2/11/2013

LOS GRIEGOS Y LAS DROGAS

Posted by Edwin Yanes on lunes, febrero 11, 2013 in , , , | No comments

Los griegos y las drogas

(La embriaguez y el uso de enteógenos relacionados a la cultura griega clásica)


«Estás loco lastimosamente, y no hay drogas que puedan curarte, y no es sin drogas como deliras»
Eurípides en Las Bacantes

Las drogas son sustancias que han acompañado a la humanidad desde la prehistoria, envilecidas y consagradas, como vehículos de creación o de perdición, cada cultura les ha impreso un carácter, un dios, un estigma, una adoración…
Los antiguos griegos, aquellos que vivieron en los tiempos de Platón allá por el siglo V a.C. no fueron la excepción a estas variantes, con la indicación que ellos no consideraban a todo este tipo de sustancias como una especie de demonización como lo tiene nuestra cultura contemporánea.
En la actual sociedad de consumo y de libre mercado no siempre es fácil hablar sobre este tipo de sustancias alteradoras del ánimo cuyo efecto puede ser estimulante, deprimente, narcótico o alucinógeno, tales son las funciones de las drogas.
En la Grecia clásica se entiende al estado de embriaguez como aquel estado de ánimo alterado que propicia una actividad de la conciencia muy estrechamente relacionada con la imaginación, la relajación y la religiosidad, aunque también como se verá, como un demencial para aquellos insensatos que no tienen control alguno sobre sí mismos.

Los griegos han legado a la humanidad no sólo un enorme cúmulo de conocimientos, sino también, de una enorme profundidad que siguen siendo base de toda la actual cultura y civilización. Mucho de ese conocimiento está dejado en forma de mitos, sátiras, comedias, tragedias, cantos, himnos, escultura y por supuesto filosofía. Es decir, en la diversidad de expresión que caracteriza al género humano.
Uno de los principales mitos es el de Baco-Dionisio, retratado en Las Bacantes de Eurípides de forma magistral. En esta tragedia Penteo, el regente (gobernador) de Tebas, defiende una norma aparentemente sensata, pero que en realidad viola la ley natural . La madre de Penteo, Ágave, es una de las bacantes que celebran en la espesura del bosque en éxtasis por el vino. El regente prohíbe de manera dictatorial el culto a Baco-Dionisio y encarcela a este. Dionisio le advierte que no se puede encarcelar a ningún dios, para los dioses las rejas no significan nada, y de hecho, Dionisio escapa de la prisión. A Penteo, su abuelo le advierte que no prohíba estos cultos, y que haga como ellos que felices van a celebrar sus ritos, ya que es un dios.
Cadmo advierte por última vez a Penteo de desistir de la captura de Dionisio con el siguiente argumento:
«No te envanezcas de que la autoridad (kratos) permita hacer violencia a los humanos. La continencia se encuentra siempre en la naturaleza (physis) individual. Dionisio no obliga a las mujeres a ser castas. La castidad depende del carácter, y la que es por naturaleza casta participará en las orgías sin corromperse»(1)
Baco-Dionisio conversa con Penteo, que necio se niega a aceptar que se le debe brindar culto al dios de la embriaguez, sin embargo lo convence de ir a espiar a las bacantes si este se viste de mujer. Penteo afectado por la presencia de este dios, de belleza casi femenina, accede y se dirige al bosque disfrazado, con peluca y túnica, ve a las celebrantes, sube a un árbol, y una vez arriba Dionisio alerta a las ménades (sacerdotisas de Baco) de la presencia del intruso. Aquellas, furiosas, van en su caza, creyendo que es un animal salvaje, Penteo intentando huir travestido es capturado y descuartizado. Ágave victoriosa lleva la cabeza del León salvaje que ha descuartizado y se lo presenta a su padre, que horrorizado la ve con la cabeza de su nieto en las manos, Baco-Dionisio la hace salir del trance y ella ella se da cuenta de la desgracia que ha cometido.
Tal es la enseñanza de Eurípides, y sin duda la de aquellos otros trágicos griegos que escenificaron en obras desaparecidas la triste historia de Penteo (cuyo nombre significa etimológicamente «duelo»), el gobernante que quiso imponer la sobriedad en nombre de un orden siempre frágil cuando pretende ignorar las prerrogativas permanentes de lo subterráneo. La ilustración griega dejó dicho a la posteridad que cualquier droga puede confortar a los juiciosos, y que castigará con segura demencia a los insensatos, tanto como a sus paranoicos perseguidores.”(2)

