9/22/2010

MAX SCHELER

Posted by Edwin Yanes on miércoles, septiembre 22, 2010 in , | No comments
Nació en Munich en 1874. Su madre era judía. Su padre, alemán, se convirtió al judaísmo al contraer matrimonio. Max se bautizó como católico en el secundario. Estudió en las universidades de Berlín, Heidelberg y Jena, obteniendo el grado de Doctor en 1897. En su formación se vio influido por el pensamiento de Dilthey (vitalismo historicista), Nietzsche (vitalismo irracional) y Eucken (vitalismo espiritualista). Pero la figura decisiva en su formación fue su maestro, Husserl, con quien trabajó en Göttingen entre los años 1909 y 1913. De Husserl tomó Scheler la pasión por salir al encuentro de "las cosas mismas" y el método para hacerlo, la descripción fenomenológica. Scheler aplicó el método a áreas todavía no exploradas por los fenomenólogos como la vida ética, la vida emocional (sentimientos de simpatía, amor y odio), la religión, etc.
Si bien estuvo durante muchos años alejado de la Iglesia, en 1916 volvió públicamente a ella. En 1919 fue convocado para asumir la Cátedra de Filosofía de la Universidad de Colonia. En 1921 se enamoró de una de sus alumnas y pidió que la Iglesia declarara nulo su matrimonio. La Iglesia se lo denegó y él se casó con su alumna por civil. A partir de allí comenzó a alejarse del catolicismo e incluso del teísmo y evolucionó hacia una concepción panteísta y evolucionista. En 1928, mientras dejaba Colonia para tomar una cátedra en Frankfurt, un ataque cardíaco terminó con su vida. Entre sus obras se destacan: Esencia y forma de la simpatía, El formalismo en la Ética y la ética material de los valores, De la revolución de los valores, De lo eterno en el hombre, Escritos sobre Sociología y Teoría de la Cosmovisión, Las formas del saber y la formación, Las formas del saber y la sociedad, El lugar del hombre en el Cosmos.

De los distintos temas que abordó en sus obras la mayor trascendencia la ha adquirido su reflexión sobre los valores ("axiología"). Husserl había puesto énfasis en la intencionalidad de la conciencia. La conciencia es siempre conciencia de algo. Pero en la práctica, se había limitado a reflexionar sobre los objetos intencionales de la razón (las ideas). Scheler reflexionó sobre la intencionalidad de las emociones y sus objeto intencionales (los valores). Hay un cosmos objetivo de valores al que sólo se puede acceder por la intuición emocional. La razón es ciega para el valor. Scheler s opone firmemente a la pretensión nietzscheana de crear valores. Los valores son siempre los mismos, no cambian. Lo que cambia es nuestra percepción de ellos. Cada época, cada cultura, descubre distintos valores e ignora otros. Los valores se encuentran ordenados jerárquicamente.
Primero están los de carácter religioso (sagrado /profano), luego los espirituales (bello /feo, justo /injusto, verdadero/erróneo), luego los valores de la afectividad vital (bienestar/malestar, noble /innoble) y por último los valores de la afectividad sensible (agradable /desagradable, útil /dañino). De lo que se trata es de vivir en armonía. No hay que optar por unos valores y renunciar a otros. Para ello hay que vivir los valores inferiores de un modo tal que se encuentren ordenados a los superiores. De esta manera, cada vez que obremos bien en lo más simple y cotidiano estaremos alabando a Dios, ya que los valores religiosos se encuentran en la cúspide de la pirámide.

Scheler intentó superar así el dualismo y la ruptura generados por la falsa opción entre vitalismo y racionalismo. Durante toda su vida estudió al hombre en sus múltiples manifestaciones fenomenológicas, intentando reiteradamente llegar a una caracterización definitiva de la persona sin lograrlo del todo. Scheller considera a la persona como en sí misma inobjetivable, colocada por encima de toda referencia a coordenadas espacio-temporales y, por ello, imposible de ser conocida de manera adecuada, en su misma esencia. La forma concreta en que existe el espíritu en el hombre es la persona: Persona y espíritu son para él equivalentes, en tanto que la primera es el modo concreto y real de existencia del segundo. Así, denomina persona al “centro activo en que el espíritu se manifiesta dentro de las esferas del ser finito”. Al parecer, pretende con esta afirmación superar el vitalismo biologicista, reduciendo la persona al espíritu, presentado a su vez como un conjunto de actos. Una descripción más explícita, en este sentido, del concepto de persona es “...la concreta y esencial unidad entitativa de actos de esencia diversa que, en sí, antecede y fundamenta a todas las diferencias esenciales de actos”. Estas reflexiones le llevaron a elaborar una Filosofía de la Persona, para la cual acuñó el término de “Antropología Filosófica”, que aún mantiene y por el cual se le conoce.

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