tiempo local, cuyos segundos son de duración distinta que los del reloj real.

Resumimos, por tanto, que mientras todos los relojes reales siguen sincronizados y marchando al unísono, los observables no sólo no lo están, sino que se aceleran cuando se acercan al observador. O se atrasan cuando se alejan, como vamos a ver en el viaje de vuelta del reloj al Sol.

Pero antes quiero hacer esta reflexión: Si el reloj real hubiese venido a la velocidad de la luz, no nos enteraríamos que empezaba su marcha desde el Sol, hasta el momento en que llegaba a la Tierra. Quiere esto decir que el reloj observable viajaría a una velocidad infinita. De modo que el observador vería simultáneamente el reloj en el Sol, en la Tierra y en todos los infinitos puntos intermedios entre ambos objetos celestes, señalando en todos ellos una hora distinta.

Imaginamos, ahora, que empieza el retorno del reloj al Sol, a la hora T . Apuntamos de nuevo el telescopio al Sol. Como la velocidad real es la misma que antes c/2 el reloj llegará al Sol a los 16 minutos de haber salido de la Tierra. Pero nosotros no podremos constatarlo hasta ocho minutos después, cuando nuestro reloj marque las T+24. En ese momento veremos que el reloj observable llega al Sol y marca las T+16. Por consiguiente el reloj observable ha tardado 24 minutos en recorrer una distancia de ocho minutos luz, por lo tanto la velocidad ha sido de c/3.

De nuevo señalamos que a una velocidad real c/2 en un movimiento de expansión, la velocidad observable es distinta e igual a c/3.

En cuanto al tiempo local, comprobamos que durante el viaje de vuelta el reloj observable se ha retrasado ocho minutos, por lo que deducimos de nuevo que sus segundos son distintos, mas lentos, que los reales.

En resumen, una velocidad "real" se "observa" distinta según el objeto venga o vaya. Y en ambos casos la velocidad "observable" es distinta del valor "real".

Si la velocidad de propagación de la información fuese infinita no ocurriría nada de esto, veríamos todos los relojes marcando siempre la misma hora que el nuestro.

El universo permanece estático mientras que el observador se mueve.

Queda por estudiar este tercer caso. Al moverse únicamente el observador, los objetos del universo real permanecen fijos, como en el caso del universo estático, donde estaban. No hay por tanto desdoblamiento espacial. Sólo hay un desdoblamiento temporal, cuyo desfase varía al desplazarse el observador.

Vemos, por ejemplo, un objeto cuyo reloj marca el tiempo T. Este valor será siempre inferior al que marca el reloj del observador. Pero la hora observada en el reloj de ese objeto puede variar por la simple aproximación /alejamiento del observador, sin que sea preciso que transcurra tiempo alguno.

Para que el razonamiento quede claro, imaginamos que el observador pega un salto y se aleja a una velocidad infinita del objeto. El tiempo real transcurrido es cero, sin embargo, el reloj observado en el objeto habrá pegado otro salto y habrá aumentado su retraso en un tiempo igual al que necesita la luz para recorrer el salto espacial dado por el observador.

Partimos, ahora, de la posición que ocupa la Tierra realmente. Nuestro reloj señala el tiempo T. Mientras el del Sol marca T-8.

Si nos alejamos del Sol una distancia igual a la actual Sol-Tierra, el retraso que marcará el reloj solar respecto del nuestro será de dieciseis minutos, T-16.

Esto si el trayecto lo hemos hecho a una velocidad infinita. Pero si hubiésemos viajado, como en ejemplos anteriores a la velocidad c/2 , y partido con un tiempo T en nuestro reloj, al llegar a nuestro destino señalará T+16, ya que tardamos 16 minutos en el traslado. Miramos el reloj del Sol y por la distancia a la que nos hallamos, forzosamente, debe tener una diferencia con el nuestro de 16 minutos. Por tanto señalará un tiempo T . Esto es, que mientras el reloj del observador ha recorrido 16 minutos, en el del Sol, solamente han pasado 8 minutos.

En el referencial del observador, para éste, es el Sol el que se ha alejado una distancia Sol-Tierra en ocho minutos, luego la velocidad con la que ve alejarse el Sol es la de la luz c. O sea, que la velocidad observada es doble de la real.

A continuación realizamos el trayecto inverso. Nuestro reloj marca el tiempo T, y el del Sol T-16. Viajamos a la velocidad real c/2. Hasta que lleguemos a la posición habitual de la Tierra habrán pasado dieciseis minutos, por lo que nuestro reloj señalará el tiempo T+16. Por su posición el del Sol marca, forzosamente, ocho minutos menos, o sea T+8.

