8/16/2011

EL DISCURSO FILOSOFICO DE FOUCAULT Y HABERMAS

Posted by Edwin Yanes on martes, agosto 16, 2011 in , | 1 comment
Por: Juan Cano de Pablo
Este artículo tiene la intención de dar una visión general del tema principal desarrollado en la asignatura: "Crítica del poder: Foucault y Habermas". Para ello partiremos de los interrogantes básicos que nos surgen cuando echamos un vistazo a nuestra realidad cotidiana. Una vez visto esto nos asomaremos al discurso filosófico de Foucault y de Habermas con objeto de vislumbrar las soluciones que plantean. Pero antes de nada veamos algunas cuestiones previas.
525035_70% Off at SuppliesOutlet.com Sociedad y sistema.


Todo ser humano tiene que vivir en sociedad. Hay muchos tipos de sociedades, pero básicamente pueden distinguirse dos en base a su sistema económico: De subsistencia y excedentarias.

Definamos la ética como costumbre, ya que viene del griego ethika, de ethos, "comportamiento", "costumbre", principios o pautas de la conducta humana, a menudo y de forma impropia llamada moral (del latín mores, "costumbre"). La ética o la moral, como se prefiera, proporciona un contenido normativo que viene dado de manera "natural" por así decir.

Definamos ahora axiología (del griego axios, "lo que es valioso o estimable", y logos, "ciencia"), teoría del valor o de lo que se considera valioso. La axiología no sólo trata de los valores positivos, sino también de los valores negativos, analizando los principios que permiten considerar que algo es o no valioso, y considerando los fundamentos de tal juicio.

Los filósofos han intentado determinar la bondad en la conducta de acuerdo con dos principios fundamentales y han considerado algunos tipos de conducta buenos en sí mismos o buenos porque se adaptan a un modelo moral concreto. El primero implica un valor final o summum bonum, deseable en sí mismo. El segundo propone el medio para alcanzar un fin. El primero es la ética propiamente dicha, ya que lo que trata de garantizar es la vida de los miembros de una sociedad. El segundo es la axiología desde en momento en el que el fin que quiere alcanzar ya no sea el mismo de la moral (en cuyo caso sería una "ética axiológica"), sino el beneficio de unos pocos.

La moral proporciona el contenido normativo a una sociedad. La axiología proporciona el contenido normativo a un sistema. Sociedad y sistema son inseparables, es decir, toda sociedad tiene un sistema. Pero es la sociedad la que soporta el sistema y no al contrario.

En las sociedades con una economía subsitencial, ética y axiología coinciden, ya que su sistema económico no permite una pluralidad de sistemas normativos. Sin embargo, las sociedades con economías excedentarias recurrentes permiten la existencia de diferentes sistemas económicos y por consiguiente de distintas axiologías.

Centrémonos en este último tipo de sociedades. En ellas se puede elegir un sistema u otro, pero al menos un sistema tiene que dirigirla. Tenemos, pues, que sociedad y sistema tienen un contenido normativo que no tiene porque ser el mismo, que dependiendo de los casos podrá ser contradictorio, igual o equivalente.
Ambos contenidos normativos tienen detrás el poder. La diferencia estriba en que si bien la moral pretende repartirlo, la axiología intenta concentrarlo. También sucede que debido a la "insociable sociabilidad del ser humano", tanto las sociedades como los sistemas son un mal necesario ya que pueden pasarse de represivas.

Hay casos en los que un mismo sistema domina varias sociedades, bien sea por imposición, por conveniencia o por necesidad. Esto ocurrió con la religión en los sistemas preindustriales. En los sistemas industriales ocurre con el capitalismo, cuya axiología viene diseñada por las ciencias. Cuando esto sucede y la axiología del sistema imperante supera a la ética de las sociedades se produce lo que unos llaman reclusión y otros sociedad de bienestar.

Contra el sistema.

