10/20/2009

HOY 65 AÑOS DE LA REVOLUCIÓN DEL 20 DE OCTUBRE DE 1944

Posted by Edwin Yanes on martes, octubre 20, 2009 | No comments
En 1944, estudiantes universitarios ayudaron a derrocar al general Jorge Ubico Castañeda, el último de una serie de dictadores "liberales" que habían gobernado Guatemala desde 1871. La Revolución de Octubre y, diez años después, la Contrarrevolución, establecieron el escenario político hasta nuestros días.

No sólo en 1944, sino durante todo este siglo, los universitarios han jugado un importante papel en la oposición organizada en Guatemala. Por consiguiente, han sido blanco de la represión estatal. En 1900, por ejemplo, Salvador Mendieta, presidente de la asociación "El Derecho" en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales, fue encarcelado y forzado al exilio por el gobierno de Manuel Estrada Cabrera, en un intento de desarticular esta primera agrupación estudiantil de la época moderna. Durante los 22 años de la tiranía de Estrada Cabrera (de 1898 a 1920), el servilismo fue tal que la Universidad de San Carlos pasó a llamarse "Universidad Nacional Estrada Cabrera" (Azmitia Jiménez 1976: 257-60).

Sin embargo, en 1920 la Universidad tomó el liderazgo al organizar protestas contra este dictador. Los estudiantes disfrazaron su movimiento bajo la bandera del Partido Unionista que buscaba la integración centroamericana (una de las pocas tendencias permitidas en el debate político de este tiempo). Tras violentas jornadas, las fuerzas populares lograron derrocar al dictador. Poco después, el 22 de mayo de 1920, los victoriosos estudiantes establecieron la Asociación de Estudiantes Universitarios (AEU), la cual llegó a ser la representación oficial de las diversas facultades de la Universidad y una de las más importantes organizaciones políticas a nivel nacional.

Después de la caída de Estrada Cabrera, los gobiernos liberales continuaron en el poder, así como la protesta estudiantil. En 1923, por ejemplo, durante nuevas protestas, el gobierno clausuró por decreto la Universidad. Cuando el general Jorge Ubico ascendió en 1931, el poder se concentró aún más en el Ejecutivo. Dado sus esfuerzos para limitar la libertad de expresión, Ubico mantuvo siempre una presión específica hacia las capas medias profesionales concentradas en la Universidad. Disolvió la AEU y otras organizaciones estudiantiles, y él mismo nombró todas las autoridades universitarias, creando así una administración ineficaz y corrompida que respondió sólo a él (García Añoveros 1978: 135).

Durante la Segunda Guerra Mundial, la lucha antifascista impuesta por Estados Unidos en las Américas obligó a Ubico conceder una apertura política en Guatemala. Confiado en su popularidad, Ubico accedió. Permitió el restablecimiento de varias asociaciones estudiantiles y autorizó de nuevo el funcionamiento de la AEU. Tras años de asedio a la organización política y al sistema educativo, estos cambios incentivaron a las fuerzas opositoras. No obstante, la dictadura impedía cualquier tipo de organización independiente. Fue así como las aulas universitarias se convirtieron en un espacio para las deliberaciones y encuentros de una creciente oposición política.

De tal cuenta, en 1942 los "Escuilaches" (un grupo de estudiantes en el que participaron Manuel Galich, Mario Méndez Montenegro y Alfonso Bauer Paiz, entre otros) elaboró un documento que proponía derribar a Ubico, usando la Universidad como la base de oposición. En junio de 1944, algunos grupos estudiantiles empezaron a manifestarse públicamente a favor de la autonomía universitaria. La autonomía no fue la última meta de los manifestantes, sino que pedirla fue una forma más segura de organizar la oposición al dictador. Estas protestas estudiantiles fueron la chispa que prendió el fuego a lo que meses más tarde sería la Revolución de Octubre (ibid.).

