1/29/2013

ARISTÓTELES Y SU TRATADO DE ÉTICA

Posted by Edwin Yanes on martes, enero 29, 2013 in , , | No comments
En mi artículo anterior señalaba que otra de las obras trascendentales de Aristóteles es su tratado Ética a nicomaquea o Ética a Nicómaco, uno de los primeros tratados sobre ética y moral de la filosofía occidental.
Esta obra está compuesta de 10 libros y abarca un análisis de la relación del carácter y la inteligencia con la felicidad. Es el primer tratado sistemático sobre la ética. Como Platón y Sócrates, Aristóteles sostiene que la virtud nos ayuda a buscar la felicidad y esa es la base de la ética. A diferencia de Platón y Sócrates, Aristóteles enseña que la virtud no viene directamente del conocimiento, sino que requiere el hábito, que la felicidad no es un estado sino una actividad, y que el placer no es la felicidad sino una consecuencia de la virtud. 
Aristóteles empieza su obra definiendo lo esencial de la ética: El bien. Para ello introducirá el concepto de virtud, que será identificado con la costumbre del buen obrar. El estagirita establece que las virtudes han de ser de dos clases: Las virtudes llamadas éticas, morales o de carácter; especialmente la justicia, que vienen del alma desiderativa en tanto que ésta obedece a la razón; y las virtudes denominadas dianoéticas, intelectuales o racionales, que son las que permiten alcanzar la felicidad y vienen del alma racional misma. Después muestra cómo el placer tiene que ver también con la felicidad, y por lo mismo con la ética. Como el hombre es social, necesita amigos para alcanzar la felicidad completa. Esto le lleva a una descripción final de la felicidad que será la que se alcance por una actividad acorde con la virtud más excelsa.
Mutatis mutandi, su ética es, en primer lugar, una ética de la felicidad… pero también es una ética de la virtud ya que ésta es el medio por excelencia para alcanzar la felicidad.
Para Aristóteles la felicidad consiste en lograr la perfección de la propia naturaleza humana. Un ser es feliz cuando actúa de acuerdo a su naturaleza, consiguiendo la máxima perfección respecto a eso. He aquí dos de sus célebres frases, que han servido de guía y ejemplos para la humanidad: “El ignorante afirma, el sabio duda y reflexiona”; y “La inteligencia consiste no sólo en el conocimiento, sino también en la destreza de aplicar los conocimientos en la práctica”.  
Rodulfo Celis Vargas

Fuente: http://www.filosofia.mx/

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