1/13/2011

LA MALDICION DEL CARTESIANISMO

Posted by Edwin Yanes on jueves, enero 13, 2011 in , , | No comments
INTRODUCCIÓN. La maldición del cartesianismo

René Descartes, el Padre de la Filosofía Moderna, uno de los mayores genios matemáticos que han existido, puso los cimientos de la preponderancia de la razón tanto en la ciencia como en los asuntos humanos. Desacralizó la naturaleza y colocó al ser humano como individuo por encima de la Iglesia y del Estado. Sin el individualismo cartesiano no tendríamos democracia. Sin el método analítico cartesiano, que descompone las cosas materiales en sus elementos primarios, nunca habríamos desarrollado la bomba atómico. El ascenso de la ciencia moderna en el siglo XVII, la Ilustración en el siglo XVIII, la revolución industrial en el siglo XIX, el ordenador personal en el siglo XX y el descifre del cerebro en el siglo XXI, todo ello son logros del cartesianismo. El mundo moderno es cartesiano hasta la médula, pues la razón deductiva no sólo guía y controla nuestra ciencia, tecnología y acción práctica, sino también la mayoría de nuestras decisiones morales.La objetividad prevalece sobre la subjetividad, que cae en desuso. Descartes triunfó precisamente porque su método (tratar todos los objetos naturales como máquinas, cuerpos humanos incluidos) funciona. Prometió que su método nos permitiría ser dueños y señores de la naturaleza, y cumplió su promesa.

Descartes se lanzó en pos de la certidumbre en el conocimiento e inició esta búsqueda en sus Meditaciones metafísicas (1641), clasificando el conocimiento en tres categorías, según tuviera su origen en la autoridad, la experiencia sensorial o la razón. Más tarde, explicaría cómo dudar de cada tipo de conocimiento. El principio general era que no debemos confiar en ninguna fuente que nos haya engañado o desorientado siquiera una sola vez.

Dudar de la autoridad

Ante todo, Descartes señalaba que podemos dudar de cualquier conocimiento que se origine en la autoridad; puesto que los expertos difieren en sus juicios, no existe manera cierta de optar entre ellos. Un ejemplo ilustrativo de este problema lo hallamos en los inicios de la Revolución protestante, cuando los católicos opinaban que era imposible discernir si Lutero y Calvino estaban locos (como cabría sospechar de alguien que cree estar en contacto con Dios). Por otra parte, los católicos podían conocer la verdad, porque el papa era infalible. ... De este modo, quedaba eliminada la autoridad... También nos muestra cómo dudar de una clase de autoridad muy influyente en la cristiandad occidental, esto es, la revelación. Quizá Dios reveló ciertas verdades a los patriarcas bíblicos, como Moisés. Pero ¿cómo sabían que era Dios? Y si era Dios, ¿ellos entendieron? Y si entendieron, ¿lo supieron transmitir? Y si lo supieron transmitir, ¿cómo sabemos que nosotros entendemos? Y así sucesivamente.

Dudar de los conocimientos sensoriales.
Podemos equivocarnos, por ejemplo, en lo concerniente al color y al tamaño de las cosas, a causa de una iluminación deficiente, de nuestra pobre vista o de las ilusiones ópticas. O podemos ser presa de la ebriedad, la alucinación, el sueño o la locura.

Más aún, Descartes sostenía que todas nuestras sensaciones están dentro de la mente y que no poseemos experiencia directa del mundo externo. La gente cree ver, tocar, oír, saborear y oler cuerpos materiales de primera mano, pero no es así. En cambio, el mundo actúa sobre órganos sensoriales que envían mensajes al cerebro a través de los nervios. Por lo tanto, ciertos estados cerebrales (activaciones neuronales, en el lenguaje actual de la neurociencia) hacen que la mente tenga experiencias sensoriales de vista, tacto, sonido, gusto y olor, y conocemos el mundo por medio de estas representaciones sensoriales Así, pues, nuestra experiencia sensorial se limita a un círculo de imágenes mentales causadas por el mundo material. Creemos que éstas son semejantes a los cuerpos materiales, pero nunca podemos saber si el mundo material es como las experiencias sensibles que tenemos de él, porque nos resulta del todo imposible comparar estas experiencias mentales con el mundo en sí.

He aquí un enigma cartesiano para saber si el mundo es semejante a las sensaciones que tenemos de él, tendríamos que conocer el mundo en sí y así comparar nuestras sensaciones con los cuerpos materiales, pero como sólo podemos conocer el mundo de los cuerpos materiales por medio de las sensaciones que tenemos de él es ingenuo –sostenía Descartes- pensar que vemos las cosas del mundo externo tal como son; más aún, el mundo material no se parece en nada a nuestras experiencias sensoriales. Esto es evidente en el caso de las emociones, los sentimientos de dolor y demás. Los cuerpos pueden hacer que sintamos calor, por ejemplo, pero ellos no sienten calor en sí mismos, pues lo que ocurre es, tan sólo, que sus átomos se desplazan a gran velocidad. ¿Y qué hay del tamaño y la forma de los cuerpos? ¿No lo percibimos tal como son? He aquí algunos ejercicios para convencernos de que ni siquiera vemos bien las formas y tamaños.

Cuando sentimos un pinchazo en el dedo, el mensaje tarda un tiempo en llegar al cerebro a través de los nervios, y sólo entonces reparamos en el dolor; una sensación que puesto que se produce después del pinchazo, no puede ser semejante a éste. De hecho, lo que experimentamos es una sensación mental, no el alfiler pinchándonos el dedo. Un dolor nunca es similar a un pinchazo.

Dudar de la razón

La tercera fuente del conocimiento. NO es de fiar ni siquiera aunque seamos normales y estemos bien despiertos. Pues todos hemos llegado a conclusiones equivocadas mediante el razonamiento.

En un espectacular desenlace dubitativo, Descartes imaginó que un demonio falaz y todopoderoso llenaba nuestra mente con las sensaciones y pensamientos que tenemos en la vida, aunque no existía nada salvo nuestra mente, el demonio y las sensaciones e ideas que él inducía. Nuestra experiencia nos indica que tenemos un cuerpo y que existe un mundo repleto de personas y cosas. Pero, en realidad, según Descartes no hay mundo material ni nadie más salvo el demonio y nuestro engañado yo.... Y quizá el demonio sea Dios... (historia de Job, en el Antiguo Testamento, sugiere que Dios es un embaucador)...

Supongamos que no creemos en Dios. Supongamos que Dios no existe. Entonces, quizá la única cosa en el mundo sea nuestra propia mente, que causa el conjunto de experiencias que ahora tenemos. Esto se llama solipsismo, una especie de excursión en solitario que, de hecho, nos transformaría en Dios...

A poco que reflexionemos, pues, caemos en la cuenta de que no sabemos nada con certeza... Sin embargo, actuamos a partir de un conocimiento incierto. Hemos de hacerlo. El propio Descartes lo reconocía: si para hacer algo antes hubiéramos de estar del todo seguros de que es lo correcto, nunca haríamos nada. Dado que no sabemos nada con certeza, la acción práctica en este mundo exige que evaluemos las probabilidades. Pero ¿qué hacer cuando las probabilidades son similares? Descartes opinaba que debíamos escoger una al azar y atenernos a ella. A eso es a lo que denominamos racionalismo cartesiano.

Cabría pensar que podemos dudar de todo. Pero en lo más profundo de nuestra escéptica desesperación, resulta que sí existe algo que podemos saber con certeza...

Descartes afirmó en su “Discurso del método” (1637): “Pienso, luego existo.” Nadie que piense en ello puede poner en duda tal declaración. Es válida para Dios (si piensa: “Soy el que soy”) y también para el perro que piensa: “Ladro, luego existo” (si es que los perros piensan). Es verdadera toda vez que reparamos en que estamos haciendo algo. Quien camino o habla con conciencia de sí, o sólo piensa en caminar o hablar, o sólo sueño con caminar o hablar, existe... Esta certidumbre se origina en la experiencia directa, no en razones ni argumentos, así que en sus “Meditaciones metafísicas” (1641) Descartes desechó el “luego” para limitarse a aseverar: “Pienso, existo”. Es intuitiva y evidentemente cierto que mientras sé que hago algo, aunque sólo sea pensar, existo. Escribo estas palabras y, ¡abracadabra!, existo. Mi existencia queda confirmada por el mero intento de ponerla en duda.

Descartes señaló, además, que hay una segunda cosa que podemos saber con certeza: Que Dios existe. Descartes dio varias pruebas de la existencia de Dios. Una de las más elegantes reza así: Dios es perfecto; pero si Dios no existiera, no sería perfecto; luego existe. Por desgracia, estas pruebas carecen de validez, pues Descartes ya había demostrado que no podemos confiar en que el razonamiento nos proporcione una verdad cierta. El carácter dudoso del razonamiento, pues, conduce al insidioso círculo cartesiano. Hay que razonar para probar la existencia de Dios. Pero antes que podamos fiarnos de nuestra razón, tenemos que saber que Dios existe y garantiza que nuestra razón no nos engañe. El círculo fatal es que debemos confiar en nuestro razonamiento para probar que Dios existe, pero debemos saber que Dios existe antes que podamos confiar en nuestro razonamiento. Necesitamos “A” para probar “B”, pero también precisamos “B” para probar “A”, de manera que no vamos a ninguna parte y giramos sin cesar...

Lo mismo vale para la afirmación cartesiana de que la existencia de Dios no se conoce por la razón, sino por la intuición. Antes que podamos fiarnos de nuestra intuición, debemos saber que Dios existe y garantiza que nuestra intuición no nos engañe. En definitiva, sostenía Descartes, la creencia en la existencia de Dios debe reposar en la fe, y él se describía como un hombre de fe.... La cuestión de la certeza de la existencia de Dios es muy importante si nos preocupa la salvación del alma. En tal caso, es muy probable que queramos saber cuál de las miles de religiones es la verdadera...

Lo más irónico es que Descartes nunca tomó en serio el problema de la certidumbre. Nunca creyó que pudiéramos tener un conocimiento cierto del mundo circundante; es más, nunca se preocupó por ello. En cuanto a los engaños de Dios, sostenía que la hipótesis del demonio es metafísica e hiperbólica ... Para la existencia de Dios, tenemos la fe. Para los asuntos prácticos, siempre nos las hemos apañado con un conocimiento probable, y siempre lo haremos.

Usamos el razonamiento común, para el cual Descartes nos brindó un método que permite que cada individuo se las ingenie tanto como cualquier otro. Sólo hemos de partir del mejor conocimiento que poseemos, descomponer los problemas en partes y resolverlas en orden, esto es, de lo simple a lo complejo (como sumar una columna de cifras paso a paso). Luego, debemos revisar los pasos del razonamiento y verificar los resultados. Éste es también el fundamento del igualitarismo cartesiano. Usando este método, nuestra capacidad de razonamiento es tan buena como la de cualquiera... El método cartesiano de razonamiento analítico permite que la gente común sea dueña y señora de la naturaleza. Descartes facilitó el control, paso a paso.

Antes de Descartes, los filósofos escolásticos creían que todo tiene un espíritu o alma que posee deseos y el poder de buscar su satisfacción. Aristóteles aseguraba que todos los cuerpos sienten el impulso de moverse hacia el centro de la Tierra. Ésta es una visión panpsíquica según la cual todo tiene un alma que desea ser algo en alguna parte. Para controlar una cosa, intentamos averiguar cuáles son sus deseos y, luego, tratamos de manipularla mediante la frustración o la satisfacción de sus aspiraciones. O le hablamos con dulzura..

Sostenía creía que ello era un desatino. La persuasión no funciona con las cosas. Aunque sí, en cambio, con las personas.... Descartes concedía que las personas (y sólo las personas) tienen espíritu, alma o mente. Y sólo las personas con mente tienen deseos y pueden hacer cosas. Los cuerpos carecen de deseos y de poderes. Se mueven sólo porque sus engranajes interactúan, por así decirlo, cuando chocan unos con otros. Para controlarlos, sólo hay que saber hacia dónde empujar.

Esta nueva ciencia mecanicista de cuerpos desprovistos de alma que se desplazan sólo cuando se hace fuerza contra ellos desacralizó por completo a la naturaleza. Descartes desmitificó lo sobrenatural. Como los cuerpos no tienen alma, no son conscientes de sí, no sienten y no piensan. No hacen nada por sí mismos porque carecen de un yo. Sólo son empujados. Aun los cuerpos vivientes son máquinas, materia inerte, y, si no tuviésemos alma, nosotros mismos no seríamos personas, sino sólo carne y huesos. No hay nada especial, espiritual ni sagrado en el cuerpo. Con el cuerpo podemos hacer lo que queramos.

Descartes declaró que los animales son máquinas y que incluso el cuerpo humano lo es. Los humanos serían autómatas –como los demás animales-, ingenios vivientes que actúan de forma inconsciente por estímulo y respuesta, de no ser porque cada cuerpo humano está unido a un alma. Y sólo los animales humanos la tienen. Para Descartes, esta alma era la mente humana y lo consciente. El yo humano, la persona era la mente, no el cuerpo, puesto que la mente tiene libre albedrío, esto es, la capacidad para lograr que el cuerpo humano actúe de formas diversas al modo en que respondería sólo a los estímulos del entorno.... Según el pensamiento de Descartes, lo que nos hace humano es que podemos dirigir el movimiento de nuestro cuerpo, o al menos una parte, si prestamos atención. Descartes no sabía cómo funciona; nadie lo sabe. Pero funciona.