Durante estas jornadas, miembros de la Asociación de Estudiantes "El Derecho" presentaron una serie de peticiones en las que exigían que Ubico, en un plazo de 24 horas, removiera a varios burócratas de sus cargos y estableciera la libertad de expresión en la Universidad. Ubico respondió como se esperaba: con prepotencia y autoritarismo. Reprimió una manifestación frente al Palacio Nacional. Luego, suspendió las garantías constitucionales y se dio a la tarea de perseguir a los dirigentes de la oposición, algunos de los cuales salieron al exilio.

Sin saberlo, Ubico caía en la trampa de los estudiantes. Las protestas se generalizaron en las ciudades, principalmente en la capital y Quetzaltenango. Con este clima de protestas, los opositores agregaron otra demanda: la renuncia de Ubico (op cit.: 136).

Estudiantes, maestros y obreros salieron a las calles, creando una nueva modalidad de lucha cívica en Guatemala: manifestaciones públicas que contaron con la participación popular masiva. El 25 de junio 1944 el ejército y la Policía Nacional tomaron medidas represivas frente a una manifestación de mujeres, con un saldo de varias manifestantes heridas y por lo menos una muerte, la maestra de primaria María Chinchilla.

Esto no detuvo al pueblo y fue Ubico quien debió replegarse. El 1 de julio el general aceptó una petición formal de renuncia firmada por 44 ciudadanos notables. Ubico dejó en el poder al también general Federico Ponce Vaides, entre otros militares, lo que le valió a ese gobierno ser llamado "un ubiquismo sin Ubico".

El descontento popular continuó. Frente al gobierno de Ponce, los estudiantes mantuvieron su demanda de autonomía universitaria. Tomando su ejemplo, numerosas organizaciones políticas, cívicas, obreras y hasta empresariales expresaron cada una sus peticiones. Fue una dramática expresión del nacimiento de la sociedad civil guatemalteca, dirigida por universitarios.

El gobierno respondió con una serie de atentados contra la prensa y los dirigentes de las protestas. Finalmente, el 20 de octubre de 1944 una alianza entre obreros, estudiantes y militares descontentos derrocó, por medio de las armas, a Ponce y sus aliados, dando inicio a los "diez años de primavera" en Guatemala.

Para gobernar se conformó una Junta Revolucionaria. Esta, en uno de sus primeros decretos, legalizó la autonomía universitaria, el 1 de diciembre de 1944 (véase Recuadro I). Según el Decreto 12-44, convertiría la Universidad de "una mera fábrica de profesionistas" a un centro de libre investigación que podría confrontar los problemas nacionales y difundir la cultura democrática (Cazali Avila 1976: 51).

Durante los diez años que duró la Revolución, la política oficial favoreció al sector educativo, aún más cuando se eligió como primer Presidente de la Revolución al maestro y doctor en ciencias de la pedagogía Juan José Arévalo Bermejo. El gobierno invirtió muchos de sus recursos en escuelas públicas, con el afán de crear un sistema de educación popular que pudiera ser la base de la modernización capitalista y el desarrollo de la economía interna. Por primera y última vez en Guatemala, el gobierno optó por no tratar de basar la economía nacional en la agroexportación, la cual era propiciada por los bajos salarios y la exclusión social.

En los institutos del nivel secundario, el gobierno canceló las cuotas estudiantiles impuestas por Ubico en 1932, de Q4.50 mensuales, cantidad sumamente restrictiva para la mayoría de los guatemaltecos en aquella época (cuando el quetzal tenía paridad con el dólar estadounidense). Tal medida permitió que, entre 1944 y 1954, la población escolar de nivel medio creciera en un 600 por ciento (González Orellana 1970).

Durante la época de dictaduras liberales la educación superior fue un privilegio para los grupos más acomodados del país. Con la Revolución de Octubre las puertas de la Universidad se abrieron, si no para todos, por lo menos para las capas medias y hasta para algunos representantes de la clase obrera. El estudiantado universitario creció de 711 alumnos en 1943 a 8,000 en 1954; para 1996, el total de inscritos era de 82,384 (Cazali Avila 1976: 56; García Añoveros 1978: 174; datos de USAC-Departamento de Registro y Estadística).