Varios de los líricos griegos, tales como Arquíloco, Alceo y Anacreonte, cantaron sin reservas al zumo de la vid, como vehículo de iluminación artística, y entre los dramáticos la situación era similar. Algunas tradiciones convergen al señalar que Sófocles le reprocha a Esquilo no saber lo que escribía, aunque escribiera lo debido, dado que escribía sus obras en estado de embriaguez. Para Epicarmo no era compatible la lírica con la sobriedad y Simónides pensaba lo mismo con respecto a la comedia.
Es interesante observar que entre los griegos, existía la cuestión de si el vino podía violentar una sabiduría bien fortificada, o no.
El Sócrates platónico resiste sin inmutarse cualquier dosis, y es de resaltar que los estoicos consideraban que un sabio jamás sería llevado a una necedad por la bebida. Que es lo que se está diciendo exactamente sobre la tragedia de Las Bacantes de Eurípides.

Existen ciertos términos griegos que se hacen necesario presentar antes de entrar de lleno a los misterios de Eleusis. Entre ellos es necesario resaltar los dos tipos de trances en los que históricamente la humanidad ha entrado por medio de diferentes, setas, hongos, cactáceas, plantas, etc.
Básicamente, según Antonio Escotado, existen dos modelos del acto religioso.
Modelo A: este es el del regalo expiatorio, en donde existe un sacrificio de la víctima a la deidad, esto puede ser un cabello hasta un animal, como el chivo expiatorio. Es decir el pago de una deuda a la deidad.
Modelo B: este es el modelo de la participación en el que no solamente se establece un nexo entre lo sagrado y lo profano sino una unidad más alta entre los miembros de un grupo. Esta es la tesis del banquete sacramental.

Muy a propósito de la vertiente médica cabe resaltar el concepto de droga (pharmakón), dice el Corpus hipocrático que «son drogas las sustancias que actúan enfriando, calentando, secando, humedeciendo, contrayendo y relajando, o haciendo dormir»(3).

Para llegar a este concepto los griegos recorrieron largo trecho histórico. En la Odisea Helena sirve nepenthés (del griego: ne = no, penthos = pena, dolor), dice el poeta que la mezcla de unos fármacos es saludable y la de otros es mortal. Debe hacerse énfasis en que Pharmakón significa remedio y tóxico, ambas cosas, no solamente una o la otra, la idea de proporción es la que subyace como diferencia entre la dosis activa y la dosis letal, por ello no sabe decir que un fármaco sea solamente una cosa.
Hablando de la datura metel, por ejemplo, comenta Teofrasto:
«Se administra una dracma si el paciente debe simplemente animarse y pensar bien de sí mismo; el doble de esa dosis si debe delirar y sufrir alucinaciones; el triple si debe quedar permanentemente loco; se administra una dosis cuádruple si el hombre debe ser muerto»(4).
Más adelante los términos usados serán narcotic (del inglés) y luego la literatura crominológica francesa usa el término stupéfiants, que poco después pasó al castellano como estupefaciente.
Acá es donde los términos se comienzan a confundir como estupidizadores de la conciencia o imbecilizadores, pero vimos que los griegos lo tenían muy claro en el concepto de pharmakón.