El concepto cartesiano de los animales como máquinas es, desde luego, el fundamento de la psicología conductista. Los animales no piensan, sólo actúan o, lo que es lo mismo, los impulsan otros cuerpos y, así, es por eso por lo que se desplazan. Podemos entenderlos y predecir sus movimientos con sólo observar su conducta. La tesis de que los animales son máquinas también dio gran impulso a la investigación anatómica y fisiológica. Como los animales no humanos carecen de mente y alma, no son conscientes. No se conocen a sí mismos porque no tienen yo y, por ende, no sienten ni experimentan dolores o placeres. En consecuencia, podemos abrir animales vivos para ver cómo funcionan sin preocuparnos por su sufrimiento.... El concepto cartesiano de que los animales carecen de sentimiento permitía que aun los timoratos llevasen a cabo la vivisección.

Aquí estamos, pues, en el mundo moderno, La física mecanicista de Descartes –depurada por Isaac Newton y Albert Einstein- es la clave del progreso en el mundo moderno.

Pero si la materia se limita a recibir impulsos externos, ¿cómo llegó a organizarse para formar el intrincado y complejo mundo actual? ¿Cómo se puso en movimiento, ante todo? Según Descartes, Dios introdujo cierta cantidad de movimiento en un mundo repleto de materia uniforme y luego la agitó hasta que se desarrollaron los cuerpos, todo mediante interacciones puramente mecanicistas. La cantidad de movimiento se conservó y el mundo evolucionó. Tenía que ser así, pues la materia podía combinarse de todas las maneras posibles y, con el tiempo, lo haría de forma inevitable. Blaise Pascal, contemporáneo de Descartes, observó, no sin cierta dosis de acritud, que el Dios de Descartes sólo era necesario como el dedo que imprimía movimiento a la materia. Para Pascal esto era prueba suficiente de que Descartes, a pesar de todo, era ateo.

Aunque Descartes tenía un enfoque atinado de la ciencia, sólo algunas de sus explicaciones acerca del funcionamiento de los cuerpos se aceptan en la actualidad. Su física de la colisión de los cuerpos yerra por completo el camino. Se equivocaba en cuanto a la conservación del movimiento (Leibniz y Newton dieron en el clavo: conservación de la energía, no del movimiento). Y su teoría de que todo el espacio está repleto de materia no se sostiene: si todo está lleno, ¿cómo puede algo moverse? Newton reemplazó el plenum cartesiano por cuerpos materiales que se mueven en un vasto espacio vacío.

Sin embargo, en anatomía y fisiología Descartes tuvo notables aciertos, no sólo con sus magníficos hallazgos en lo concerniente a oposiciones musculares y reflejos condicionados, sino con su triunfal método analítico. Gracias a Descartes diseccionar –viviseccionar- por partes anatómicas funcionales. Este método es uno de los pilares de la investigación médica contemporánea. Incluso el genoma humano se descompone en partes con miras a recomponerlo para mejorar el cuerpo humano. Descartes colaboró en la disección de Cadáveres en Ámsterdam hacia 1630, en un anfiteatro similar al que Rembrandt pintó en su famosa “Lección de anatomía del doctor Tulp”, obra de 1632.

Descartes matemático

En sus tiempos, sin embargo, Descartes era más conocido como matemático. Sus contemporáneos sabían que era uno de los tres o cuatro grandes genios matemáticos de su época. Su invento más importante es la geometría analítica, un modo de representar los problemas matemáticos tanto geométrica como algebraicamente. Invento las coordenadas cartesianas ... Usando esta técnica, podemos resolver problemas geométricos mediante el álgebra y problemas algebraicos mediante la geometría. Este método analítico llevó a Newton y a Leibniz al cálculo infinitesimal que todos los científicos e ingenieros tienen que conocer, porque constituye el fundamento tanto de la física matemática como de la tecnología moderna.

Éste es uno de los problemas básicos que se resuelven mediante el cálculo: las dos paradojas que Zenón de Elea formuló acerca del movimiento, basadas en la noción de que el espacio y el tiempo son infinitamente divisibles...

En la historia de la carrera entre Aquiles y la tortugas, si concedemos ventaja a esta última, Aquiles nunca la alcanza. La razón es que el héroe tiene que llegar al punto de partida de la tortuga antes de rebasarla. Pero en el tiempo que Aquiles tarda en llegar al punto de partida de la tortuga, ésta ya ha avanzado. Así que Aquiles debe alcanzar el sitio donde la tortuga está, pero cuando llegue, el animal habrá avanzado de nuevo. Y así ad infinitium. Por pequeña que sea la distancia, la tortuga siempre avanza durante el tiempo que Aquiles tarda en llegar a donde estaba la tortuga, así que Aquiles nunca puede darla alcance y adelantarla.

Hay otra paradoja que presenta el problema a la inversa. Supongamos que disparamos una flecha contra una diana. Antes de hacer blanco, tiene que superar la mitad del trayecto, lo cual demora cierta cantidad de tiempo. Pero antes de llegar a la mitad del trayecto, ha de llegar a la cuarta parte, lo cual también requiere cierto tiempo. Y antes, debe recorrer una octava parte, y así ad infinitum. La cuestión es, pues, que esa flecha no puede llegar a la diana. Ni siquiera puede iniciar su recorrido.

Esto es absurdo, pues los hombres son capaces de vencer a las tortugas en una carrera y las flechas hacen diana en infinidad de ocasiones. Estas paradojas sólo muestran la imposibilidad de usar una matemática basada en la divisibilidad infinita para representar la física de los cuerpos móviles. Partiendo de la geometría analítica de Descartes, Leibniz y Newton demostraron que sólo debemos introducir límites a la divisibilidad: dividimos el tiempo y los movimientos en incrementos pequeños y, entonces, tanto Aquiles como la flecha se ponen en movimiento –clic, clic, clic- como el segundero del reloj...

Descartes abordó la tarea de deducir el funcionamiento de las cosas: cómo están ensambladas, qué sigue a qué, cómo desmontarlas y recomponerlas. Y puesto que no hay nada espiritual ni sagrado en la naturaleza, el valor del mundo natural reside en su utilidad para la humanidad...

Por último, a pesar de insistir en una distinción absoluta entre mente y cuerpo, Descartes abordó también las pasiones humanas con criterio mecanicista. En su último libro, “Las pasiones del alma” (1649), explicó cómo controlar las pasiones enfrentándolas entre sí. El afán de gloria, por ejemplo, se contrapone al temor a la muerte y, así, deriva en el coraje para entrar en combate.

Así era Descartes en el siglo XVII. ¿Las cosas han cambiado desde entonces? En absoluto. La ciencia moderna todavía es mecanicista, aunque en un sentido más amplio, que incluye la electricidad, la química y las interacciones subatómicas. A principios del siglo XXI la palabra clave sigue siendo la misma que en la primera mitad del XVII: control. Nuestro objetivo es ser dueños y señores de la naturaleza.

Alguien podrá objetar que ésta es, justo, la maldición del cartesianismo. Descartes enalteció la razón metódica y el análisis objetivo por encima del sentimiento subjetivo y de la sensibilidad intuitiva. Nos ha maldecido con la creencia de que lo importante no son las sensaciones y emociones subjetivas que residen en nuestro interior, sino las cosas objetivas del mundo externo que las originan. ... Las emociones son subjetivas, triviales, inservibles, insignificantes y engañosas. No hay emociones en el mundo real, de modo que no debemos permitir que interfieran con la seria y objetiva labor humana de controlar la naturaleza.

Más aún, el éxito del método analítico cartesiano, que descompone las cosas en partes para ver cómo funcionan, desecha en la práctica la visión del mundo y sus organismos como una totalidad indivisa. La interpretación cartesiana y materialista de la naturaleza es la antítesis de la noción antiindividualista hegeliana o budista, según la cual el mundo posee un alma oceánica desde nuestras almas se fusionan como gotas de agua. El método cartesiano se opone a la ideología de la fuerza vital de los ecologistas profundos, los ambientalistas místicos y los defensores de los derechos de la naturaleza... Descartes se oponía al psiquismo, al panteísmo y al espiritualismo, esto es, a la idea de que la mente o el espíritu impregnan toda la existencia. Descartes criticaba sin ambages la escolástica aristotélica de su época, la noción de que existen fuerzas ocultas o un poder de las esencias o las formas que sean causa del desarrollo de las cosas materiales...

Su única hija murió de escarlatina a los cinco años y resultó ara él un golpe devastador. Esa muerte fue quizá decisiva para que él consagrara el resto de su vida a la investigación médica....
Ya en sus tiempos, se acusó a Descartes de escepticismo y ateísmo, y esta doble visión de un mundo sin certidumbre y sin Dios es aquello que los críticos anticartesianos más deploran en la actualidad. Descartes alegaba que no era justo que se le acusase de escepticismo, porque refutaba a los escépticos, ni que se le tildase de ateo, porque demostraba la existencia de Dios. Pero las acusaciones tienen fundamento pues descartes, a pesar de sus intentos sinceros, en vez de refutar el escepticismo demostró su fuerza irrefutable, y en lugar de probar la existencia de Dios a lo que llegó fue a establecer que es imposible demostrarla...

Tradiciones biográficas

Hay dos grandes tradiciones en las biografías de Descartes:
a) La tradición apolegética católica francesa: se trata de omitir pasajes que contradicen la doctrina de la Iglesia e intercalando textos de su propia cosecha que quieren hacer ver a Descartes como un piadoso filósofo católico, como el Gran Metafísico.
b) Enfatiza el análisis de las obras de Descartes, para mostrarlo como el Gran Científico que fundó no sólo la Filosofía Moderna sino también la Ciencia Moderna.

BIOGRAFÍA DE RENÉ DESCARTES (1596-1650)

A fines de diciembre de 1628, o principios de enero de 1629, René Descartes llegó a Franeker, en Frisia. Tenía treinta y dos años, y sólo unas semanas antes lo habían invitado a una entrevista privada con el cardenal Bérulle –fundador de la Congregación del Oratorio en Francia, rival e los jesuitas-, quien tenía profundos lazos con la Liga Católica y la Compañía del Santo Sacramento, una sociedad secreta de laicos que militaban por la causa católica y la desaparición del protestantismo en Francia.. Había convencido al primer ministro Richelieu (otro cardenal) de aplastar el último baluarte protestante en Francia, la Rochelle, que cayó bajo el sitio y la hambruna a fines de octubre, con el cardenal Bérulle en marcha triunfal entre los vencedores.

Se desconoce qué fue lo que el cardenal Bérulle, embriagado por la victoria, habló con Descartes –quien también profesaba la fe católica-, pero, sea lo que fuere, lo cierto es que al cabo de unas semanas Descartes estaba todo lo lejos del catolicismo militante que podía estarse en la Europa del siglo XVII, en la escalinata de una universidad protestante fundada en 1585, conocida por ser refugio para los practicantes perseguidos de esta creencia religiosa de todo el continente. Sólo regresó a Francia quince años después, cuando ya habían fallecido ambos cardenales, Bérulle y Richelieu, y aquélla fue una breve estancia.

¿Por qué Descartes vino aquí? Él sostenía que prefería vivir en el desierto, donde hay poca gente, donde el silencio y la soledad permiten reflexionar. El ajetreo y el bullicio de París ahuyentaban sus pensamientos. Sus amigos y parientes lo importunaban. En Frisia podía huir de todo y todos....

Descartes pasó la mayor parte de su estancia en los Países Bajos en las afueras de ciudades pequeñas, en casas aisladas. Cuidaba su jardín, diseccionaba animales para su tratado de anatomía, permanecía en la cama pensando y escribiendo. En su tiempo libre –un ocio que era su vida- cabalgaba, cazaba, practicaba esgrima, escuchaba música y charlaba con sus amigos. Contestaba cartas, resolvía problemas matemáticos y respondía a las objeciones que otros habían a su filosofía.... Descartes se disculpaba por su holandés, aunque lo escribía y lo hablaba con fluidez....

Ya había ido a Holanda tiempo antes... Cuando tenía 22 años, había ido a los Países Bajos, donde pasó más de un año estudiando matemática y arquitectura militar en la escuela que dirigía Mauricio, príncipe de Nassau, el estratega militar más brillante de su tiempo. El príncipe amaba las matemáticas... En los nueve años siguientes, entre 1619 y 1628, Descartes viajó por Dinamarca, Alemania, Polonia, Hungría, Austria, Moravia, Baviera, Bohemia, Venecia, Italia y Francia. Visitó París en varias ocasiones durante los dos años previos a su entrevista con el cardenal Bérulle, y había hablado de instalarse en la campiña., donde la familia de Descartes poseía casas y granjas... Al parecer nunca habló de mudarse a los Países Bajos. Pero poco después de ver al cardenal Bérulle, hizo el equipaje y se marchó. ... Descartes dejó sus asuntos económicos en manos de su más íntimo amigo de París, Claude Picot, quien luego sería conocido como “el cura ateo”.

Los comentaristas católicos han asegurado que Descartes habría estado a salvo viviendo y publicando en Francia. Pero en 1624 el Parlamento de París aprobó un decreto que prohibía los ataques contra Aristóteles so pena de muerte. Descartes se burlaba de la lógica aristotélica y sostenía que la física de Aristóteles era falsa. En 1619 habían quemado vivo a Vanini por dar explicaciones naturales de los milagros y más de una docena de herejes perecieron en la hoguera en Francia mientras Descartes vivió. Más aún, Descartes se mofaba de la astrología en una época en que el cardenal Richelieu solicitaba y consultaba horóscopos para tomar decisiones de Estado...