En el período de la Revolución, la Universidad mantuvo una importante influencia en la vida nacional. Por diez años los gobiernos y los universitarios trabajaron estrechamente. La Constitución de 1945 otorgó a la Universidad el derecho y la responsabilidad de estudiar los problemas nacionales, así como plantear soluciones a estos. Universitarios fueron quienes planificaron la formación del Instituto Guatemalteco de Seguridad Social (IGSS), la renovación del Código de Trabajo, la ampliación de la red de electrificación y la polémica reforma agraria, iniciada en 1952. La Facultad de Derecho ayudó a dirigir una reforma legislativa; la de Medicina, el mejoramiento del sistema de salud pública, y la Facultad de Humanidades, la reforma educativa (Carlos González Orellana, entrevista).

Un buen número de universitarios pasaron a ocupar cargos en la administración pública. Según un analista, esta migración de las aulas a los puestos del gobierno debilitó el carácter progresista de la Universidad, dejándola sin los elementos con más vocación de servicio y con marcado interés en la problemática nacional (Bauer Paiz 1968: 9).

Ya para 1950 los cambios en la Universidad y en el gobierno empezaron a molestar a la burguesía. Los nuevos estudiantes ya no eran "de corbata" ni del mismo estrato social que antes. Mientras que en 1944 la mayoría de sectores estaba de acuerdo con la Revolución, en 1950, cuando el coronel Jacobo Arbenz Guzmán asumió como segundo presidente de la Revolución, el programa del gobierno empezó a favorecer los intereses de los obreros y campesinos, en detrimento de las clases acomodadas.

En 1952, a fin de desarrollar el mercado interno y estructurar sobre esa base el arranque capitalista del país, el gobierno de Arbenz aprobó la Reforma Agraria. Esta reforma pretendía expropiar tierras nacionales, tierras baldías de las comunidades rurales y las propiedades ociosas del sector terrateniente (incluso bienes de poderosas empresas norteamericanas).

La Reforma Agraria afectó los intereses de los grandes propietarios, y dieron pie a la ideología del "anticomunismo", impulsada por el gobierno de Estados Unidos. En Guatemala, el anticomunismo fue casi una religión, "una doctrina confusa que rechazaba todo lo que era contrario a las fuerzas capitalistas", y "a la civilización cristiana occidental" (García Añoveros 1976: 137).

El gobierno de Arbenz, a pesar de aspirar a un tipo de desarrollo capitalista y nacionalista, fue tachado de comunista y vendepatria por la derecha política en Guatemala y por el gobierno norteamericano. De hecho, el Partido Guatemalteco de Trabajo (PGT), partido comunista fundado en 1949, participó en el gobierno de Arbenz. Aunque sus miembros no pasaban de ser una minoría, tenían cada vez mayor influencia sobre la política del Presidente (Gleisjeses 1991: 182).

En 1952, la Universidad, como la sociedad en general, estaba polarizándose. Se formaron dos organizaciones estudiantiles: por un lado estaba el Frente Universitario Democrático (FUD), formado por partidarios de Arbenz y de la Reforma Agraria. Por el otro, se encontraba el Comité de Estudiantes Universitarios Anticomunistas (CEUA) integrado por elementos contrarios a Arbenz, muchos de ellos pertenecientes a las clases sociales afectadas por la Revolución o familias que arriesgaron la vida en el derrocamiento de Ubico, pero que el Estado no les concedió ningún privilegio (García Añoveros 1978: 159).

Los dirigentes del FUD anhelaban que la Universidad se aliara a las luchas de los campesinos y obreros del país. En el primer ejemplar del órgano de comunicación del Frente, Nuestra Lucha, fueron presentados los primeros planteamientos para convertir el Alma Máter en una universidad que favoreciera los intereses populares. La siguiente declaración es una ilustración de la emergente conciencia radical en la Universidad:

No considera a la universidad como un centro de estudiantes profesionales cuyos egresados tienen que convertirse insoslayablemente en parásitos sociales aumentando injusticia y predominios, sino al contrario, como fuente de juventudes preparadas, directoras, dedicadas a toda energía, entusiasmo y desinterés, a cruzadas de beneficio colectivo, ya sea en la medicina, la ingeniería, la educación o en cualquier rama de la sabiduría humana. Es ya imposible e ingrato para con la Patria pensar en la universidad, que concede únicamente borlas y títulos, y en el universitario de torre de marfil alejado de realidades y necesidades y, por lo tanto, incapaz de llevar a cabo una positiva labor. El Estado, el pueblo, ha trabajado para sostener la universidad y el pueblo necesita que la universidad—profesorado y estudiantado—trabajen para él, para orientarlo, para sacarlo del estado de atraso en que se encuentra.