En el referencial del observador es el Sol el que se ha acercado una distancia Sol-Tierra en un tiempo de 24 minutos. Por tanto la velocidad observada es c/3. De nuevo, a una velocidad real c/2 le ha correspondido una velocidad observable distinta c/3.

Hacemos un pequeño resumen para señalar que cuando la velocidad real de separación es c/2, si es el objeto el que se aleja del observador la velocidad observada es c/3, pero si es el observador quien se aleja del objeto la velocidad observada es c.

Y lo mismo ocurre cuando se acercan a una velocidad real c/2. Si es el objeto el que se acerca la velocidad observada es c, y si es el observador entonces la velocidad observada es c/3. Finalmente, en el caso general, en el que observador y objeto, se mueven, como ningún punto real, excepción hecha del que ocupa el observador, es accesible a éste, en sus coordenadas reales, el observable de dicho punto, en cada sistema, es único y distinto del observable en otro sistema, ya que los desdoblamientos espacio-temporales de cada uno son diferentes. Lo que hace que sean puntos en distinto lugar y época. No cabe relacionarlos con una transformación de coordenadas.

Impugnación del Principio de Relatividad de Newton

Estas simples consideraciones permiten impugnar el principio de Relatividad de Newton. Ya que es evidente que un cierto fenómeno como el desplazamiento del reloj a la velocidad c/2 se observa de distinta manera, si el observador va, o viene, y también si es el objeto el que va, o viene.

Por consiguiente, cualquier experimento sobre ese referencial inercial se observará de distinta manera, según venga, o vaya: En uno de esos casos, por ejemplo, la velocidad observable era doble de la real, pues bien, todos los fenómenos, que ocurran en el referencial del objeto real, se reproducirán a una velocidad doble en el observable. Lo que a su vez implica la existencia de gravitaciones, aceleraciones, temperaturas, etc. mayores que en el referencial del objeto real.

Supongamos, por ejemplo, la caída de un grave en el referencial que se aleja de nosotros a la velocidad c/2 . Y que el grave tarda un tiempo real de diez segundos en llegar al suelo. Pero como según nuestra observación la velocidad con que se aleja es c/3 tardará por tanto en llegar al suelo 15 segundos.

Si el referencial en el que experimentamos viene hacia nosotros, a la misma velocidad real c/2, y el tiempo real de caída es también 10 segundos, ahora observaremos que el tiempo de caída será la mitad del tiempo real, o sea, cinco segundos, ya que la velocidad a la que observamos el fenómeno es doble de la real.

En otras palabras, la gravitación observada varía, según venga o vaya el referencial donde se experimenta. Y, en definitiva, el fenómeno observado es distinto en ambos casos y distinto al valor real. Si el referencial, que se mueve, es el del observador, llegamos a análogas consecuencias. Lo que implica la falsedad del Principio de Relatividad de Newton.

Queda así probado que el observable es distinto de cómo "era" el real, cuando este pasó por el punto en el que ahora vemos al observable.

Muchos de los fenómenos que nos relatan los astrofísicos sobre violentas explosiones, variaciones de magnitud y temperatura de algunas estrellas, galaxias, QSOs, etc. no son otra cosa que narraciones sobre el objeto observable. Lo que se nos muestra en unas pocas horas, o incluso segundos, ocupó en el objeto real miles de años, y, naturalmente, todo fue más pacífico que lo que contemplamos ahora. Se puede añadir que aquella parte del universo que se observa con un redshift menor que uno, el observable es más pacífico que el real, en cambio para valores superiores es mucho más violento. Estos últimos se observan en tiempo invertido, de modo que un día reproducirán, y nos harán visible, el big bang.

Finalmente, si el principio de Newton es falso, con mayor razón el de Einstein que se apoya literalmente en aquel.

¿Existe un espacio y tiempo absolutos?

Hemos hecho hincapié en que las velocidades observadas son distintas según sea el objeto, o el observador, quien se acerque o se aleje, porque ello nos permite obtener otras conclusiones importantes.

En el caso general de alejamiento, como observador y objeto se mueven, parte del mismo se deberá al alejamiento del objeto y parte al del observador. Como no sabemos que cantidad de velocidad debemos atribuir a uno o a otro, podremos descomponer la velocidad de alejamiento observada en infinitos pares de valores, un sumando correspondiente al alejamiento del objeto y otro al del observador. Por otra parte, hemos visto que al convertir estas velocidades observables en las correspondientes reales, las formulas son distintas para cada uno de los sumandos, en consecuencia, obtendremos tantos valores de velocidad real como descomposiciones hagamos del total de la velocidad observada.