En 1623 hubo una campaña contra la orden de los rosacruces en París. Aparecieron carteles que exponían que los miembros de esa hermandad se desplazaban invisibles en medio de la población Se acusó a Descartes de ser uno de ellos, y se comenta que se defendió con socarrona indignación, destacando que, como podía verse, él no era invisible. Rechazaba las creencias mágicas y místicas de los rosacruces, pero adoptó su lema: Quien vive bien oculto vive bien. Como ellos, practicaba la medicina gratuita, intentaba aumentar la longevidad humana, era optimista en cuanto a la utilidad de la ciencia para mejorar la suerte de los hombres, era soltero y cambiaba a menudo de residencia. Durante los veintiún años que permaneció en los Países Bajos, habitó al menos en dieciocho localidades.

El período más feliz de Descartes en los Países Bajos fue cuando vivió con Helena Jans, de 1634 y 1640. En esos años preparó sus mayores obras para la publicación. Él y Helena tuvieron una hija, Francine, que falleció de escarlatina a los cinco años.

Habían invitado a Descartes a la corte de la reina Cristina de Suecia. En 1648 el país disfrutaba de su victoria en la Guerra de los Treinta Años, así que la reina Cristina era una de las monarcas más poderosas e importantes d Europa. Congregaba a grandes eruditos y escritores. ¿Por qué no añadir a Descartes a su colección? Descartes ya había rechazado la generosa pensión que le había ofrecido un noble francés. Alegaba que no quería ser sirviente de nadie y que no necesitaba el dinero. Pero lo halagaba la idea de ser filósofo de una reina. .. Descartes tenía 53 años y Cristina 22. La reina conocía muy bien la reputación de Descartes de permanecer en la cama durante la mañana, así que demostró cierta perversión al obligar al gran filósofo a levantarse a horas intempestivas para vestirse y atravesar la ciudad en carruaje y así darle clases de filosofía a las cinco de la madrugada. También le pidió que redactara los estatutos para una Academia Sueca de las Artes y las Ciencias. ... Mientras entregaba estos estatutos, a las cinco de la mañana del 1 de febrero de 1650, Descartes se enfrió y falleció diez días después ... Descartes esperaba vivir hasta los cien años.

Descartes era una especie de maniático de la salud ... Descartes, frustrado por su falta de progreso en el hallazgo de un modo de prolongar la vida humana, declaró que había encontrado una solución mejor: no temer la muerte.

LA INFANCIA

René descartes nació el 31 de marzo de 1596. En 1637, a los 41 años, formuló el problema de cómo se relaciona la mente humana con el cuerpo, un rompecabezas que ha desconcertado a la filosofía y la ciencia occidentales desde entonces ... Su madre había fallecido pocos días después de su nacimiento, aunque en realidad lo hizo trece meses más tarde, el 13 de mayo de 1597, a los 6 días de dar a luz otro hijo que sólo le sobrevivió tres. ... Probablemente Descartes pensaba que su infancia no era digna de ser recordada o, a lo sumo, puede que la considerase un período cuyas influencias –falsas opiniones e impresiones distorsionadas- merecían ser superadas.

Pierre Descartes, abuelo de René. El suegro de Pierre Descartes trataba a su yerno como escudero, el rango más bajo de la nobleza, y escribía su apellido Desquartes, y luego en su forma latina, Descartes. Los bisnietos de Pierre Descartes pretendían descender de Giles Descartes, un noble del siglo XV que se distinguió en sus servicios militares para la monarquía francesa. ... El padre, Pierre Descartes era doctor en medicina, y el 30 de octubre de 1543 contrajo matrimonio con Claude Ferrand, hija de Jean Ferrand I, padre de nueve hijos y ex facultativo de la reina Leonor de Austria, esposa de Francisco I.

Sumamos diecinueve parientes inmediatos (conocidos) de René Descartes que prestaban servicios al gobierno en puestos jurídicos, policiales o económicos. En vida de René, su padre, su hermano Pierre, Joaquim hijo de Pierre, ... fueron letrados en el Parlamento de Bretaña. ... El bisabuelo de René Descartes y tío abuelo eran médicos. ... Así, pues, la familia de René Descartes estaba cuajada de pensadores, universitarios, abogados, médicos, cirujanos, letrados y jueces. Podemos afirmar que René Descartes aprendió la argumentación desde la cuna. Provenía de una poderosa tradición familiar en derecho y medicina.

Descartes sin duda tuvo nodriza. En la realeza, en la burguesía a la que pertenecían los Descartes e incluso entre los relativamente pobres, era costumbre casi universal entregar los bebés a una nodriza justo después del nacimiento, por un período de dieciocho a veincuatro mesEs al menos, esto es, hasta que se destetaba el niño. La nodriza pasaba a formar parte de la familia entre los más pudientes, pero la mayoría de casos eran los bebés los que se iban a vivir con la nodriza. Muchas de ellas eran pobres y estaban mal alimentadas y agobiadas por sus propios hijos, o por los hijos de otros. En definitiva, sucedía a menudo que, como para producir leche se requiere tener un hijo, el propio sufría hambre y descuido, y a veces fallecía cuando su mal nutrida madre se ofrecía como nodriza. A fines del siglo XVI, cuando nació René Descartes, no sólo se aceptaba de forma tácita el infanticidio, sino que incluso era común. La mortalidad infantil oscilaba entre el veinticinco y el cincuenta por ciento, según el grado de pobreza, enfermedad, carestía y otras calamidades. Es más que probable que se produjese al menos un deceso por cada nodriza.

Con frecuencia el niño muerto era el hijo de sus clientes, pues no siempre las nodrizas eran cuidadosas y de fiar. Si una familia quería deshacerse de una hija no deseada –las estadísticas, que muestran que la supervivencia de los varones era más elevada que la de las niñas, más allá de la norma biológica, sugieren la realidad del infanticidio femenino-, entregaba a la chiquilla a una nodriza conocida por su ineptitud para mantener a los niños con vida.

Aunque la propia madre amamantara a sus hijos, contrataba a un ama de cría si quedaba encinta al poco tiempo. La madre de Descartes se quedó embarazada cuatro meses después del nacimiento de René, y falleció trece meses más tarde. El hecho de que Descartes sobrevivieses en tales circunstancias nos garantiza que tuvo una nodriza, que, por lo que sabemos, lo destetó de golpe al cabo de un par de años. Se untaban los senos con mostaza para desalentar la succión, pero además los niños de esa edad ya tenían edad suficiente para hablar y entender razones.

Descartes escribió que era enfermizo. ... Probablemente recibiera purgas, supositorios y enemas casi todos los días de su niñez. Estos métodos eran comunes para purgar a los niños –se pensaba que la comida se pudría dentro de ellos. ... Otra teoría popular sostenía que la infancia era una enfermedad. Así, los niños siempre estaban enfermos porque sus humores se encontraban desequilibrados. Según Hipócrates y Galeno, había cuatro humores o fluidos en el cuerpo, relacionados con los cuatro elementos: atrabilis-tierra, sangre-aire, bilis-fuego, y flegma-agua. Cuando estos cuatro fluidos estaban en equilibrio, las personas gozaban de buena salud; de lo contrario, no. ... Se aconsejaba no sobrealimentar a los niños e, incluso, se consideraba sano que pasasen un poco de hambre para aumentar su resistencia.

Se pensaba que los niños eran animalillos que ejercían poco control sobre sus funciones corporales y sus deseos instintivos, pues siempre buscaban la satisfacción instantánea a expensas de todo lo demás. No eran humanos de verdad hasta alcanzar la edad de la razón, que Pascal situaba a los veinte años. ... La conducta animal que más irritaba a la gente era que los chiquillos, si estaban sueltos, correteaban a cuatro patas como perros y cerdos. Para impedírselo, los ponían en andadores mucho antes de que fueron capaces de sostenerse, para que, de este modo, estuvieran en posición erguida y con sólo dos pies en el suelo, como seres humanos. Tanto la alimentación deficiente como el andar prematuro provocaban una atrofia del crecimiento y piernas zambas.

Descartes se crió en La Haye. En 1587 La Haye fue arrasado por el ejército protestante de Enrique de Navarra, quien se convirtió al catolicismo y en 1589 ascendió al trono de Francia como Enrique IV. El 23 de marzo de 1589 quedó –La Haye- en libertad de practicar el culto protestante. La iglesia de Notre Dame de La Haye, en la parroquia donde nació Descartes, se cedió a los protestantes. ... El rey de Descartes era un protestante que se había convertido por oportunismo. En cuanto a la nodriza de Descartes es muy probable que en 1596 profesara la fe protestante. Dado que Descartes nació y pasó su infancia en ciudades protestantes libres, y la mayor parte de su vida en ejércitos, comarcas y cortes protestantes, cabe preguntarse si él lo era, o si, al menos, simpatizaba con esta creencia religiosa. Muchos de los mejores amigos de Descartes eran protestantes y es obvio que él profesaba marcada simpatía por los protestantes. Sus amigos católicos de Francia no compartían esta actitud.

Escenario histórico
René Descartes nació en 1596. En 1597, Jacobo I de Inglaterra publicó su “Demonología”, en la cual aboga por quemar a todas las brujas en la hoguera, y el rey creía que eran muchas. En 1598, se firmó el Edicto de Nantes, que brindaba libertad y protección a los protestantes en Francia. 1598: la reforma en matemática ese mismo año, con la cual se introdujeron los números arábigos con sistema decimal para reemplazar el engorroso sistema de números romanos. Este sencillo cambio de notación allanó el camino para una explosión en innovaciones matemáticas.
1599. Feuillant publicó su síntesis de filosofía escolástica, que Descartes luego estudió.
1600. Giordano Bruno muere en la hoguera, en Roma, por profesar un panteísmo naturalista y respaldar la herética tesis copernicana de que la Tierra gira alrededor del Sol.
1601. Fallece el gran astrónomo Tycho Brahe.
1602. Se constituye la Compañía Holandesa de las Indias Orientales, en la cual quizás invirtieron Descartes o sus banqueros.
1603. Enrique IV llama a los jesuitas, a quienes había expulsado en 1594 cuando uno de sus estudiantes atentó contra su vida, y les cede el castillo de La Flèche, donde sus progenitores lo habían concebido (a Descartes).
1604. Los jesuitas fundan en Colegio Real de La Flèche, la escuela en la que estudiaría René Descartes.
1605. Francis Bacon publica “El avance del saber” y Cervantes publica “Don Quijote de la Mancha”, donde parodia la novela favorita de Descartes, “Amadis de Gaula”.
1606. Descartes ingresa en el Colegio Real de la Flèche. Para él este año marca el fin de su infancia.

EL ESTUDIANTE EN LA MEJOR ESCUELA DE FRANCIA.
La Flèche estaba a más de cien kilómetros de su hogar. Sería la mejor escuela del reino. Al año de su inauguración, la escuela contaba con mil doscientos alumnos. Los estudiantes sólo tenían una semana de vacaciones por año, pero más de cincuenta festividades religiosas. El colegio ocupaba casas enteras; los niños formaban grupos y jóvenes sacerdotes vivían con ellos para mantener el orden.

Venían de todo el Reino. A fines de 1604 había 500 hijos de barones, condes, marqueses, duques, lores y caballeros, y otros 700 alumnos que eran hijos de humildes escuderos como Joachim Descartes, e incluso de campesinos, pues la educación era gratuita y se admitía a todo aquel que pudiera aprobar los exámenes. Los jesuitas ofrecían trabajo en la cocina a los estudiantes pobres, les daban comida e incluso dinero. ... La política educativa jesuita consistía en tratar a todos los estudiantes por igual, al margen de su origen familiar.

Fuera de la escuela, los estudiantes jugaban al tric-trac (backgammon), a las damas, al ajedrez o a los bolos, y se ejercitaron con las barras paralelas y el tenis. Practicaban esgrima y equitación y realizaban excursiones de hasta cuatro horas por la campiña. Por ley, sin embargo, no se permitían prostitutas en un radio de quince kilómetros de la Flèche.

El gran acontecimiento durante la estancia de los hermanos Descartes en La Flèche fue la sepultura del corazón de Enrique Iv en la capilla de la escuela en 1610. A Enrique IV lo asesinó un fanático religiosa católico llamado Ravaillac, quien se oponía a su plan de invadir Alemania para ayudar a los protestantes contra los católicos del Sacro Imperio Romano Germánico. Ravaillac saltó al carruaje del rey y le clavó un puñal en el mismo corazón que, en 1610, se entregaría con todo boato a la iglesia del colegio.

Así los jesuitas y la Liga Católica (que nunca olvidaron que Enrique IV había sido el rey protestante de Navarra) se deshicieron del monarca, quien quería ir a la guerra contra la sacrosanta España. La idea de que los jesuitas y la Liga católica instigaron el atentado, sin embargo, no es muy popular entre los historiadores católicos. Lo que sucedió es que un estudiante del colegio jesuita de Clermont, en París, intentó matar a Enrique IV en 1596, y falló. Luego Ravaillac, otro estudiante católico, despachó al monarca.