¿Qué significa ir contra el sistema? Todo el mundo parece echar pestes contra él. Está claro que el sistema sólo proporciona libertad, igualdad y fraternidad para unos pocos. Está claro que el sistema no es equitativo, pero ¿hasta qué punto es prescindible? ¿hasta qué punto puede hacerse algo sin disciplina? ¿hasta qué punto estamos dispuestos a renunciar a lo que tenemos?
Hace unos años le preguntaban a Alfonso Guerra cómo estaba la puerta de Europa, él contestó que estaba "entorná". No puede ser de otra manera. La tarta de Europa se reparte y si los comensales son muchos, cada vez se toca a menos. ¿Estamos dispuestos a renunciar al nivel de vida que tenemos?. Y no habrá quien diga ¡sí!, ¡yo sí!, mientras aparta el móvil de su oreja. Naturalmente, la concentración de poder sólo beneficia a unos pocos, la capacidad corruptora del poder alcanza incluso a los dioses, como dijo Tolkien. El sistema es necesario, sin embargo es el germen del totalitarismo, aunque este sea un totalitarismo soterrado desde que las ciencias se hicieron con el poder.

El anarquismo resulta inviable, el comunismo fracasó, parece que lo único que funciona es el capitalismo. El capitalismo, que al mismo tiempo que sacia el hambre esclaviza a las personas, que es capaz de reabsorber cualquier intento de crítica porque en sí mismo es perfecto. Es el sistema que permite exponer a Foucault su indignación y a Habermas su propuesta para alcanzar el consenso, pero solamente porque le son inofensivas e incluso beneficiosas. Y sin embargo ¿qué mejor que conocer el engaño? ¿acaso hay otra manera de ser "libres"?
¿Es posible criticar el poder? ¿a qué tipo de poder nos estamos refiriendo? ¿sirve de algo la acción comunicativa habermasiana? ¿es posible el diálogo? ¿qué valor tiene el consenso? ¿es lícito crear por consenso, por ejemplo, la facultad de ciencias de los agujeros de botijo? Y si no lo hay, ¿qué hay en su lugar? ¿todos a golpes? ¿todos sometidos?. Esta es la aporía que urge dilucidar. ¿Nos ayudará la filosofía? Y si no ¿para qué malgastar el tiempo en ella?


Crítica del poder: Foucault y Habermas.

Arrojar luz sobre estas cuestiones es lo que se propone el profesor López Molina en la asignatura: "Crítica del poder: Foucault y Habermas". El hilo conductor es el debate que se establece entre Habermas y Foucault acerca del poder, en el cual se clarifican ambas propuestas como las dos caras de una misma moneda. Tratemos de ver sucintamente el núcleo de dichas posturas.

Existe una visión de la historia de las ciencias humanas que admira cómo se han ido constituyendo éstas en los siglos XVIII y XIX. La propuesta Foucaultiana es la de ver las cesuras y los problemas de la constitución de esas ciencias tanto en su parte beneficiosa como en su parte más soterrada, porque si bien es cierto que han surgido de muchos modos, no es menos cierto que han progresado como un intento de servir al poder. Han surgido con el propósito de crear un estado, un sistema social planificado y controlado "científicamente". De esta manera la visión que se comienza a tener de los saberes es borrosa ya que no es tan interesante como en un principio parece, sino que estos saberes han estado desde un principio al servicio de un poder supremo ejerciendo unas prácticas cuando menos oscuras.
En este sentido Foucault piensa que la psicología clínica, la pedagogía, la sociología, la politología, y la antropología cultural proporcionan tecnología del poder, terapias, técnicas sociales para apoderarse del individuo, para recluirlo y así impedir cualquier posibilidad que no sea la racionalidad instrumental.

Para llevar a cabo este análisis Foucault propone la construcción de una arqueología de las ciencias humanas, su método es el método arqueológico y el método genealógico. Con este método se propone realizar una investigación sobre las ciencias humanas en la cual se analice el discurso filosófico, científico, literario, las prácticas sociales y las prácticas que posibilitan esas ciencias al mismo tiempo; de tal modo que se produzca una interacción especial entre lo que es la liberación y la esclavitud. La arqueología de las ciencias humanas propone ver las cesuras y los problemas que están en el origen de las ciencias humanas, es decir, la aparición de la ciencia como propuesta de ilustración y como práctica de esclavitud. Pone de manifiesto el doble sentido de toda aparición del discurso científico. Es en este sentido en el que la arqueología se une con la genealogía para analizar los orígenes de todas esas prácticas científicas. La propuesta foucaultiana va expresamente en contra de la hermenéutica en cualquiera de sus formas. Lo que en la arqueología nos importa delimitar es el margen, lo negativo, lo que el historiador no ha utilizado. A la hora de valorar un texto, tanta importancia tiene lo que se dice, como lo que se excluye. De este modo tenemos que en la arqueología es clave la exclusión de elementos que son importantes en el discurso.

