12/22/2010

ONTOLOGIA Y CIENCIA

Posted by Edwin Yanes on miércoles, diciembre 22, 2010 in , , , | No comments
INTRODUCCIÓN

La ontología ha sido caracterizada como la disciplina filosófica que se ocupa de estudiar los rasgos más generales del ser y el devenir. Le pertenecen pues los conceptos de ser o ente, propiedad, cambio, novedad, tiempo, espacio, azar, causalidad, ley e historia así como los más específicos de sistema físico, químico, viviente, social y técnico. Es tarea de la ontología aclarar tales conceptos ontológicos, formular hipótesis que los contengan y sistematizar dichas hipótesis, esto es, construir teorías ontológicas. Por ejemplo, teorías acerca de la asociación de cosas cualesquiera, de las propiedades de las cosas, de la posibilidad real, del cambio en general, de la emergencia de la novedad, del espacio y del tiempo, de los organismos en general, del psiquismo de las sociedades humanas en general, de la historia humana, etcétera.
La ontología, o metafísica, o cosmología general, cayó en descrédito en cuanto nació la ciencia moderna y se la considera muerta desde Kant. Se le negó el derecho a la existencia por pretender competir con la ciencia sin usar sus métodos, llegando así a conclusiones ridículas acerca de la realidad. Es cierto que hubo ontólogos después de Kant y algunos de ellos de importancia, tales como Hegel, Lotze, Peirce, Hartmann, Alexander, Russell, Whitehead, Lesniewski, Lewis, Scholz, Goodman y algunos más. Pero la atención de los filósofos estaba acaparada principalmente por la lógica, la gnoseología y la ética. Muy pocos filósofos se han interesado en nuestro siglo por cuestiones generales acerca del ser y el devenir. Y cuantos trabajaron estos campos estuvieron reñidos, sea con la ciencia formal, sea con la ciencia fáctica, sea con ambas: los poquísimos ontólogos exactos entre ellos, produjeron sistemas no científicos.

La situación ha cambiado radicalmente en las dos últimas décadas: existe ahora un interés creciente por la ontología o metafísica. Este renacimiento se advierte no solo en los medios filosóficos sino también en los científicos y tecnológicos. En efecto, hoy día se encuentran disquisiciones ontológicas en los siguientes sectores: a) en la filosofía de la ciencia, antes concebida como rama de la gnoseología; b) en la fundamentación axiomática de las teorías científicas básicas, donde se nota la necesidad de teorizar acerca de los conceptos de sistema, acontecimiento, tiempo y otros; y c) en la tecnología que ha producido teorías extremadamente generales al par que exactas, tales como las teorías de los autómatas (y en general de las máquinas), de las redes (de cualquier naturaleza), de los sistemas de control (realizados con materiales cualesquiera), etcétera.

Además de estas contribuciones, surgidas en campos tradicionalmente ajenos a la ontología, están por supuesto las de los filósofos puros, y en primer lugar las de quienes se esfuerzan por hacer de la ontología una disciplina exacta, o sea, que emplea los recursos de la lógica formal, de la semántica formal, del álgebra abstracta, del cálculo de probabilidades y otras ramas de la ciencia formal. Y, dentro de esta orientación ontológica –o sea, la metafísica exacta- se advierte otra, de mayor interés para la ciencia pura y aplicada, ya que consiste en analizar y sistematizar las ideas ontológicas que figuran en la ciencia y en la tecnología, o al menos que desempeñan un papel heurístico en ellas o bien que se presentan en la fundamentación axiomática de ciertas teorías fundamentales. Esta última dirección puede denominarse ontología científica. Las publicaciones siguientes constituyen una muestra, al azar, de la nueva ontología: Bunge (1973), Montague (1974), Munitz, compilador (1971, 1973), y Suppes (1974). Aunque de orientaciones muy diversas, estos filósofos se interesan por problemas metafísicos -viejos los unos, otros recientes- y se esfuerzan por tratarlos de manera exacta.

La expresión “ontología científica”, que acabamos de emplear, chocará tanto a los metafísicos de corte tradicional, ansiosos por conservar la libertad especulativa, como a los pensadores de orientación científica, desconfiados de la especulación pura y a menudo oscura. No obstante, se verá luego que la ontología y la ciencia, lejos de estar desunidas, están unidas. En efecto, argüiré en esta ponencia a favor de las tesis siguientes:

1) La ciencia y la tecnología avanzada tienen su propia metafísica u ontología: la ontología de la ciencia.

2) La ontología puede inspirarse en la ciencia fáctica y utilizar explícitamente herramientas matemáticas en la construcción de teorías acerca de la realidad, constituyéndose así en la ciencia de la ontología.

El que la investigación científica hace uso más o menos tácito de hipótesis metafísicas no es difícil de establecer. Baste pensar en las siguientes: “El espacio y el tiempo no son objetos conceptuales y a priori, sino la estructura fundamental del mundo material o físico”, “El azar es un modo de ser y devenir, no un mero disfraz de nuestra ignorancia”, “Las apariencias no son sino la superficie de la realidad” y “Todo acontecimiento consiste en el cambio de algún ente: no hay acontecimientos en sí, independientes de los objetos materiales”. Estas y otras hipótesis metafísicas intervienen de alguna manera en la investigación científica. Siendo así, es deber del filósofo el ponerlas de manifiesto, sistematizarlas y evaluarlas, constituyendo así la ontología de la ciencia como nueva rama de la filosofía de la ciencia, complementaria de la lógica, la semántica, la gnoseología y la ética de la ciencia.

En cuanto a la ciencia de la ontología, consiste en un conjunto de teorías muy generales, tanto que pueden utilizarse en diversas ciencias especiales. Piénsese, por ejemplo, en una teoría general del espacio-tiempo, que responda a la pregunta metafísica acerca de qué son (no simplemente cómo son) espacio y tiempo, en particular cómo están relacionados con el ser y el devenir. Semejante teoría, para merecer el epíteto de científica, deberá ser formulada en términos matemáticos precisos, aunque desde luego no deberá contener ninguna especificación de la métrica, asunto este de competencia de la física. (Presumiblemente los conceptos fundamentales de semejante geometría metafísica, o protogeometría, serían los genéricos de cosa y acontecimiento, y los más específicos de separación entre dos cosas o entre dos acontecimientos). Finalmente, la protogeometría deberá ser compatible con las teorías científicas del día, en particular la teoría general de la relatividad; y , por ser científica, deberá ser enteramente objetiva, de modo que no deberá contener el concepto de sujeto (o de observador), aunque sí deberá contener el de sistema (físico) de referencia. Las mismas condiciones generales deberán regir a las demás teorías ontológicas: deberán ser exactas (o sea, deberán ser matemáticamente correctas) y deberán ser compatibles con la ciencia fáctica contemporánea y, en lo posible, vecinas a esta. Por este último motivo no interesará lanzarse a la aventura imposible de construir una ontología perennis. Sistematicidad y amplitud, sí; rigidez y apriorismo, no.

Introducción del artículo “Ontología y Ciencia” de Mario Bunge, publicado en Anuario de filosofía. Año XXI, N° 21, UNAM, México D.F., 1975, pp.27-39.

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