En resumen, a un valor de velocidad observable pueden corresponder infinitos valores de velocidad real. Lo que quiere decir que es imposible calcular el valor real a partir de la observación que hagamos con un espectómetro. A no ser que introduzcamos alguna hipótesis adicional. La más común es que la Tierra, donde está nuestro observatorio está en reposo. Lo cual también sabemos que es una hipótesis falsa.

Fenómeno que denomino Principio de Imposibilidad. Y que puede enunciarse diciendo: Si no existen datos adicionales, es imposible calcular la velocidad real con la simple medición de una velocidad observable.

Pero de todos esos valores posibles de velocidad real, sólo uno es cierto. Lo cual implica que de todas las descomposiciones posibles de la velocidad observable, sólo una es la que se lleva a cabo.

Y esto a su vez implica que exista un espacio absoluto y que respecto de ese espacio cualquier referencial se mueve a una velocidad única. Lo que constituye el Principio de Absolutidad.

Por idéntico razonamiento, cuando medimos la información del tiempo transcurrido en un fenómeno observable no sabemos qué cantidad de ese tiempo viene afectado por el movimiento de nuestro referencial y cual por el movimiento del objeto observado. De modo que según la descomposición que se haga del tiempo observable total tendremos una medida diferente de tiempo real.(Ver apéndice). Mas, como el tiempo real es uno, forzosamente, debe existir un tiempo absoluto, que es el que corresponderá a los desplazamientos de los dos referenciales respecto del espacio absoluto.

Si a estos argumentos añadimos las discrepancias con la teoría que se presentan en las experimentaciones llevadas a cabo, como el experimento de Fizeau (14%), el de Zeeman (rechazable por selección arbitraria de los resultados), el de Montilla (100%), y en observaciones como el adelanto del perihelio de Mercurio (87%), etc. podemos concluir que la teoría de la Relatividad restringida es falsa.

Apéndice

La formulación que relaciona la velocidad y el tiempo observables, con los del objeto real cuando ambos pasan por el mismo punto es tan simple que la propongo a continuación. Para ello distingo los cuatro casos enunciados en el texto anteriormente: primero, el objeto se acerca, o aleja, del observador; y segundo, el observador se acerca, o se aleja del objeto.

1. El observador está fijo y el objeto se acerca.

O A

El objeto real viene desde el punto A hacia el observador O y tarda un tiempo real T en realizar el trayecto AO T = AO/V (V velocidad real)

El observador se entera que A viene después de transcurrido un tiempo t´ = AO/c y a partir de entonces recorre AO en un tiempo observable t

t = AO/ v , (v velocidad observable), de modo que T = t´ + t (I)

Y si queremos conocer la relación entre velocidad real y observable, sustituimos los valores de t en la relación (I): AO/V = AO/c + AO/v que queda v = cV /(c-V ) (II)

2. El observador está fijo y el objeto se aleja.

O C A

El objeto real va desde O a A en un tiempo real T

En ese instante el observador ve el objeto en C y podemos escribir OA = VT OC= v T

mientras que CA es el espacio que el objeto real tarda en recorrer a la velocidad real, durante el tiempo que la información recorre la distancia OC:

OC/c = CA/V

Y como OA = OC + CA sustituyendo queda

V T = v T + v T .V /c

v = cV /(c+V) (III)

3. El objeto está fijo y el observador se acerca.

O A

El observador va de O a A en un tiempo real T de modo que OA = V T

En cuanto al tiempo observable t = T + t´ en la que t´ es el tiempo que el reloj de A se adelanta para el observador al acercarse a A : t´ = OA/c de modo que

OA/v = OA/V + OA/c en consecuencia

v = cV /(c+V ) (IV)

4. El objeto está fijo y el observador se aleja.

O A

El observador ha recorrido OA en un tiempo real T de modo que OA = V T

En cuanto al tiempo observable t ahora hay que restarle el retraso que se observa en el reloj situado en A al alejarse:

t = T - t´ o sea

OA/v = OA/V - OA/c de donde

v = cV /(c-V ) (V)

Valores del tiempo observable en función del real en los casos anteriores.

En cuanto a las relaciones del tiempo observable con el real, fácilmente deducibles son las siguientes:

Observador fijo - objeto se acerca : t = (c-V ).T /c

" " " aleja : t = (c+V ).T /c

Objeto fijo - observador se acerca : t = (c+V ).T /c

" " " aleja : t = (c-V ).T /c

Autor: Jesús Mª Munárriz, Fax (91) 597 36 97

astedays@infonegocio.com

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