Las prácticas que conlleva ese discurso (sobre todo el discurso científico) van unidas al concepto de disciplina, al concepto de fuerzas socializadoras, a la voluntad de sistema. La arqueología y la genealogía quieren poner en claro qué discurso hay excluyente en ese mensaje, puesto que lo que no se dice en el mensaje es que la voluntad de sistema (que es la voluntad de verdad) tiene detrás la voluntad de poder. De esta manera resulta que al mismo nivel de la aparición de diversas ciencias, lo que llevaría un proceso de liberación de la sociedad en sí mismo, lleva al mismo tiempo a un proceso de esclavitud y condenación de múltiples individuos. Con esto sucede un paralelismo entre lo que llamaríamos las ciencias mismas y la disciplina, convirtiéndose la disciplina en fuerzas socializadoras.

Pasos a seguir.

Para Foucault toda conciencia histórica intenta lanzar un puente entre el pasado y el futuro, siendo ese puente el presente. De este modo la conciencia histórica establece unos vínculos hacia el futuro, pero desde el presente. Foucault aniquila el privilegio del presente y pone en su lugar la genealogía, lo que llama los inicios contingentes de las poblaciones humanas. Nos encontramos ante elementos sociales que son sistematizados por el historiador. El historiador pretende construir la identidad del acontecimiento histórico desde su propia identidad.

Tenemos por tanto que lo que hay que hacer es:
• Suprimir el privilegio del presente.
• Potenciar los elementos contingentes del comienzo.
• Romper la identidad del historiador, o lo que es lo mismo, romper la voluntad de sistema.

El método arqueológico-genealógico de Foucault recupera lo excluido adrede y ese recuperar lo olvidado adrede es la clave interpretativa desde la cual podemos entender nuestra propia historia. Expresar la historia de la humanidad en las ciencias humanas como crítica a la razón, se hace ahora desde la categoría del poder. Mediante ese método Foucault pretende neutralizar las llamadas ciencias humanas y proponer que se ponga en su lugar su propia arqueología o genealogía del saber.

La destrucción de las ciencias humanas.

Para destruir las ciencias humanas mediante la arqueología, Foucault se remonta a las condiciones de posibilidad del discurso que está presente en esas ciencias humanas. Esa vuelta genealógica sigue la clave de la exclusión de múltiples discursos. Tras hacer todo esto se llega al concepto de poder como clave teórica desde la cual se establecen todos los discursos de las ciencias humanas.
Habermas afirma que Foucault llegó al concepto de poder desde dos ángulos distintos, el intuitivo y el trascendental. La experiencia fundamental de Foucault es descubrir que detrás de todos los discursos de la reconstrucción hermenéutica de las ciencias humanas, lo que hay es la exclusión de la categoría trascendental, que es la que hace posible todos los demás discursos y que es el concepto de poder. Se trata pues, de recuperar el concepto de poder como categoría trascendental de un nuevo discurso sobre las ciencias humanas construido según el método arqueológico-genealógico.

La contestación de Habermas.

Foucault piensa que tanto las ciencias de la naturaleza, como las ciencias del espíritu tienen un mismo origen (las tecnologías del poder) pero una doble diversificación. Las ciencias de la naturaleza ofrecen objetividad y verdad mientras que las ciencias humanas pretenden, en último término, la aniquilación del sujeto.
En el punto de vista de Habermas la pregunta es: ¿Cómo sostener esta distinción? ¿qué es lo que permite a Foucault mantener esta afirmación? ¿en qué sentido las ciencias humanas no son liberadoras? Habermas dice que lo que habría que hacer es una pragmática trascendental en términos de una teoría del conocimiento (como él hace en Conocimiento e interés) para demostrar que las ciencias humanas son contra-ilustradas.