Parece lógico: los jesuitas habían pregonado durante años la perfidia de Enrique IV y algún sacerdote comentaría a sus estudiantes que la muerte de Enrique IV sería beneficiosa para Francia. ¿Nadie los iba a librar de aquel hombre? Como ha sucedido más de una vez en tales circunstancias, algún joven entusiasta decidió cometer ese acto en nombre de Dios. Actuó por su cuenta. ... Los jesuitas en 1597 y la Liga Católica en 1610 se oponían de forma férrea a Enrique Iv. Por tanto, no sorprende que uno de sus miembros o simpatizantes empuñara un puñal.

En La Flèche, Descartes siguió el curso convencional de ocho años. Durante los tres primeros años, estudió gramática y humanidades, los otros dos retórica. Todos los cursos se dictaban en latín y las tareas de los estudiantes, tanto orales como escritas, se hacían en esta lengua. Pero también se enseñaba griego y francés. Leyó a los poetas latinos como Ovidio y al dramaturgo Séneca, a quien luego citó, y conocía el Corpus poetarum, la compilación de poesía latina publicada en 1603 y 1611. Leyó a Virgilio, Horacio, Cicerón y Ausonio. ... Pero los jesuitas ofrecían mucho más que una educación libresca. El joven recibiría clases de dicción, teatro, música, danza, esgrima y equitación. Quizás aprendió mecánica, agrimensura, relojería y óptica. Había cursos de meteorología, hidrografía y geografía. Muchos alumnos estaban destinados a ser ingenieros militares, de modo que aprendían arquitectura militar y emplazamiento de fortificaciones. Se les enseñaban buenos modales y savoir faire, cómo saludar, ponerse de pie, conversar, mover los ojos, despedirse, pronunciar discursos para ganar amigos e influir sobre la gente o insultar con galanura. Cómo respetar a los superiores sin perder la dignidad y cómo tratar a los inferiores sin mostrarse paternalistas. En síntesis, se les enseñaba a ser caballeros. Y, en particular, a conducir debates, que constituía el modo principal de aprobar los cursos. Todo se reducía a reglas, práctica, memoria y repetición. ... El objetivo de la pedagogía jesuítica era la formación de la voluntad.

Los jesuitas no resaltaban la teología. Pregonaban una fe sencilla y una obediencia estricta, acordes con su estructura militar. La cúspide del sistema pedagógico jesuita era el debate. Un estudiante defendía una proposición, otro la atacaba, y había una discusión general que incluía a los profesores. A veces se transformaba en una batalla campal.

René Descartes inició al escuela en abril de 1606, a los diez años, y permaneció en La Flèche por lo menos hasta abril de 1614. Así, en 1616 fue a estudiar derecho a Poitiers, donde aprobó sus exámenes y obtuvo su título de bachiller (con distinción) en derecho canónico y civil en noviembre de 1616.

ISAAC BEECKMAN
Después de diplomarse en Derecho en 1616, Descartes se dirigió a Rennes para discutir con su padre lo que haría en la vida. Su título de abogado era un paso, como él mismo señalaría, en el camino hacia la fortuna, la distinción y el poder. Sin embargo, la edad mínima para ingresar en el Parlamento era de 27 años. Si Descartes tenía ambiciones en ese sentido, tendría que esperar siete años. Sin embargo, podía ingresar en el tribunal como jurista, como había hecho su hermano Pierre, antes de la mayoría de edad, y como hicieron muchos de sus tíos y primos. Prefirió no hacerlo. Se quedó en casa por un tiempo.

El padre de René, Joachim Descartes, poseía un cargo de jurista en el Parlamento de Bretaña, además del título de señor de Chavagne que había adquirido por matrimonio, y, puesto que el primogénito heredaba tanto el título como el cargo de su padre, si es que era hereditario o pertenecía a la familia –como es el caso-, en 1616, Pierre –hermano de René-, a los veintisiete años, heredó el puesto del padre. Por ley, dos hermanos no podían estar en el mismo parlamento, aunque siempre cabía la negociación. De hecho, después de entregar su puesto a Pierre, Joachim Descartes pronto buscó otro puesto a su propio nombre, y no destinado a René, sino a su hijo Joachim II, primogénito de su segundo matrimonio. Un segundo primogénito. René Descartes era segundogénito por partida doble. Los segundogénitos, por tradición, estaban destinados a ocupar cargos eclesiásticos o al ejército. René optó por el ejército. Y era un ejército romántico, uno de los legendarios regimientos franceses al servicio de Mauricio de Nassau, príncipe de Orange, comandante en jefe de esa diminuta república protestante, Las Provincias Unidas, que había obtenido su libertad luchando contra los españoles del Imperio Católico.

La capital comercial de las Provincias Unidas era Ámsterdam, donde Oldenbarnevelt, “padre de la patria”, ocupaba el poder. El príncipe Mauricio, que no era religioso, esperaba que los calvinistas ortodoxos lo nombraron rey, así que –con cinismo- dio la orden de ejecutar a Oldernbarnevelt, a quien se decapitó el 13 de mayo de 1619. Al príncipe Mauricio no lo coronaron rey. Dos semanas después de la ejecución, Descartes se fue de Holanda. No hay pruebas de que la partida de Descartes se relacione con el intento del príncipe Mauricio de subvertir la república. ... En todo caso, Descartes, sólo regresó a las Provincias Unidas diez años después, cuando el príncipe Mauricio había muerto y su liberal hermano, el príncipe Federico Enrique, permitió que los calvinistas liberales volvieran a opinar con libertad.

A los 22 años, Descartes aún pensaba como un estudiante, pues el campamento de Mauricio en Breda era conocido como un campo de entrenamiento donde matemáticos e ingenieros enseñaban rudimentos de arquitectura militar, fortificaciones e ingeniería. Además de estos temas, Descartes señaló que también estudiaba pintura y holandés. Años más tarde, aunque se disculpara por su poco nivel, lo hablaría y escribiría con gran fluidez.

Por 1617, Descartes se diplomó en Derecho en Poitiers, estaba en medio de las revueltas protestantes. Pero en febrero de 1618, en vez de tomar partido en las guerras religiosas francesas, Descartes fue a las Provincias Unidas. Aunque constituían una república protestante, eran aliadas de la Francia católica contra la España católica y el Sacro Imperio Romano Germánico. El cardenal Richelieu guiaba a Francia hacia la separación entre la Iglesia (al menos la imperial Iglesia de Roma) y el Estado, para forjar una nación independiente. De este modo, luchar a favor de las Provincias Unidas era luchar a favor de Francia. Más aún, durante la primera mitad del siglo XVII, las Provincias Unidas eran el lugar ideal para los jóvenes franceses errantes y amantes de la libertad. No sólo porque aquél fuese el estado más liberal de Europa (donde un joven podía escapar de las restricciones eclesiásticas y familiares), sino porque también era el más próspero en cuestiones comerciales, y superaba por momentos a España por sus riquezas (parte de las cuales llegaban como botín, cuando los buques holandeses capturaban naves de la flota mercante española).

Descartes debía de recibir una asignación de su padre. Sólo después vendería la propiedad que él, su hermano Pierre y su hermana Jeanne heredaron de su madre, su abuela materna y una tía materna ... El joven René Descartes, ahora señor del Perron, tenía suficiente dinero (y orgullo) como para no alistarse como un soldado auténtico, que tendría que recibir órdenes o entrar en combate. Esto quedaba descartado de todos modos, porque las Provincias Unidas estaban en el noveno año de la tregua de doce que se había firmado en 1609 con España ... Es probable que Descartes pudiera entablar estudios y discusiones con ingenieros y matemáticos en Breda. También es probable que además persiguiera mujeres, bebiera, fumara, peleara, jugara, cabalgara, practicara esgrima y quizás, incluso, insultara a otro oficial lo suficiente para justificar el gran alboroto de un duelo. El duelo era un juego peligroso. Los reyes y generales lo detestaban porque así perdían a muchos de sus mejores hombres. En Francia, Luis XIII proscribió los duelos definitivamente en 1627.

En cuanto a las apuestas, el juego preferido de aquellos días eran los naipes, con los que se podía perder o ganar mucho dinero. Los nobles jóvenes y ricos llegaban a disipar así toda su herencia. Descartes no era rico, pero parece indudable que era jugador.

El hecho crucial en la vida de Descartes fue su reunión con Isaac Beeckman. Vio el futuro y lo hizo suyo. Fue un golpe fulminante. Se encontraron en una calle de Breda, mirando el cartel en el que un joven matemático dispuesto a ganar dinero desafiaba a los aficionados a resolver el problema que él planteaba. Era un deporte popular entre los jóvenes nobles. El interesado anotaba su nombre en el cartel y, si resolvía el problema, el retador le pagaba una suma fija. En caso contrario, había que pagarle a él. Pero sólo una vez que él había demostrado que era capaz de resolverlo. En aquellos días había matemáticos comparables a tahúres.

Se supone que Descartes le pidió a un hombre que estaba allí que tradujera el problema. El hombre era Isaac Beeckman, quien accedió de buen humor y pidió con socarronería al joven soldado que le mostrara el resultado si lo resolvía. Horas después, Descartes fue a ver a Beeckman y le mostró la prueba. Beeckman se quedó de una pieza, reconoció el genio de Descartes, lo adoptó como discípulo y demás. Eso puede ser una anécdota distorsionada. ...

Cuando se lee la correspondencia entre Descartes y Beeckman de enero a mayo de 1619, la explicación es clara: Descartes se enamoró de Beeckman. Quizá lo amara como la figura paterna que para él era (y como, quizá, no lo amaba su propio padre). Beeckman era ocho años mayor que Descartes. Tenía una profesión, la física matemática, y poseía unos cuadernos con refinados problemas y maravillosos dibujos. Descartes, que hasta entonces había demostrado talento pero carecía de rumbo, ansiaba ser como Beeckman. Pronto comprendió que se podía lograr algo grandioso mediante la aplicación de la matemática a los problemas mecánicos. Esta idea no era nueva en el mundo, pero algo cuajó cuando Descartes vio el trabajo de Beeckman, pues comprendió que los fragmentos de análisis matemáticos que ya usaba para resolver problemas geométricos podían aplicarse a problemas prácticos en física.

REINOS MÁGICOS

En los tres años siguientes –de 1618 a 1620- Descartes cayó en un agujero negro, esto es, en la zona de guerra del norte d Europa central. ... En 1623 cumplió 25 años, alcanzando la mayoría de edad legal. También su padre, Joachim Descartes, en 1623, llegó a decano de la cámara alta del Parlamento de Bretaña, lo que le hacía delegado del rey. ...

La madurez de Descartes coincide con la Guerra de los Treinta Años, una guerra religiosa en la que los protestantes aliados con la Francia católica se enfrentaron con la España católica y el Sacro Imperio Romano Germánico. El conflicto se desencadenó el 23 de mayo de 1618 cuando algunos nobles protestantes arrojaron a varios representantes del católico rey Fernando por la ventana de un castillo de Praga. La Guerra de los Treinta Años comenzó con esta famosa defenestración y finalizó el 24 de octubre de 1648 con el Tratado de Westfalia. Francia entró en la guerra (del lado protestante, contra la España católica) en 1635. El tratado de 1648 puso fin a ochenta años de conflicto entre España y las Provincias Unidas, cuyos representantes, al pactar una paz por separado y obtener la independencia definitiva en 1648, dejaron que Francia combatiera a solas contra España (Francia, al fin, triunfó en 1659).

Descartes disponía de varios ejércitos para elegir. Podía sumarse a las fuerzas católicas que Fernando, en apoyo de España, o a las fuerzas protestantes respaldadas por Francia. Protestantes y católicos se enfrentaban en la Europa septentrional al menos desde 1582. La misión militar francesa en las Provincias Unidas tenía como fin, precisamente, ayudar al primer ministro, el cardenal Richelieu, a afianzar la independencia de Francia frente al Sacro Imperio encabezado por España. No importaba que Francia también fuera católica. Era hora de emanciparse del sacro Imperio Romano Germánico, de consolidar un poder estatal exento de todo control religioso y de aliarse con las Provincias Unidas y Suecia, cuyo poder e independencia también soportaban la amenaza de España. El hecho de que fueran protestantes era secundario. Richelieu lo entendía, pero Felipe II, de España, no. Así, a fines del siglo XVII, mientras Francia era el estado más fuerte de Europa, España era un país relegado. Richelieu comprendía que el poder comercial, industrial y mercantil es más importante que la religión en el mundo moderno. El Sacro Imperio gastó su fortuna (todo aquel oro del Nuevo Mundo, que hizo de España el país más rico del planeta en el siglo XVI) en su empeño por liberar Europa de protestantes y judíos, para hacerla, así, católica. Pero los estadistas de Francia, Suecia y las Provincias Unidas, apelando a lo que se llamaba razón de Estado, redujeron la religión a un recurso que se usaría sólo según la ventaja táctica que brindara en sus relaciones con el extranjero. En decisiones de política exterior, el hecho de que Richelieu fuera cardenal era irrelevante en el siglo XVII.

Descartes sabía que la filiación religiosa cedía terreno frente a la importancia del comercio y de los asuntos de Estado. Las Provincias Unidas, un oasis de tolerancia intelectual y religiosa, eran independientes y comercialmente prósperas. En Breda, Descartes era un ciudadano católico francés alistado en un regimiento de Francia que pertenecía a un ejército holandés opuesto a España. Su rey lo aprobaba. ... Cuando los biógrafos han encuadrado a Descartes en un ejército alemán, lo han unido a las fuerzas católicas del emperador Fernando II, respaldadas por España, quizá porque estaba en Francfort durante la coronación del emperador. Pero en caso de unirse a un ejército, a buen seguro Descartes habría escogido el de los protestantes respaldados por Francia. Por otra parte, si no se proponía lucha, lo cual parece más que probable, quizá no le importase demasiado en qué ejercito estaba. Se ha sugerido que su pertenencia a un ejército sólo equivalía a un pasaporte, un salvoconducto, para conservar los derechos y la protección de un oficial, y para obtener albergue en las guarniciones.

