3/11/2011

EL PAPEL DE LA FILOSOFIA PARA MARTIN HEIDEGGER

Posted by Edwin Yanes on viernes, marzo 11, 2011 in , ,
La filosofía no arraiga en una parte de la existencia, sino en toda la existencia. Por el mismo hecho de vivir, ya estamos metidos de lleno en la filosofía.

Retrato de Martín Heidegger - Nietzscheana.com

Heidegger en Ser y tiempo dice que estamos abocados al espacio de la cotidianidad. Con ello, lo que quiere es liberar a la filosofía del imperativo temporal, hacerla inactual. Para Heidegger, el discurso filosófico no está regido por ninguna instancia ajena al mismo. No se le dice lo que tiene que hacer o decir. La filosofía es ley de sí misma: responde ante sí de sí misma.

La relación entre el discurso filosófico y su autor
Heidegger insinúa una peculiar relación entre el discurso filosófico y el autor del mismo (diferente al químico con la química, por ejemplo): es algo del sujeto mismo (particular) lo que se expresa en el discurso de la filosofía. La ley del desarrollo y el despliegue está en su mismo interior. Esto es lo que diferencia a la filosofía del conjunto de los saberes.

No hay un afuera de la filosofía (se agota y consume en su propio interior). Por eso la filosofía no es algo que se aprenda como un saber técnico ni que se aplique de modo inmediato. No se resume en un conjunto de reglas o métodos. No es un proceder pautado.

Semejanzas de la filosofía con otros saberes
La filosofía, según Hedegger, se parece al arte: uno puede aprender el dominio de una serie de técnicas, pero eso no le garantiza ser un artista. Como en el arte, también hay una técnica en la filosofía, pero eso no garantiza la realización de un trabajo genuinamente filosófico.
La analogía extrema, máxima, es con la propia vida. Vivir es lo que no se enseña, no se aprende y, sin embargo, se vive.

La verdad de los saberes contra la verdad vital
Heidegger distingue entre la verdad de los saberes, conocimientos y discursos y la verdad de cada uno (verdad vital, existencial). La primera radica en la concordancia entre lo que se dice y lo que hay. En el segundo caso, esa verdad radica en el hecho de que aquieta la inquietud de nuestra inteligencia (neutraliza nuestra inquietud, responde a una pregunta, rellena el hueco de lo que no sabíamos pero necesitábamos saber).

Eso es lo que decían tanto Sócrates como Platón cuando apelaban al carácter primordial de la inquietud y el no saber. El punto de partida del saber es el no-saber. El hombre no es una realidad plena y consumada, es algo por hacer. El vivir del hombre está atravesado por el hueco, la falta, la inquietud. Si no es capaz de reconocer lo que le hace falta no estará en disposición de aprender esos saberes. Como dice Gadamer en Verdad y método: “todo texto o saber tiene la forma de la respuesta y no comprenderemos ese saber hasta que no sepamos las preguntas”.

El carácter de la vida y la existencia
Si el hombre no es una plenitud, algo acabado, esa inquietud que sosiega la verdad se convierte en desorientación. Ortega y Gasset dice que la vida del hombre es radical desorientación (la desorientación no es un añadido, es la vida misma). Vivimos desorientados y por ello buscamos orientación. Y en eso consiste la filosofía.
 La cultura en general no es sino una maquinaria de orientación que el hombre se construye para librar esa inquietud. La situación del hombre es estar perdido y por eso existe la filosofía.

El papel de la filosofía
La filosofía cumple así, para Heidegger, un papel esencial en la vida humana: ocupa el vacío que dejan nuestras inquietudes, sirve de brújula para orientarnos en nuestra desorientación. La desorientación remite a lo más propio de la experiencia filosófica: sólo hay filosofía cuando se atraviesan de manera cuestionable los límites. Eso no sólo es lo más propio de la filosofía, sino también lo más propio de la vida.

El camino de la filosofía no está trazado de antemano sino que forma parte de las decisiones de la vida.

Fuente: http://www.filosofia.mx/index.php?/perse/archivos/el_papel_de_la_filosofia_para_martin_heidegger