...antes que dedicarse a cosas de menor importancia, no deben olvidar el espectáculo impresionante de los millares de niños hambrientos, sucios y desamparados que viven en los barrios de nuestras ciudades; de la ignorancia, fanatismo y superstición que decoran a nuestro pueblo y lo hacen sumamente débil en lo espiritual; en las enfermedades que lo minan y de los guatemaltecos que mueren por falta de ayuda y asistencia; de la pobreza, de la miseria, de todo lo que aflige, que angustia y destruye y sobre lo cual nunca se podrán levantar las bases de una nacionalidad feliz, fuerte y dispuesta a defender la soberanía, derechos y conquistas (Nuestra Lucha, 1; tomado de García Añoveros 1978: 156-57).

El editorial expresa cómo la Universidad nacional podría convertirse en la vanguardia del desarrollo de Guatemala. En los últimos años de la Revolución, esta perspectiva acrecentaba dentro del estudiantado. En septiembre de 1953, el FUD tomó el control de la AEU y el movimiento estudiantil restableció su presencia nacional. Sin embargo, el auge político de las fuerzas progresistas estaba por terminar.

Para 1954, ante la agresión norteamericana, las fuerzas pro gubernamentales de la Universidad tuvieron que dedicarse a la defensa de la misma Revolución y la soberanía nacional, descuidando los asuntos internos de la Universidad. Sin embargo, la corriente progresista fue establecida. Los intentos para transformar la San Carlos en una universidad aliada con el movimiento popular deberían esperar hasta los años 70, cuando cobraron nueva fuerza.

Mientras tanto, los del CEUA vieron en el partido comunista un chivo expiatorio para los problemas que tenía el país, según ellos: la creciente deuda pública, y aún peor, la agudización del espíritu de lucha de clases (García Añoveros 1978: 159).

En 1953, estudiantes que pertenecían al CEUA fueron acusados de participar en atentados contra el gobierno progresista, sobre todo la destrucción de una torre eléctrica en Salamá, Baja Verapaz. Esta organización fue reprimida y varios estudiantes se marcharon al exilio. Algunos de sus dirigentes estudiantiles se refugiaron en Honduras y constituyeron el núcleo central del programa contrarrevolucionario, orquestado en 1954 por la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés).

Durante los preparativos para la contrarrevolucion de 1954, la CIA utilizó al CEUA para hacer creer que existía una fuerte oposición al gobierno de Arbenz. Estos estudiantes fueron entrenados por los norteamericanos en métodos de propaganda, como pintar consignas antigubernamentales, repartir volantes e, incluso, fueron los encargados de distribuir artículos de prensa, falsos, que habían sido escritos por los especialistas en guerra sicológica de la CIA (Cullather 1994; Doyle 1997).

Algunos de los estudiantes que colaboraban con la CIA fueron detenidos por el gobierno de Arbenz. Por ejemplo, en 1953, el boletín del CEUA denunció la tortura de Mario Sandoval Alarcón, estudiante de Derecho de la Universidad de San Carlos, quien fue detenido durante ocho meses después del intento contra el gobierno realizado en Salamá (García Añoveros 1978: 162).2

El caso de Sandoval Alarcón y los exiliados estudiantes “anticomunistas” muestra que en la Universidad de San Carlos no sólo se han sustentado posiciones políticas e ideológicas progresistas, sino ha sido un espacio para el desarrollo de posturas radicales de cualquier índole, incluso de algunos grupos reaccionarios y violentos.

"Orgullosamente San Carlista siempre en busca de la justicia" Yanes

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