Descartes debió de haber visto, al menos, el resultado del conflicto. Durante la Guerra de los Treinta Años, la población de Europa septentrional se redujo de veinte millones de personas a siete. Trece millones de muertos. La Europa septentrional no recuperó la cifra de población que tenía en 1600 hasta 1750. La pérdida de 13 millones de personas (además de las pérdidas anteriores) no se debía sólo a la guerra, pues los soldados perecían en batalla, pero los civiles sufrían hambre porque las cosechas quedaban arrasadas; además la peste y otras enfermedades eran endémicas en toda Europa.

Más aún, a mediados del siglo XVII se alcanzó la cima de la “mini era glacial” o Pequeña Edad de Hielo, el Mínimo de Mander, por usar el término geológico. El mínimo estaba en las manchas solares, pues casi no había ninguna, lo cual reduce el calor que el sol irradiaba. La temperatura media anual de Europa llegó a descender tres grados centígrados y hubo años sin verano. De haber bajado seis grados, podría haberse hablado de plena glaciación. De aquella época son esos cuadros que recogen escenas en las que pintorescos ciudadanos holandeses con bombachos patinan sobre el hielo de los canales, una época en que los glaciares avanzaban sobre las aldeas alpinas. Una época de pésimas cosechas, hambruna y muerte. ... Cualquiera podía morir. No sólo soldados y ciudadanos, sino viajeros, turistas, peregrinos, mercaderes, mensajeros, estadistas. Un alud en los Alpes, la peste, los salteadores: había muchas maneras de convertirse en un cadáver perdido o anónimo.

LOS ROSACRUCES
Descartes sentía curiosidad por las afirmaciones de los astrólogos, alquimistas y magos, y por los rumores que corrían en Alemania acerca de la nueva orden protestante de los rosacruces. Se suponía que los miembros de esta fraternidad poseían ciertos poderes mágicos y que una de sus metas era la mejora de las ciencias naturales para el progreso práctico de la humanidad. Ante todo, les interesaba la investigación médica para contrarrestar los estragos de la vejez y prolongar la longevidad. Como más tarde éste sería también el objetivo de Descartes, algunos han sospechado que Descartes fue rosacruz cuando estaba en Alemania. Casi todos los especialistas sostienen que no pudo haberlo sido porque en el siglo XVII no existía una fraternidad formal de la Rosacruz, pero ...

Descartes debió de haber leído la literatura rosacruz; además, el paralelismo entre los objetivos y normas vitales de Descartes y los que expresan los textos rosacruces es tan marcado que parece muy probable que Descartes sufriera su influencia.

La excitación rosacruz comenzó con la publicación de dos manifiestos en Cassel, un principado protestante de Alemania: “La fama de la Orden de la Rosacruz” (1614, en alemán), y “La confesión de la Orden de Rosacruz” (1615, en latín). El autor es anónimo. En “La fama...” se afirmaba que los miembros de la Orden de Rosacruz poseían una vasta enciclopedia que contenía gran sabiduría. Su objetivo era alabar a Dios y alcanzar un “perfecto conocimiento de Su Hijo Jesucristo y de la naturaleza” para beneficio de la humanidad. Para lograrlo, aplicaban la matemática a la naturaleza y desarrollaban instrumentos científicos. Con esta finalidad, los hermanos se atenían a seis reglas:
1. Su única profesión debía consistir en curar de forma gratuita a los enfermos.
2. No debían usar ropas distintivas, sino la vestimenta propia o común del país donde habitasen.
3. Cada año, en determinado día, debían reunirse, y quienes no pudieran asistir estaban obligados a enviar una esquela que explicase la causa de su ausencia.
4. Cada hermano había de buscar una persona digna que la sucediera a su muerte.
5. Las siglas “C.R.” debían ser su sello, marca y carácter.
6. La hermandad había de permanecer secreta cien años.

La primera y segunda reglas son muy cartesianas. En “La confesión”, los hermanos condenaban tanto al papa como a Mahoma, invocaban la sabiduría de Dios y la ayuda de los ángeles, y proponían un nuevo lenguaje con el que expresar la naturaleza de todas las cosas. Se afirmaba en él que la verdad de la filosofía natural era sencilla, fácil y evidente, siempre que se buscase. El libro concluía con la promesa implícita de hallar una medicina para curar todas las enfermedades, lo cual habría de enriquecer el mundo, beneficiar a todos y complacer a Dios.
En 1616 se publicó en Estrasburgo el tercer libro de la serie, “Las bodas químicas de Christian Rosencreutz” de Johan Valentin Andreae (en alemán). Se trata de “un romance acerca de un esposo y su esposa, que moran en un fantástico castillo repleto de maravillas e imágenes de leones, pero también es una alegoría de los procesos alquímicos interpretados de forma simbólica como una experiencia de las nupcias místicas del alma”. La rosa es un símbolo alquímico de la Virgen María, y forma parte del emblema de Lutero. ... La rosa es la carne y es el poder creativo de la naturaleza que abraza la cruz, la cual, a su vez, representa la muerte y la resurrección.

“Las bodas químicas...” están claramente inspiradas en Federico V del Palatinado y su esposa Isabel Estuardo, hija de Carlos I de Inglaterra (y madre de la princesa Isabel, que sería amiga de Descartes). En su castillo y jardín de Heidelberg había infinidad de órganos de agua y estatuas mecánicas móviles que hablaban a través de tubos parlantes como los que aparecen en el relato.... El mensaje de “Las bodas químicas” es que aguardaba a la humanidad un futuro glorioso y que todos los buscadores de la verdad y la sabiduría, de la religión y la ciencia, deberían congregarse bajo el estandarte de la Rosa Cruz.

También era propaganda protestante que promovía a Federico V como candidato para el cargo electivo de rey de Bohemia y para el trono del Sacro Imperio. ... En 1620, en la famosa Batalla de la Montaña Blanca, los católicos arrasaron a los protestantes. Federico V e Isabel huyeron. Praga sufrió el saqueo y la devastación, se exterminó a muchos ciudadanos y ejecutó a no pocos funcionarios, y la que había de ser una de las guerras más cruentas de la historia comenzó a diezmar la población de Europa central.

En aquel preciso instante, sostienen Yates, el movimiento rosacruz se vino abajo. Empezaron a salir tratados con títulos tales como “Advertencia contra las alimañas rosacruces”, publicado en Heidelberg en 1621. La propaganda católica presentaba a los rosacruces como practicantes de la magia negra, y tuvo tanto éxito que en 1623 provocó gran conmoción en París, presentando a la hermandad como una “sociedad diabólica, mágica y secreta”. Sin embargo, el movimiento rosacruz no desapareció por completo, sino que persistió como una fuerza positiva en el Báltico.

Descartes no pudo haber evitado tener noticias de los rosacruces. Durante su estancia en las Provincias Unidas, uno de los mejores amigos de Descartes, Cornelius van Hogeland, era rosacruz. ... Descartes estaba en Bohemia en 1620 en busca de rosacruces. Los biógrafos han consignado que encontró sólo uno, el matemático Faulhaber. En la correspondencia de Faulhaber, no hace mucho se ha hallado la mención de una reunión con un joven francés llamado “Polybius”, el nombre que Descartes usó en una nota de su diario hacia 1619, como autor de un libro de matemática que dedicaría a los hermanos rosacruces. ... Los especialistas niegan que Faulhaber fuera rosacruz, pues la hermandad era un aparato de propaganda político-religiosa. Pero quienes se identificaban como rosacruces lo hacían en aras del progreso de la ciencia y la medicina, unos objetivos que no eran ajenos a Descartes.

El aristotelismo estaba estancado, moribundo. La escolástica no conducía al conocimiento. El gran fermento de los alquimistas, astrólogos y magos entusiasmaba a los jóvenes como Descartes, que deseaban penetrar los misterios del mundo natural. Quizás hubiera secretos escondidos por los antiguos. Descartes recibió la influencia de Bacon y de los rosacruces, y afuera de modo directo, ya porque el virus de la nueva ciencia flotaba en el aire intelectual que él respiraba. El contagio era, en cualquier caso, inevitable.

Y en Alemania o Bohemia, parece que Descartes se consideró rosacruz durante un tiempo o que, cuando menos, jugaba con la idea. Más adelante, cuando se fijó sus propias metas y sus normas de vida, éstas contenían sólidos que parecen inspirados en tratados rosacruces. ... La prueba más directa del contacto de Descartes con los escritos rosacruces es el título de un libro futuro que anotó en su diario, quizás en 1619: “Diccionario matemático de Polibio el Cosmpolita, dedicado a los sabios del mundo, especialmente a la famosa H(ermandad) de la R(osa) C(ruz) de A(lemania)”. El nombre Polibio sugiere el objetivo cartesiano y rosacruz de establecer la unidad de las ciencias. Pero no hay manera de saber si éste es el título de un libro que Descartes pensaba escribir o si lo inventó en broma.

En esta época Descartes adoptó un lema tomado de Ovidio: “Quien vive bien oculto vive bien”. Los rosacruces también se atenían a él. En cuanto a las reglas rosacruces establecidos en “La Fama”, Descartes debió de haber notado que las iniciales que han de emplearse como emblema según la quinta norma (“C.R.”, escrito con mayor frecuenta “R.C.”) coinciden con las iniciales de René Descartes (Renatus Cartesius). Las usó en toda su correspondencia. ... Y más adelante Descartes obedecería la primera regla, esto es, ejercer la medicina sin fines de lucro, sobre todo en colaboración con su amigo Cornelius van Hogeland, quien se consideraba rosacruz y preparaba toda suerte de pociones químicas y las administraba sin cobrar, no sólo en aras de la caridad, sino de la experimentación. Al parecer Descartes también conocía a Jacques de Wassenaer, quien publicó una colección de escritos relacionados con los rosacruces entre 1624 y 1625. Además, tanto Descartes como los rosacruces se proponían aumentar la longevidad humana mediante la investigación médica de las causas del envejecimiento.

Los rosacruces hacían votos de celibato.

EL REBELDE
Descartes Conoció a Beeckman el 10 de noviembre de 1618 y se inspiró en él para aplicar la matemática a los problemas de la ciencia natural. El 10 de noviembre de 1619, Descartes señaló en su propio cuaderno que ese día estaba lleno de entusiasmo y había descubierto los cimientos de una ciencia nueva y maravillosa. Esa noche tuvo los tres sueños que todos sus biógrafos han presentado como cruciales para determinar el rumbo que Descartes seguiría en la vida. La mayoría de los comentaristas piensan que en noviembre de 1620 Descartes había avanzado bastante en el método de análisis matemático que, en parte, conocemos como geometría analítica. Su utilidad consistía en exponer y resolver problemas en las cuatro ciencias matemáticas tradicionales conocidas como cuadrivio –geometría, aritmética, astronomía y música-, así como en óptica, mecánica e, incluso, en fisiología y medicina.

Este método de análisis matemático brindaba el fundamento para la ciencia unificada que Descartes buscaba, impulsado por Beeckman. En vez de clasificar las ciencias según su objeto (la física para los cuerpos no vivientes, la biología para los cuerpos vivos, etc.), como había hecho Aristóteles, Descartes trataba todos los cuerpos de la misma manera, ya que en la naturaleza todo era un cuerpo en movimiento que podía describirse y mensurarse. La ciencia cartesiana, pues, es una mecánica universal donde es posible formular representaciones matemáticas de cómo todo funciona y se relaciona con todo lo demás. Un resultado incidental de esta labor es que Descartes, que ya era un genio para resolver problemas geométricos, ahora podía resolver casi de manera automática los problemas más arduos. Sin duda ganó apuestas y competiciones de este modo, y se le puede imaginar como una especie de tahúr que no perdía la oportunidad de vaciar bolsillos ajenos. Al menos en 1628, Descartes tenía fama de ser invencible. ... Sin embargo, no publicó su método analítico hasta 1637, en “La geometría”.

La oveja negra de la familia
La mayoría de los hombres de la edad, la educación y la condición social de Descartes tenían puestos u oficios que generaban un ingreso. Descartes era una excepción, lo cual sin duda irritaba a su hermano. Descartes vendía propiedades familiares, gastaba las rentas para vivir, no compraba un puesto lucrativo en el gobierno, no se casaba con una mujer rica: René Descartes era un zángano, un parásito de la familia.

Viajó primero a París. Su llegada a París se produjo en febrero de 1623, durante la gran histeria provocada por la “amenaza” rosacruz. Incluso había canciones satíricas y entremeses sobre los rosacruces. Parece probable que, después, Descartes estuviera en Roma para la inauguración del año del jubileo, 1625. Y Descartes debió e visitar a Galileo. ... En París conoció al padre Marin Mersenne, el sacerdote mínimo que manejaría la correspondencia de Descartes cuando el filósofo viviera en las Provincias Unidas. Los mínimos eran vegetarianos. No consumían ningún producto animal, sólo frutas y verduras. San Francisco de Paula, que fundó la orden de los mínimos en 1435, los llamó así para que fueran aún más humildes que los franciscanos, que se denominaban “menores”. No obstante, Mersenne tenía dinero suficiente para pagar una inmensa correspondencia, libros y experimentos científicos.

