2/21/2012

EL AMOR Y LA FILOSOFIA

Posted by Edwin Yanes on martes, febrero 21, 2012 in , | 2 comments
En las colonias jonias de Asia Menor hacia el siglo VI aC, nace una nueva manera de resolver con la reflexión racional los problemas que presentaba la naturaleza al hombre. Esta forma es un cambio de actitud ante las afirmaciones tradicionales acerca del mundo y el lugar que ocupa el hombre en él, sobre todo acerca de los orígenes de ambos. De una actitud tradicional, conservadora y acrítica, basada en el mito, se pasa a una actitud nueva, innovadora y crítica, que se expresa mediante teorías. Así nace la Filosofía, término griego que etimológicamente, se traduce como “amor a la sabiduría’‘.

 Sobre el amor escribe Platón hacia el año 385 aC una obra titulada “El Banquete’’ donde narra lo acontecido en una reunión que tuvo lugar en casa del aristócrata y poeta dramático Agatón. En su transcurso, cada uno de los invitados, como supuestos entendidos en la ciencia de lo bello, debía hacer un elogio al dios del amor, Eros. El diálogo se inicia con la intervención de Fedro, quien afirma que Eros es el más antiguo de los dioses y que está en el origen de todo bien y virtud. Continúa la narración con el elogio de Pausanias, el cual, en virtud de la doble concepción griega de la diosa Afrodita, distingue dos clases de amor: el que está bajo la tutela de Afrodita Urania (que corresponde a la homosexualidad aristocrática) y el protegido por Afrodita Pandemos (que se identifica con el amor heterosexual del pueblo).

Erisímaco, un médico seguidor de las teorías de Heráclito, afirma que esta bipolarización es comparable a la que existe entre el calor y el frío o entre lo seco y lo húmedo. Postula por ello la armonía de los contrarios que representa Eros, contribuyendo así al equilibrio universal. Inspirándose sin duda en Empédocles, Aristófanes evoca el mito de ese ser completo del que, por desgracia, sólo somos la otra mitad.

Efectivamente, el ser humano formaba un ser doble, compuesto por 8 miembros, dos caras y con sexos alternativamente idénticos o diferentes. Por eso, desde que el hombre fue castigado por impiedad, el amor es siempre el amor de alguien, es decir, la aspiración de recuperar la unidad perdida de ese ser gracias a Eros.
Por último, Agatón, buen discípulo de Gorgias, profiere numerosos epítetos de alabanza al dios del amor, al que considera preceptor de todos los dioses, además de ser Eros el más antiguo de los dioses, es también el más joven y delicado, y el origen de la poesía, la ciencia y las artes.

Sócrates advierte que es preciso examinar las cualidades enumeradas del dios en cuestión, y discernir así lo verdadero de lo falso. El amor es deseo, aspiración de algo (la belleza en este caso), pero, ¿poseemos siempre lo que deseamos?, pregunta. Tras responder Agatón que no, concluye Sócrates que también entonces a Eros le falta la belleza y, por tanto, carece igualmente de bondad.

Según Sócrates la profetisa sagrada llamada Diótima sostiene que Eros es en realidad un ser intermedio como lo demuestra su origen. Oscilando constantemente de la multiplicidad a la unidad, su inestabilidad le da más bien la apariencia de un demonio o semidios, intermedio entre lo divino y lo mortal.

A través de Sócrates, Platón indica la diferencia entre contemplar la apariencia de belleza y alcanzar la idea de belleza, o lo que es lo mismo, entre la apariencia de virtud y la virtud verdadera en las ideas.
Platón entiende que la filosofía es el arte de todas las artes y que la verdadera elocuencia depende de una procreación de la belleza absoluta, concebida en términos de retórica erótica.
Con el nacimiento del cristianismo, el Amor es identificado plenamente con Dios, ser sobrenatural, creador del mundo y del hombre a su imagen y semejanza. El hombre posee alma que constituye la instancia que lleva el sello de la inmaterialidad e intemporalidad y constituye el centro en el cual la persona encuentra su sentido único, en ella radica la capacidad de comunicación con otros sujetos y con Dios. A los fenómenos de unión con Dios en esta vida se les llama experiencias místicas.

La mística española, que florece durante la segunda mitad del siglo XVI, y que tiene en Teresa de Jesús, y Juan de la Cruz, sus grandes representantes y creadores, fundan sus ideas sobre la base de una morada o un castillo un camino como itinerario místico, con diversos aposentos y cuya entrada es la oración. Siendo como somos, es decir, criaturas dependientes de nuestros sentidos es necesaria la fe que nos prepara para recibir el Mensaje de la Cruz y que también nos conduce por su camino y nos hace participes de la crucifixión y encuentra su cumplimiento en la unión perfecta con Dios por amor.

Finalmente sobre este sentimiento tan sublime y que exalta nuestra condición de seres creados en el Amor la santa filósofa alemana Edith Stein comenta: “Dios es amor, éste es el punto de partida de san Agustín, y ésta ya de por sí es Trinidad. De hecho, el amor necesita un amante, un amado y el amor mismo’‘.

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