3/10/2011

EL PROBLEMA DE LA REGILION Y LA SOLUCION DE SCHOPENHAUER

Posted by Edwin Yanes on jueves, marzo 10, 2011 in , ,
Una precisa reconstrucción del pensar del filósofo alemán. El problema de la religión y la solución de Schopenhauer.

Manuel Suances Marcos consigue en Arthur Schopenhauer: Religión y metafísica de la voluntad una exposición bien trabada del conjunto del pensamiento del genial filósofo alemán. El tema de la religión centra la problemática que se quiere esclarecer en detalle, pero para lograrlo precisa replantear el sistema total de la filosofía schopenhaueriana, siendo su concepción religiosa inseparable del conjunto de su sistema. Agradecemos al profesor de Historia de la Filosofía moderna y contemporánea de la UNED que haya conseguido una precisa y clara reconstrucción del filósofo de la Voluntad. 


En las últimas cuarenta páginas, en el balance crítico, el profesor Suances Marcos ajusta su propia visión de la religión con la mantenida por el filósofo de Danzig y apunta una serie de conclusiones que pasamos ahora a enumerar. 

En primer lugar, según Suances Schopenhauer tendría razón en partir de Kant al aceptar que el tema de la verdad de la religión no puede dirimirse desde el método científico. 


En segundo lugar, tendría razón también cuando ve la explicación a través de una metafísica que no incurre ni en la limitación del materialismo naturalista (que todo lo condiciona a la ciencia) ni en la parcialidad del idealismo (donde el sujeto lo pone todo). 


En tercer lugar, tendría razón al separar el mundo fenoménico (regido por la ley de causalidad) de la realidad en sí (noúmeno, que no se rige por las leyes habituales espacio-temporales). 


En cuarto lugar, tendría razón cuando pone en paralelo el pensamiento de la filosofía con el de las religiones superiores, para el alemán el cristianismo primitivo y el hinduismo (brahmanismo y budismo), en cuanto por ambos caminos se llega igualmente a la verdadera y superior moralidad. 


Pero a partir de ahí, el profesor titular de la UNED se distanciará de las tesis del filósofo de la Voluntad, porque no es verdad que la filosofía sea la única vía a recorrer en el futuro por una humanidad regenerada de su estupidez mientras que la religión haya de verse como el modo en que se ha dirigido hasta el presente la moralidad de un vulgo incapaz de filosofar. Manuel Suances prefiere en este punto, en el que está en juego si el ser humano es persona metafísica o no, la vía que trazan Zubiri y Max Scheler, a través de la idea de religación entre una realidad en sí (el ser absolutamente absoluto) y la realidad humana (un ser relativamente absoluto). 


En la medida en que leer filosofía tiene como función de utilidad personal el forzar y ayudar a pensar por uno mismo, veamos lo que a mí me sugieren estos análisis de Suances sobre Schopenhauer, con el fin de que el lector pueda elevar su propio discurso más allá de estas líneas.
La historia de las religiones es la historia de una manifestación antropológica muy profunda (posiblemente tan antigua como el nacimiento del homo sapiens) pero es también la historia de un falso conocimiento. 

Lo que las religiones tienen en común, y que puede ser interpretado como lo que comparten de verdadero, nos revela, en definitiva, el afán «metafísico» de que es capaz el ser humano: misterios, magia, mitos, númenes, sacralidad, moralidad absoluta, ideas de trascendencia, ideas de totalidad, ideas de génesis absoluta, ideas de infinito. 


Las respuestas dadas por las distintas religiones positivas están contaminadas de aspectos históricos, culturales, políticos, coyunturales y de intereses acríticos, y entre ellas no comparten sino el mero afán humano de búsqueda en lo «misterioso». En lo demás no se ponen de acuerdo, están en lucha o se ignoran. Dejarse arropar moral o culturalmente por una religión concreta (Descartes recomendada seguir la religión de nuestros padres) supone dejarse atrapar por algún tipo de chantaje racional que limita de alguna manera nuestro modo de pensar, de sentir y de actuar. Y por otra parte, la religiosidad en general nada nos añade que no pueda obtenerse por otros medios: piedad, humanidad, justicia o «gracia» y santidad incluidas. Personas como Jovellanos fueron religiosas, de manera muy personalizada, porque tuvo que defender que la «más pura moralidad» no podía proceder de una razón atea e irreligiosa; estaba convencido de que el mero utilitarismo, el relativismo, el individualismo y la falta de humanidad se derivaban de la irreligión. Pero puede demostrarse lo contrario; si se hace ayudado de la teoría de la evolución, mucho mejor. 


A una conducta irreligiosa no le interesa convencer a los que necesitan de religión -quizás esa vía «estética» se ajuste mejor a un determinado equilibrio existencial- pero sí se esfuerza en que el poder religioso no contamine al poder político. La razón es ésta: la aportación que las ideas religiosas pueden hacer en nuestros días, no puede ser sino ética, pero si son ideas éticas serán universales y ya no se necesitará que vengan acompañadas de un afán religioso concreto, que no es universal. En cuanto a las ideas morales, que son valores que están en disputa (teístas frente a deístas, panteístas, budistas y ateos?, unos frente a otros con sus distintos valores; o los enfrentamientos de tipo ideológico), no pueden mediarse sino a través de la idea de justicia; pero la justicia no puede ser aplicada en nombre de la justicia de Dios, porque ésta ha dejado de ser universal (vivimos en el tiempo en que incluso para los creyentes sucede «etsi Deus non daretur»: como si Dios no existiera, lo dice el teólogo Bonhoeffer). 


El problema hoy no es tanto qué religión se tiene o no, sino qué ontología se admite: hay que elegir entre trascendencia e inmanencia, y entre monismo y pluralismo, y entre espiritualismo y materialismo. 

Los que admiten la trascendencia cargan con un problema añadido que puede resolverse en la inmanencia; y quien introduce un elemento innecesario ha de dar cuenta de él y de sus contradicciones. 


Los que admiten el monismo tendrán que saber (o ignorar) cómo derivan de ahí la pluralidad de las cosas. La doctrina de Schopenhauer fue en esto la señal de un relevo del monoteísmo por una metafísica atea monista: todo procede de una Voluntad creadora infinita e impersonal, realidad en sí, pero todo lo que sale de ella no es sino parcialidad y limitación y en definitiva dolor; por eso tendrían razón para el alemán los budistas cuando aspiran no al cielo sino al nirvana. 


Los que apelan al espiritualismo tienen el problema añadido de explicar cómo los espíritus se apoyan en la materia. Porque si se es materialista y pluralista, el llamado «espíritu» sale de la misma materia, ya que esta se compone de géneros diversos. 

La religiosidad ha dejado de ser el problema central de la humanidad, como viene a indicar Schopenhauer, pero la actitud de coherencia, de racionalidad y de no simplificación siguen siendo un reto profundamente humano.