Un acontecimiento de gran importancia ocurrió a Descartes entre el 24 y 25 de agosto de 1624 en París. Tres hombres –pensadores- habían pegado letreros que anunciaban dos días de debates en oposición a Aristóteles. Ya había casi mil personas reunidas cuando el primer presidente del Parlamento envió la orden de evacuar. El Parlamento condenó al exilio a los tres sospechosos y prohibió enseñar contra los autores antiguos so pena de muerte. Se presume que durante este alboroto Descartes estaba en Italia, pero se habría enterado de los detalles a su regreso.

FUGA
La fe religiosa de Descartes siempre ha sido objeto de controversia.. Ha sido acusado de presentar sus pruebas metafísicas de la existencia de Dios tan sólo para aplacar a la Iglesia o para ocultar su ateísmo. ... En el siglo XVII existían ya auténticos escépticos. Y eran eminentes. El príncipe Mauricio de Nassau era uno de ellos y Théophile de Viau, otro. Uno de los mejores amigos de Descartes, Claude Picot, era conocido como “el cura ateo”. Los versos sacrílegos y la prosa libertina eran populares. Descartes se codeaba tanto con creyentes como con escépticos. Pudo haber sido cualquiera de ambas cosas, al margen de lo que escribió. ... Sin embargo, hay pocos motivos para pensar que no era un verdadero creyente, aunque lo fuese a su manera, de un modo cosmopolita ... En las Provincias Unidas, Descartes casi siempre vivió cerca de enclaves católicos donde se celebraba misa y, al parecer, procuraba asistir a los oficios religiosos para exhibir su catolicismo, aunque las únicas ceremonias sobre las cuales comentó haber asistido fueron protestantes. Y era muy receloso con estos asuntos.

Descartes ofreció pruebas de la existencia de Dios, pero también comentó a Mersenne que su metafísica, donde aparecían estas evidencias, era ante todo el fundamento de su física. Un Dios de fiar había de mantener uniformes las leyes de la naturaleza. Descartes también estaba convencido de que el alma humana era una sustancia inmaterial de existencia independiente capaz de sobrevivir a la muerte y al deterioro del cuerpo, lo cual constituía un argumento a favor de la inmortalidad el alma, aunque, desde luego, Dios tenía el poder para extinguirla cuando lo desease.

La cuestión de las creencias religiosas de Descartes es crucial para comprender el segundo gran punto de inflexión de su vida. El primer giro que transformó a Descartes en Descartes lo había impulsado su encuentro con Beeckman, el 10 de noviembre de 1618, que alcanzó su culminación justo un año después, cuando Descartes realizó su gran descubrimiento. Después de una noche de zozobra, supo qué rumbo quería seguir en la vida. Sería un filósofo natural y su meta, buscar la verdad en las ciencias. Con esta finalidad, desarrolló su método analítico en matemática, escribió sobre mecánico e inició sus “Reglas para la dirección del espíritu”. Pero su decisión no estaba confirmada del todo. Su padre y su familia aún esperaban que se dedicara al Derecho ... Descartes escapó por un tiempo a Italia, pero cuando regresó a Francia se encontró envuelto en una confabulación familiar destinada a nombrarlo comisionado generan en Châtellerault. Tras escapar de ello en 1625, fue a París, quizá con viajes periódicos al hogar de su padre en Rennes.

Entabló amistad con el sacerdote mínimo, Marin Mersenne, autor de “Preguntas y comentarios sobre el Génesis” (1623), “La impiedad de los deístas, ateos y libertinos” (1624) y “La verdad de las ciencias contra los escépticos o pirrónicos” (1625). Mersenne sostenía aquí que había cincuenta mil ateos en París (es decir, uno de cada cinco habitantes debía de serlo). A pesar de su ataque contra el ateísmo, Mersenne era un nuevo científico mecanicista que se oponía al aristotelismo. Se escribía con cientos de personas de toda Europa. Era una suerte de revista de un solo autor que versaba sobre literatura, filosofía, matemáticas y ciencias. Informaba a todo el mundo acerca de lo que hacía todo el mundo, difundía problemas y sugerencias, trataba a los oponentes en disputas al comunicar a cada cual lo que el otro había dicho y administraba la correspondencia de Descartes.

Si Descartes era religioso, lo era con un criterio cosmopolita y pragmático. Nunca ocultó su catolicismo y en ocasiones se ufanó de él. Pero no soportaba a la mayoría de los sacerdotes (hubo excepciones notables) y consideraba que la mayoría de los predicadores protestantes eran imbéciles. La pugnacidad religiosa estaba en primer plano en Francia. En las Provincias Unidas, al menos por un tiempo, Descartes podía olvidarse de las cuestiones religiosas ... Descartes parecía sentirse amenazada. Más de una vez pidió a Mersenne que no revelara su domicilio a nadie. Más aún, le pedía que mintiera a la gente acerca de su paradero.

Descartes aseguró que necesitaba marcharse para pensar. En París, el alboroto y las obligaciones sociales con amistades y parientes le robaban tiempo. Y lo acuciarían para que se casara y comprara un puesto. ... Algunos han afirmado que Descartes estaba preocupado porque se proponía atacar la filosofía escolástica y el aristotelismo. En 1624 se había emitido esa orden judicial que condenaba los ataques contra Aristóteles con la pena de muerte. Pero Gassendi había publicado un devastador ataque contra Aristóteles en 1623, “Ejercicios paradójicos en oposición a Aristóteles”. Y “La verdad de las ciencias contra los escépticos o pirrónicos” (1625) de Mersenne era mecanicista y antiaristotélica. Nadie les tocó un pelo. Claro que Gassendi y Mersenne eran sacerdotes, protegidos por sus órdenes. Y Descartes era un laico. Aun así, la gran familia Ferrand-Brochard-Descartes incluía muchos respetables burócratas que estaban al servicio del rey. Descartes no habría tenido problemas. El panteísta Lucillio Vanini, sin embargo, murió en la hoguera en Toulouse en 1619, y el deísta Jean Fontanier, en París en 1621. Por ser ateos.

En 1628, con la derrota de La Rochelle, quedó aplastada la última resistencia protestante en Francia. El convenio del Edicto de Nantes, por el cual los protestantes podían disponer de ciudades fortificadas, quedó revocado. Ya no existía una facción protestante en Francia, ni ejércitos protestantes, ni guerras religiosas internas. Miles de protestantes emigraron a las Provincias Unidas. En la libérrima corte del príncipe Federico Enrique, en La Haya, se hallaban todos aquellos desterrados de Francia. En Francia se condenó a los dirigentes protestantes. Richelieu se hallaba sometiendo no sólo a los protestantes sino a toda la nobleza. Se estaba constituyendo el estado absolutista, en oposición a la vieja jerarquía católica. Del lado del papa, España y la Inquisición estaban el cardenal Bérulle, la Liga Católica y los miembros de la nobleza que intentaban mantener el poder del Antiguo Régimen.

Descartes huyó de todo esto. No sólo escapaba de la responsabilidad familiar y social. Su migración a las Provincias Unidas era un acto político revolucionario. Su migración a fines de 1625 fue un acto de solidaridad con el protestantismo republicano francés contra la opresión totalitaria católica y realista, y del cristianismo liberal contra la Inquisición española. Él no se oponía a la religión católica sino al estado católico. Recelaba de la naturaleza y los actos opresivos de un catolicismo que era la religión estatal de Francia. Escogió la libertad, aunque ello significara abandonar Francia. Cogió el dinero que la familia había destinado a la adquisición de una posición en Francia y huyó. “No reveléis mi domicilio a nadie. A nadie.”

Cuando Descartes se mudó a las Provincias Unidas se quitó la máscara, aunque aún mantenía algún secreto y, con frecuencia, pedía a Mersenne que no revelase su domicilio. Llegó a conocer a todos los notables holandeses. En 1630 había conocido a quien llegó a ser su mejor amigo en las Provincias Unidas, Consantjin Huygens, primer secretario y asesor de dos sucesivos staadhouders (comandantes en jefe). Huygens tenía la misma edad que descartes, y se convirtió en el mayor promotor y protector de Descartes en las Provincias Unidas. Fue, asimismo amigo y mecenas de Rembrandt y leía, comprendía y defendía la filosofía de Descartes. Con amigos como Huygens, Descartes no necesitaba preocuparse demasiado por sus enemigos.

Descartes pronto olvidó el problema que lo había impulsado a ocultarse. Al cabo de tres o cuatro años, era uno de los filósofos más visibles y mejor conectados de las Provincias Unidas. Más tarde, cuando realizó tres visitas a Francia, y cuando viajó a Suecia, sus amigos de Ámsterdam y La Haya constituyeron una especie de club de admiradores en la Cámara de Comercio, con el afán de retenerlo en las Provincias Unidas. Sus visitas a altos responsables políticos y pensadores tenía un objetivo, Descartes tenía un plan: En 1628 ya hablaba de reemplazar la filosofía y la ciencia aristotélica por la suya. Para ello tendría que convencer a los jerarcas de la Iglesia católica de abandonar la filosofía y los libros de texto escolásticos, que se habían usado durante siglos, para sustituirlos por la filosofía cartesiana y un libro de texto que él se proponía escribir.

Descartes aspiraba a unificar las ciencias con un método basado en la matemática, y había escrito el borrador de algunas reglas para la dirección de la mente. También había desarrollado algunas teorías en óptica. Era descabellado que este hombre se fuera a las Provincias Unidas para iniciar una campaña con miras a reemplazar las enseñanzas de Aristóteles por su propia filosofía. Pero Descartes tenía que iniciar su revolución en alguna parte. En contraste con las viejas y tradicionales universidades francesas, las universidades holandesas eran flamantes. ... Cuantas más personas importantes conociera, más aceptación hallaría su filosofía.

Su metafísica contenía el cimiento sólido que aseguraba la certeza de su física. Una vez que se demostraba la existencia de Dios y se revelaba que el mundo sólo consistía en materia en movimiento que seguía las leyes naturales garantizadas por Dios, todo lo que Dios necesitaba para poner el mundo en movimiento era darle un empujón. Para eludir la objeción de que se alejaba de los descrito en el Génesis, calificó su historia de fábula. Pero una fábula muy útil, porque una vez que sabemos que la materia se mueve en conformidad con las leyes eternas de la naturaleza, podemos controlar estos movimientos para el bien de la humanidad.

Descartes pasó de los cuerpos celestes a los fenómenos atmosféricos, tales como el arco iris, y de ahí a las explicaciones acerca de los cuerpos vivientes. La culminación de la fábula sería la descripción de cómo podía formarse un cuerpo humano en forma mecanicista. Luego, todo lo que ese cuerpo necesitaba para ser humano era su unión con un alma humana. Descartes daba por sentado que cada ser humano constituía dicha unión. Pero los demás animales eran máquinas, autómatas que se movían por estímulos y respuestas, incapaces de expresar pensamientos o sentimientos, y de experimentar placer o dolor. No tenían alma. (reflejo condicionado en un perro)

En 1633 se enteró de que en Roma la corte del papa Urbano VIII había condenado un trabajo de Galileo, el “Diálogo sobre los dos máximos sistemas del mundo ptolemaico y copernicano” (1632), por contener la tesis de que la Tierra giraba alrededor del Sol. Presa del pánico y la desesperación, escribió a Mersenne que también los fundamentos de su filosofía eran falsos y que no publicaría nada que contuviera una sola palabra que fuera reprobada por la Iglesia. ... Descartes seguía buscando un modo de sortear la prohibición... No obstante, nunca publicó “El mundo”.
Dada su aspiración de que “El mundo” reemplazara los textos aristotélicos de ciencias naturales en las escuelas católicas, el pánico de Descartes y su afán de no irritar a la Iglesia son del todo comprensibles, pues ningún colegio jesuita adoptaría jamás un libro condenado.

Descartes pronto se repuso de la conmoción de la condena de Galileo. Durante los tres años siguientes, Descartes echó mano de todo lo que había escrito en “El mundo”. Sintetizó su trabajo sobre las lentes en un ensayo que tituló “la dióptrica”. El trabajo sobre los fenómenos atmosféricos desembocó en “Los meteoros”. Lo que había esbozado sobre las reglas para la dirección de la mente lo incorporó al “Discurso del método”, así como una condensación de su trabajo sobre metafísica.

En 1637 esta gran efervescencia creativa derivó en la publicación del “Discurso del método”. Decidió también presentar su filosofía en francés, en parte, alegó, para que las mujeres pudieran leerla. Su hija se llamaba Francine. Su filosofía hablaba francés. ... Si uno quería llamar la atención de los euritos y catedráticos, escribía en latín. Quizá Descartes pensó que si los católicos condenaban a Galileo, más le convenía evitar que su filosofía se adoptara en las escuelas católicas. (“porque creo que quieres sólo usan su razón natural pura juzgarán mejor mis opiniones que quienes sólo creen en libros antiguos”.)

Helena, su compañera-criada-esposa murió de fiebre, junto con Francine. Después de esto vivió el resto de su vida solo (sin compañía femenina), aunque sí con criado o con ayuda de cámara).