Tenemos que en último término la intención de Foucault es la construcción de una historia genealógica de la humanidad que sea una anticiencia (que no sea una ciencia de los valores ni una ciencia participada por relaciones axiológicas) que supere las aporías de las ciencias humanas interpretadas como producto de la filosofía del sujeto. Foucault pretende construir las ciencias humanas intentando evitar las aporías y las dificultades en las que caen las ciencias humanas tradicionales.

En este sentido Habermas denuncia que este concepto de poder cae en las mismas aporías de las que Foucault acusa a las ciencias humanas. Habermas aplica a la teoría foucaultiana del poder la misma "medicina" que Foucault aplica a la teoría de la constitución trascendental kantiana, o a la misma teoría de la filosofía de la conciencia, o del sujeto trascendental kantiano. Para Habermas la historiografía genealógica de Foucault cae en tres aporías. Estas tres aporías son el presentismo, el relativismo y el criptonormativismo. Así pues, las investigaciones que Foucault lleva a cabo, en sí mismas no tienen validez universal, tienen un valor puramente relativo. Puesto que Foucault convierte la pretensión de validez en una verdad puramente ilusoria y empírica, eso mismo se puede achacar a sus propias investigaciones. El concepto de validez no iría más allá de sus propias investigaciones.

Foucault pretende tener una actitud meramente descriptiva. Quiere poner entre paréntesis todo concepto de pretensión de validez y a partir de ahí describir lo que se ve, lo que Max Weber llama neutralidad valorativa. Para Habermas la pretensión foucaultiana se queda en un vulgar intento. El discurso foucaultiano sólo puede ser aceptado en su parte negativa, es decir, para desenmascarar las exclusiones que la sociedad del bienestar lleva consigo. Sin embargo, según Habermas no acierta en que no da cuenta de lo positivo de la sociedad del bienestar. Esto sucede porque su discurso elimina toda posibilidad de acción comunicativa. La filosofía de Foucault sigue anclada en la filosofía de la conciencia y en el ámbito de la filosofía del sujeto. La teoría foucaultiana fracasa en querer escapar a la filosofía del sujeto.
Para Habermas el método de Foucault está muy bien construido, pero no es el método que Foucault sigue en sus propios discursos. En este punto es donde podemos encontrar lo que Habermas llama las exclusiones de Foucault, es decir, las incapacidades de la filosofía de Foucault para explicar múltiples aspectos de la realidad. Habermas se plantea la manera de explicar con los elementos de la filosofía de Foucault dos temas muy importantes: 1) El orden social, esto es, el estado actual que causa la sociedad de bienestar de la que se siente políticamente comprometido y de la que es parte Foucault. 2) La relaciones entre individuo y sociedad.

Habermas piensa que si todo es biopoder (el poder que está inserto en todos los ámbitos, que no vemos, pero que padecemos) como dice Foucault, la filosofía foucaultiana presenta un déficit bastante grave. Esto es así porque, por una parte, desde ese concepto de biopoder es imposible explicar el progreso social en términos de moralidad. Y en segundo lugar resulta imposible explicar las formaciones de la identidad personal ya que no hay categorías suficientes para explicar estos dos aspectos. Habermas piensa que el modelo foucaultiano de subsunción bajo las formas de poder, como única forma de explicación tanto del orden social como de las relaciones entre individuo y sociedad, produce un déficit categorial tan alto, que la teoría foucaultiana se siente incapaz de explicar lo que pretende explicar.

Las categorías que utiliza Foucault para explicar estos dos problemas serían: el modelo de procesos de avasallamiento por el poder y el modelo de acción estratégica o de acción instrumental. Frente a eso, el modelo habermasiano de la acción comunicativa supone la puesta en marcha de un ámbito de estudio en el que las categorías fundamentales serían los procesos orientados al entendimiento, procesos que están regidos por normas y valores. En último término el valor más importante de esos procesos es la búsqueda de la emancipación.

Así pues vemos que tanto Habermas como Foucault centran sus análisis en la búsqueda del valor que da sentido a todos los demás, es decir, la libertad.

1 COMENTARIOS/OPINIONES:

Publicar un comentario

Tus comentarios son el motor que me impulsan a seguir publicando...gracias.