Al principio Descartes pretendía publicar sólo algunos ejemplares de sus ensayos sobre geometría, dióptrica y meteorología, y en forma anónima, de modo que pudiera sentarse detrás de un biombo (como debió de hacer Anna María van Schurman para asistir a clases en la Universidad de Utrecht) a fin de oír lo que decía la gente. Pero todos conocían al autor. Así que en 1637 decidió publicar una tirada grande.

Los tres ensayos tuvieron gran éxito y no tardaron en traducirse al latín. La reputación de Descartes estaba asegurada en geometría (solución del problema de Pappus y exposición del método analítico), dióptrica (ley de refracción) y meteorología (explicación de los falsos soles y el arco iris). El “Discurso del método” que oficiaba de introducción fue muy influyente, sobre todo entre algunos profesores jóvenes –en general en las Provincias Unidas- que veían en él una base metodológica para avanzar en las ciencias naturales. Pero Descartes no estaba satisfecho del todo, porque los fundamentos metafísicos de la certidumbre, que él brindaba con sus pruebas de la existencia de Dios, fueron muy criticados y-peor aún, a su juicio- ignorados como irrelevantes por su mejor discípulo de las Provincias Unidas, Henry Regius de la Universidad de Utrecht.

A partir del éxito del “Discurso” y de los “Ensayos”, Descartes inició la preparación de sus “Meditaciones metafísicas”, con miras a brindar un sólido fundamento metafísico de su física, según explicó a Mersenne. Y una vez más quiso una tirada de pocos ejemplares a fin de obtener comentarios que pudieran servirle de cara a una revisión previa a la edición para el público.

Mersenne siguió con este plan. Compiló dos remesas de objeciones y algunas de Thomas Hobbes, el materialista inglés que había escrito sobre el Estado; de Antoine Arnauld, un teólogo jansenista (antijesuita) de Port-Royal, y de Pierre Gassendi, un atomista epicúreo. Mersenne reunió todas estas objeciones y las publicó junto con las réplicas de Descartes en las “Meditaciones”, en un solo volumen. En 1642 apareció una segunda edición con un séptimo conjunto de objeciones de Pierre Bourdin, un sacerdote jesuita, y una “Carta a Dinet” de Descartes, en la que deploraba las objeciones de Bourdin y también de Voetius, el sacerdote calvinista ortodoxo de Utrecht que atacaba a Descartes y el cartesianismo. Descartes imploraba obsequiosamente a Diner –quien, a la sazón, era provincial de los jesuitas en Francia y confesor de Luis SIV-, que aclarase que Bourdin no hablaba en nombre de todos los jesuitas.

Descartes era un hombrecillo orgulloso, irascible y egocéntrico. Su ingenio era acre, se mostraba dogmático en cuanto a sus propios puntos de vista y acusaba a quienes disentían de interpretarlo mal o de ser imbéciles. Era suspicaz, rápido para ofenderse y encolerizarse, lento para aplacarse. Proclamaba que no lo afectaban los ataques personales, pero jamás olvidaba un insulto, un desaire o una injuria

LOS GEÓMETRAS
La tecnología computacional avanzó muy despacio en los siglos XVII, XVIII y XIX. En tiempos de Descartes, un campesino o un don nadie que fuera hábil en matemática podía ganarse la vida con sumas y restas. Pero era una tarea desagradable y tediosa. En la lista de matemáticos, Descartes figuraba en primer lugar, en segundo lugar Pierre de Fermat y Roberval el tercero. Toda la gente importante sabía que Descartes era el más grande. Ya en 1630 se quejaba de la gente que le enviaba problemas para resolver. Y en otra misiva de 1638 rogaba a Mersenne que no le enviara más problemas matemáticos.... Descartes estaba interesado en una forma más fructífera de la matemática que en meros ejercicios mentales.

Descartes consideraba útil algo que Beeckman le había mostrado en Breda en noviembre de 1618, esto es, una forma de física matemática que consistía en la construcción de modelos geométricos de los fenómenos naturales, tales como la presión del agua. Beeckman pidió a Descartes que elaborase la ley de los cuerpos en caída y un estudio de las vibraciones armónicas de las cuerdas, que Descartes expuso en Su “Compendio de música”, el 31 de diciembre de 1618. ... Descartes atribuía a Beeckman el mérito de haberle mostrado la posibilidad de aplicar las matemáticas –en concreto, la geometría-, a todos los fenómenos físicos, incluidas la anatomía y la fisiología.

Entonces llegó la noche de los sueño s , el 10 de noviembre de 1619. En su diario, Descartes escribió que había descubierto “la base de una ciencia maravillosa”. Un año después escribió que había comenzado a concebir “la base de una invención admirable. Esa ciencia maravillosa era la noción de una ciencia unificada, de modo tal que todos los fenómenos naturales podían estudiarse y comprenderse con un solo método, que era una generalización del procedimiento analítico que utilizaba para resolver problemas matemáticos y que incluyó en el “Discurso del método”, esbozado en cuatro pasos:
1. Nunca asumir como verdadero aquello que no conozca evidentemente por tal.
2. Dividir cada dificultad que examino en tantas partes como sea posible y como se requiera para una mejor resolución.
3. Dirigir mis pensamientos en orden, empezando por los objetos más simples, y después de conocerlos de forma adecuada, ascender lenta y gradualmente al conocimiento de lo más complicado, y asumir un orden entre aquellos que no se preceden entre sí de un modo natural.
4. Efectuar enumeraciones tan completas, y reseñas tan generales, que esté seguro de no haber omitido nada.

La invención admirable era su método más específico de geometría analítica, a saber, representar cantidades mediante líneas y líneas mediante símbolos algebraicos. Con este método los problemas geométricos podían representarse y resolverse algebraicamente, y los problemas algebraicos, mediante la geometría. La combinación de todo ello permitió a Descartes ver la física y la fisiología como la mera matemática de los cuerpos móviles. Descartes realizó estos descubrimientos a los 23 y 24 años. A los 24 años ya había llevado su gran descubrimiento tan lejos como podía (Leibniz y Newton lo aplicaron al cálculo infinitesimal en la generación siguiente). La vida de Descartes como matemático creativo había concluido. No se le ocurrió explorar más. Pero durante otros veinte años impresionó a la gente con su habilidad para resolver problemas matemáticos. No le interesaba aplicar su método matemático a la resolución de problemas de óptica y mecánica.

Descartes explicó el fenómeno de la refracción (la proporción entre los senos de los ángulos de incidencia y refracción para dos medios dados cualesquiera es una constante), conocida como la Ley de Snell, y elaboró la matemática de las cinco máquinas simples: palanca, tornillo, plano inclinado, cuña y torno. Dio la descripción matemática correcta de la formación del arco iris mediante la refracción en las gotas de agua. Pero nunca elaboró una física matemática dinámica, como Newton. Al igual que Beeckman, Descartes señaló la dirección correcta al fomentar la aplicación de la matemática a la física, pero él se consagró a estudios no matemáticos de anatomía y fisiología, aunque las abordaba como una clase de mecánica. Descartes creía descubrir las relaciones y pruebas matemáticas. Dios las creó y son eternamente verdaderas porque Él las hizo así. ...

La geometría con regla y compás era la reina de las ciencias matemáticas en la primera mitad del siglo XVII, y muchos miembros de la nobleza la practicaban como pasatiempo, como pasión e, incluso, como juego obsesivo. La mayoría de los amigos geómetras de Descartes, pues, eran ricos y nobles. Había otros juegos matemáticos que apasionaban: los juegos de naipes. Descartes hizo varias referencias a su amor por el juego.

El método cartesiano no era del todo nuevo. Había un antiguo método de análisis matemático atribuido a Apolonio de Perga, que Descartes pulió. Y, además, estaba el mayor matemático de la generación anterior, François Viète, que inventó el sistema moderno de representación de cuadrados, cubos, etc., con números volados (“a2”, “a3”, etc.). Descartes partió del viejo análisis y pulió el uso de los números volados, pero negó haber leído a Viète. Luego, alguien le ofreció el libro y objetó que no quería verlo.

Descartes elaboró la idea de representar cantidades y proporciones a través de líneas y mediante el trazado de una figura geométrica sobre lo que llamamos coordenadas cartesianas, de modo que un triángulo, por ejemplo, puede expresarse tanto geométrica como algebraicamente. Descartes dio un paso fundamental en el desarrollo de la matemática moderna, y lo sabía. El hombre tenía una exasperante conciencia de su absoluta superioridad en matemática.

LA PRINCESA ISABEL DE BOHEMIA
A principios de octubre de 1642, Alphonse de Pollot, amigo de Descartes en la corte de La Haya, le escribió acerca de la princesa Isabel de Bohemia, de 23 años. Isabel había leído el Discurso, los Ensayos y las Meditaciones y quería conocer al filósofo. Isabel hablaba inglés, alemán, francés, holandés e italiano, y conocía latín. Era muy buena en matemáticas y sus críticas a la metafísica son perspicaces. Descartes respondió a la princesa, aunque evadía e insultaba a muchos otros críticos.

Descartes sostenía que sólo hay dos sustancias en el mundo, a saber: mentes y cuerpos. Cada cual era capaz de existir a solas, con independencia de la otra (y, así, la mente o alma podía ser inmortal). La esencia del cuerpo era la extensión irreflexiva y pasiva. Las dos sustancias devenían opuestas por completo. Ahora bien, continuaba Descartes, un ser humano era la unión de mente y cuerpo, de tal modo que los cuerpos finitos actuaban sobre los órganos del hombre para generar imágenes sensoriales en su mente. Y ésta podía causar que el cuerpo se moviera, caminase y hablase.

He aquí la objeción de Isabel: ¿cómo podían interactuar? Los cuerpos se movían chocando y recibiendo empujones. Pero las mentes no podían conducirse así. Así, pues, Isabel preguntaba cómo era posible la interactuación de la mente y el cuerpo humanos. Descartes no podía resolver el problema y tuvo que explicar a Isabel que sabía que era posible porque los seres humanos así lo experimentaban y Dios lo hacía posible. Esta respuesta no satisfizo a la princesa.

Es indudable que Isabel y Descartes simpatizaban. Lo más increíble de la relación de Descartes con Isabel es que él le dedicara sus Principios. La dedicatoria a Isabel debió de suponer una auténtica bofetada en la cara para los católicos. Para colmo, la princesa era, además de protestante, mujer.

Durante los últimos siete años de la vida de Descartes, rara vez disfrutó de la serenidad que –según confesaba a Isabel y a todo el mundo- era la única razón que lo había movido a mudarse a las Provincias Unidas. Pero su fortuna avanzó. La busca de paz y serenidad fue un tema recurrente en los escritos de Descartes. Pero sus publicaciones lo comprometían en continuas polémicas y no había manera de que este hombre se quedara tranquilo.

No obstante, la vida de Descartes fue, ante todo, una vida de escritor. Durante largos períodos de tiempo permanecía sentado en su habitación, escribiendo. ... Descartes no dejó manuscritos de sus borradores. Pero es evidente que trabajaba como un matemático, revisando sus ideas mentalmente una y otra vez.

LOS PREDICADORES

Un buen modo de buscarse problemas en las Provincias Unidas era discutir sobre religión o publicar –como hizo Descartes- algunas opiniones metafísicas que estuvieran en conflicto o con el calvinismo ortodoxo. Cuando estaba en Breda en 1618, los teólogos holandeses batallaban por el tema de la predestinación. Los calvinistas ortodoxos sostenían que la elección divina de los predestinados que habían de ir al cielo era arbitraria por completo desde el punto de vista humano. La fe, las buenas obras, nada de lo que el ser humano pudiera hacer habría de garantizarle un lugar. Por otra parte, los calvinistas remonstrantes –del latín, remonstrans, protesta- creían, que Dios predestinó a los elegidos a partir de su precognición de cómo habrían de portarse en libertad las personas, de modo que tanto la fe como las buenas obras pesarían en la elección divina. Cabía la posibilidad, pues, de que todos llegaran a salvarse. Los remonstrantes o arminianos pensaban que los caminos de Dios tenían que parecer razonables a los seres humanos, mientras que los ortodoxos sostenían que las vías del Señor trascienden la comprensión humana.

Las dos facciones también se enfrentaban en el aspecto político. Ambos grupos opinaban que el Estado debe combinarse con la religión para mantener el orden, pero los ortodoxos –conservadores y teocráticos- pensaban que los gobernantes debían subordinarse a la Iglesia, mientras que los remonstrantes –liberales y republicanos- sostenían que era la Iglesia la que tenía que subordinarse al Estado.

El príncipe Mauricio era un ateo que respaldaba a los ortodoxos por oportunismo, pues pensaba que lo coronarían rey o lo tratarían como tal. Los ortodoxos, por su parte, también respaldaban al príncipe Mauricio por mero interés, pues pensaban que aplastaría a los remonstrantes, que contaban con el apoyo de ricos y liberales empresarios de Amsterdam.

Al analizar la filosofía de Descartes, Voetius entendió que su énfasis en el poder de la razón humana respaldaba peligrosamente la perspectiva liberal remonstrante. Descartes sostenía que cualquiera que tuviese fe podía ir al cielo, como si la gracia se concediera a cualquiera que la desease. Y su visión optimista de la bondad humana se oponía por completo a la doctrina de la Caída del Hombre y la visión calvinista ortodoxa de una predestinación arbitraria.

Descartes pensaba en la teología católica de los jesuitas, no en los calvinistas. Con su elevado objetivo de dar explicaciones cartesianas del dogma católico (existencia de Dios, inmortalidad, transustanciación), Descartes tropezó con el avispero calvinista que, hasta entonces, había ignorado o desdeñado.

Regius fue el primer discípulo de Descartes, aunque se mostró díscolo casi desde el principio. Regius deseaba publicar un libro sobre física y Descartes le objetaba que no seguía su visión con exactitud. Regius publicó su física en1646. Sostenía que la unión del alma humana con el cuerpo humano era accidental, no sustancial como afirmaban Descartes y la Iglesia católica. A principios de 1648, Descartes renegó de su discípulo Regius cuando publico “Notas dirigidas contra un cierto programa”.

En 1641 Regius organizó una serie de disertaciones sobre física. Todo fue bien hasta que Regius arguyó que el alma y el cuerpo del hombre no los había unido Dios como un solo ser, sino que su unión era accidental. Esta afirmación ya era bastante grave de por sí, pero lo que convenció a Voetius de que Regius era enemigo de la religión ortodoxa fue su abierto apoyo a la teoría heliocéntrica.

El meollo del argumento era el siguiente: si el alma y el cuerpo estaban unidos como un solo ser, la resurrección del cuerpo era necesaria para vivir en el Paraíso. Pero si la unión era accidental, sólo el alma necesitaba morar en el Paraíso y no se requería, por tanto, la resurrección del cuerpo.

Voetius organizó debates para atacar las opiniones de Regius. Descartes, a pesar de que no se sentía demasiado feliz con la situación, aconsejó a Regius que respondiera, pues de lo contrario la gente pensaría que Voetius lo había derrotado. Descartes también dio a Regius el mal consejo de argumentar que la perspectiva aristotélica de Voetius conducía al concepto de que el alma era material, lo cual no era sino ateísmo.

En marzode 1641, se prohibió que Regius opinara sobre física y se proscribió la enseñanza de la nueva filosofía en Utrecht. (Las provincias unidas sólo estaban unidas para los asuntos exteriores y la defensa nacional. Un proceso legal iniciado en Utrecht en teoría no podía tocar a Descartes, quien era residente en Holanda) ... Descartes, no obstante, fue presa del pánico. ... Intervino el embajador francés i la cosa no fue a más... También el stadhouder intervino: por motivos relacionados con el equilibro entre Iglesia y Estado, quería restringir el poder de los predicadores.

Descartes dio pruebas de la existencia de Dios, pero Regius replicó que no se precisaban pruebas si uno tenía fe. Descartes también argumentó la inmortalidad del alma y, una vez más, Regius replicó que holgaban razones, pues la promesa divina de la inmortalidad era suficiente. Había que atenerse a la física. ... A Descartes le causó gran desconcierto la acusación de que él era ateo y su filosofía conducía al ateísmo. Varias veces declaró que la gente lo tachaba de escéptico porque había refutado el escepticismo y de ateo porque había demostrado la existencia de Dios. Sostenía que lo interpretan mal. O que distorsionaban sus ideas para atacarlo. ...

Lo cierto es que Descartes negaba la doctrina del pecado original al enfatizar la bondad natural del hombre. También parecía negar el infierno.

LA FRONDA

La familia de Descartes no conocía su domicilio en Holanda. En cuanto a los asuntos familiares, los únicos que preocupaban a Descartes se relacionaban con el dinero. Vivía de los intereses devengados por la venta de las propiedades.

Descartes nunca fue profesor. Quería formula una nueva filosofía de la naturaleza –física y fisiología- para que los profesores la enseñaran.

Parece ser que Descartes viajó a París en marzo de 1646 pues se le ofrecía una pensión del rey, pero en vista de la guerra civil que se cernía sobre París en agosto, Descartes decidió huir de la capital. Este episodio de 1648 se conoce en la historia francesa como la Fronda. Una fronde es una honda para arrojar piedras. En París, pandillas de jóvenes luchaban con hondas en las calles. Se lo consideraba ante todo un juego, pero uno podía perder un ojo e incluso la vida. Un día después de la marcha de Descartes de París se desmantelaron las barricadas y el Parlamento obtuvo un triunfo momentáneo. Con el tiempo, el Gran Condé apoyaría con todo su poder a Mazarino y la reina ana, quienes salieron victoriosos en 1652.

He aquí la cuestión en pocas palabras: Descartes estaba decidido a ser cortesano; se alejaría de la pintoresca campiña holandesa, renunciaría a la soledad (empezaba a causarle hastío) y escaparía de los teólogos protestantes (que chillaban como marranos). ... Descartes cambiaría de vida... para ir a Suecia.

Descartes no había sido instructor de Luis XIV, pero la princesa Isabel había estudiado sus obras. Ahora, la reina Cristina, por derecho de conquista una de las monarcas más fuertes de Europa, con ejércitos tan poderosos como Francia (y con finanzas igualmente caóticas), lo llamaba a su corte. Y no sólo como espécimen zoológico, sino como profesor particular de filosofía, algo que, desde un planteamiento objetivo, era la gloria para un filósofo. Y una compensación por los ataques sufridos. En una época, además, en que él admitía que su trabajo en medicina no andaba tan bien como habría querido. Descartes debía de estar eufórico. ...

Sin embargo no estaba Descartes tan complacido con la invitación de Estocolmo. Tenía 52 años que lo agobiaban con el auténtico peso de la vejez. Estaba cansado. Y con buenos motivos. Dos viajes a París en dos años consecutivos, en busca de una pensión que había derivado en menos que nada. Sus perspectivas se habían desmoronado. Su último acto en la escena parisina había sido de cobardía, y lo habían puesto en ridículo. También estaba un poco magullado en la zona de la autoestima...

CONCLUSIÓN
Dualismo cartesiano
Uno de los temas principales del dualismo cartesiano está resumido en un dicho de su época: Si es inmaterial, es inmortal. Como el alma no es ilimitada y no tiene partes, no puede desintegrarse. Cuando nuestro cuerpo muere y se descompone, nuestra alma se libera ya que no puede pudrirse como el cuerpo. Si es inmaterial, es inmortal. Éste es el principio en que se sustenta la noción cartesiana –la noción occidental- de que el alma está separada por completo del cuerpo, y de que el alma no se ve afectada en modo alguno cuando el cuerpo muere.
El dualismo cartesiano, con el alma separada del cuerpo, respalda la creencia cristiana en la vida después de la muerte y en la inmortalidad del alma humana...

Descartes era un viviseccionista. ... Fue el primer fisiólogo que elaboró en detalle la teoría del arco reflejo de estímulo y respuesta. Es un paso esencial para comprender los mecanismos cibernéticos de estado continuo y la evolución: según Descartes, cada impacto en un órgano sensorial produce un tirón de características únicas en las fibras de los nervios, que son huecos. Por ejemplo, las fibras de los nervios oculares sufren un tirón diferente por cada longitud de onda de luz que incide en el ojo. ... El cuerpo recibe estímulos y responde como una máquina... Y se anticipó a Pavlov en lo concerniente a los reflejos condicionados. ... En términos generales, Descartes tenía razón en cuanto al funcionamiento de la máquina animal. La biología, pues, ha sido cartesiana desde entonces.

La teoría cartesiana del estímulo y la respuesta es la misma que se enseña hoy en las facultades de Medicina y en los departamentos de Biología y Psicología. Los detalles son diferentes, pero los principios son los mismos. Por cada estímulo sobre los órganos sensoriales, los nervios transportan esa energía hasta el cerebro, donde se registra como un estado cerebral o una configuración de red neuronal propia de ese estímulo.

Este modelo mecanicista del cuerpo y del cerebro es una explicación de cómo funciona la máquina animal de acuerdo con las leyes físicas. Así puede usarse para predecir y controlar el movimiento de los cuerpos animales. El método cartesiano constituye un inmenso avance sobre la noción aristotélica y escolástica de que todo se comporta tal como lo hace porque está en la naturaleza de cada cosa hacerlo de ese modo. La crítica clásica a estas explicaciones animistas, que apelan a los deseos de una cosa o de la naturaleza, la realizó Moliere. En su obra el enfermo imaginario, el médico explica que el opio nos duerme porque tiene poder dormitivo. Es decir, el opio nos duerme porque el opio tiene poder para dormirnos. Fin de la explicación. Pero al usar los modelos mecanicistas cartesianos, podemos demostrar que el opio desactiva interruptores cerebrales para poner el cuerpo en ese estado inactivo que llamamos sueño.

Al entender el cuerpo como una máquina, podemos controlarlo sin haber de valernos de la noción de espíritu, alma o naturaleza. La explicación mecanicista sólo recurre al modo de interacción entre las partes de las cosas. En este sentido, es por completo conductista.

El modelo clásico de la percepción sensorial humana es como un cinematógrafo, con un hombrecillo dentro de la cabeza que ve en una pantalla lo que sucede en el exterior. Ese hombrecillo es el alma humana, el fantasma en la máquina. Está conectado con la glándula pineal (o, en términos actuales, con todo el cerebro). Pero veamos con atención: la pantalla no está en el cerebro, sino que se halla en el alma o la mente. Está en el hombrecillo mismo y éste tiene la capacidad –libre albedrío- para cancelar las respuestas naturales del cuerpo y obligarlo a hacer lo que él desee.

Los movimientos de la glándula pineal o las activaciones de la red neuronal del cerebro causan la proyección en la pantalla de la mente, que no es otra cosa que la representación o imagen de lo que acontece en el mundo externo. Esta representación está en todo modelo sensorial: pasional, cinético, visual, táctil, auditivo, olfativo y gustativo. Y sólo el alma humana del animal humano tiene esta proyección de pasiones, placeres y dolores, orientación corporal, imágenes coloreadas, sentimientos táctiles, sonidos, olores y sabores. Sólo el alma humana es consciente. Allí está, alerta en el cerebro, como el capitán de un barco o el piloto en la cabina de su avión, mirando la pantalla y apoyando manos fantasmales en los controles para impartir órdenes al cuerpo. En rigor, Descartes no afirmó de hecho que el alma estuviese en el cuerpo como un capitán en un barco, sino que estaba en unión con el cuerpo. Pero su descripción del sentido de esta unión evoca el modo en que un conductor percibe los movimientos del automóvil que dirige. Así que Descartes se queda con el fantasma en la máquina, a pesar de todo. Y entonces aparece el revesado problema mente-cuerpo ... Además, el problema tiene dos partes: causación y conciencia.

Si el alma es ilimitada ¿cómo puede actuar sobre un cuerpo limitado? Ni las almas pueden mover cuerpos, ni los cuerpos pueden hacer que las almas sientan nada. La interacción causal entre lamente y el cuerpo es, por tanto, imposible. Pero supongamos que existe una interacción causal y, como Descartes arguyó, concluyamos que, puesto que es obvio que tenemos cuerpo y alma, y también lo es que éstos interactúan, entonces, está claro que Dios tiene poder suficiente para lograr que esto ocurra.

El modelo cartesiano del cerebro suscita un gran problema para los mentalistas como el propio Descartes. Él demostró que la mente-alma (el fantasma en la máquina) sabe lo que sucede en el exterior sólo al observar el espectáculo sensorial en el cine de la mente. Estas proyecciones interiores las originan acontecimientos cerebrales que dejan huellas en el cerebro. Así, cuando la mente-alma quiere recordar algo, revisa las huellas trazadas en el cerebro por acontecimientos pasados. Louis de la Forge, un discípulo de Descartes, destacaba la perturbadora implicación de que al morir el cuerpo y desintegrarse el cerebro, la mente-alma sobreviviente ya no tiene acceso a las huellas de memoria dejadas en el cerebro. Así, tras la muerte, el alma no puede acordarse de su vida terrenal. Un alma incorpórea es incapaz de recordar la persona que era cuando estaba unida a un cuerpo.

Siempre que el cuerpo se mueve siguiendo órdenes de la ente, ocurre un milagro. Malebranche, el religioso cartesiano famoso por dar patadas a una perra, incluso aceptaba que esto era verdad. La mente y el cuerpo no interactúan, opinaba. Sólo aparentan hacerlo. Cuando deseamos levantar el brazo, por ejemplo, Dios lo hace de forma milagrosa. La mayoría de los mentalistas modernos no resuelven el problema de la causación con esta solución ocasionalista. Pero todavía invocan a Dios para explicar la interacción.

He aquí el cuadro general. La batalla por el alma humana se generó a partir de dos doctrinas centrales de la filosofía de Descartes. La primera de ellas, que nuestro yo real, nuestra persona, es una mente-alma que tiene una existencia independiente del cuerpo, y que esta mente-alma ordena y controla el cuerpo como un fantasma en una máquina.

La segunda doctrina crucial de Descartes es que todos los animales –incluidos los humanos- son máquinas que se comportan de un modo u otro porque responden a estímulos externos del ámbito material, en estricto acuerdo con las leyes de la física y la neurofisiología.

Estas dos doctrinas cartesianas se contradicen mutuamente. Si nuestro cuerpo lo rigen estas leyes naturales, entonces ninguna mente-alma independiente puede actuar sobre él para causar que se comporte de modos contrarios a aquéllas. Si mi cuerpo es una máquina, parece que no soy libre de seguir escribiendo o dejar de escribir. Hago lo que mi cuerpo debe hacer. Pero si soy mi cuerpo, hago lo que quiero hacer.

Parece un acertijo. Spinoza fue uno de los discípulos de Descartes famosos por argumentar que todos nuestros actos son absoluta y totalmente determinados, y que eso nos hace libres. Cuanto más ejercitemos la voluntad para hacer lo que de todos modos debemos hacer, más libres seremos.


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