Los misterios de Eleusis
El santuario délfico tuvo una enorme importancia para los griegos clásicos, como símbolo de unidad y pluralidad así como de mucha importancia política. Cabe decir que el oráculo de Delfos fue la única Institución reconocida en su tipo durante la Grecia clásica. Del santuario eleusino puede decirse otro tanto, dado que tuvo una duración de dos mil años, hasta que en el 396 los obispos del cristianizado Alarico (rey de los visigodos) destruyeron el santuario eleusino. Mucho más que la caída del Imperio Romano, la destrucción de Eleusis marca el final de la Antigüedad pagana.
Algunos piensan que estos misterios datan del XV a. C, mucho antes de redactarse la Iliada y la Odisea, y se instituyeron en la villa de Eleusis, que por cierto está a pocos kilómetros de Atenas (~18Km).
El ritual comprendía dos grupos de ceremonias, los Pequeños Misterios, que eran celebrados en primavera y consistían en purificaciones, ayunos y sacrificios conjuntamente con explicaciones dadas a los peregrinos. Y los Misterios Mayores, celebrados en otoño, cuyo momento más importante era la ceremonia iniciática nocturna, donde los celebrantes eran conducidos a una cámara interna y recibían una pócima (el kykeón) del cual se sabe únicamente que contenía «harina y menta». Lamentablemente no hay documentación de lo que dentro de esta cámara acontecía, todos los iniciados juraban por su vida no revelar nada, y así lo hicieron.
El himno homérico a Démeter precisa que esta se dirigió a los príncipes de Eleusis (Triptolemo y Eumolpo) para:
«mostrarles el ministerio de las ceremonias sagradas y les enseñó sus misterios, santas ceremonias que no es lícito descuidar ni escudriñar por curiosidad ni revelar, pues la gran reverencia debida a los dioses enmudece la voz»(5).
El hermetismo que está relacionado con estos misterios cobra importancia cuando se sabe que a las ceremonias acudieron hombres de la talla de Platón, Aristóteles, Prusianas, Píndaro, Esquilo, Sófocles, Marco Aurelio y Cicerón, que eran personalidades conocidas por su profundidad intelectual y de indiscutible sobriedad, en absoluto propensos a dejarse engañar por embaucadores o supersticiones.
Según se sabe los números de participantes llegaron a los millares hacia el siglo IV a.C. lo que no ofrece dudas de que los hierofántes eumólpidas (el equivalente a los sacerdotes) tuvieron la capacidad de producir una experiencia de incomparable intensidad, fuerza y gratitud en la conciencia de todos los celebrantes de estos ritos.

Otro aspecto a hacer notar, es que no era una ceremonia religiosa, ni siquiera una religión como tal, como el judaísmo o el brahmanismo, el cristianismo o el islám. Lo ahí ofrecido era una sola vez en la vida a cada persona, y muchos peregrinos hacían fila en la lista de espera, por décadas incluso, para ser incluidos en el grupo de los iniciados cada año. Los sacerdotes, o como ya se dijo, los hierofántes, eran de la familia de Eumólpo, permanecían dentro del santuario y no se volvían a relacionar con los iniciados. No existía credo ni por lo tanto dogma alguno, ni tampoco organización administrativa fuera de las ceremonias y nadie era invitado u obligado a iniciarse, y sin embargo por más de milenio y medio acudieron todo tipo de personas de todos los estratos sociales de la época antigua, reyes, cortesanas, comerciantes, poetas, filósofos, esclavos y gentes de toda posición. En la médula del rito había una promesa de inmortalidad, aunque no de tipo ético como el cielo cristiano, sino dentro de un marco de una pequeña muerte seguida de un renacimiento, con una visión renovada del mundo, es decir un renacimiento místico. Según Píndaro
«(Sobre los misterios de Eleusis).
¡Feliz el que después de haberlos visto, desciende a la tierra;
¡feliz el que conoce el fin de la vida, y conoce el comienzo que otorgan los dioses»(6)
Muchas religiones de seguimiento como el cristianismo enseñan a creer en la inmortalidad según sus argumentos lógicos, que en realidad ni eso son, sin embargo los Misterios, nunca podrían propiciar tal seguimiento, si se tiene en cuenta que estos terminaban pocas horas luego de comenzados. Y en ese breve espacio de tiempo, un hombre como Cicerón deja este pensamiento: «los Misterios nos dieron la vida, el alimento; enseñaron a las sociedades las costumbres y las leyes, enseñaron a los hombres a vivir como tales»(7).
Todo apunta a que esta era una experiencia tanto breve como muy intensa, donde según Píndaro – el aspirante a iniciación era introducido al «término» y al «comienzo» de la vida, a morir y renacer, purificando así su concepto de lo real. Lo ofrecido por los hierofántes era una epopteia, término que se traduce como visión trascendental e iluminación, aunque se sabe que el término tiene un origen jurídico y apunta a aquello que es visto con los ojos, de lo cual uno es testigo presencial, dato de relevante importancia si se considera un texto atribuido a Aristóteles sobre los Misterios:
«El mystes no tiene que aprender nada, sino sólo recibir impresiones o emociones, evidentemente después de haberse hecho apto para recibirlas»(8)
La semejanza de los testimonios sobre la experiencia es significativa si se toma otro texto de Plutarco, que describe un trance visionario en todo rigor:
«A la hora de la muerte el alma tiene la misma experiencia que los epoptai en los grandes misterios [...]. Al principio uno avanza con sobresalto a través de la oscuridad, como un no iniciado. Vienen luego los grandes terrores ante la iniciación final: temblor, estremecimiento, sudor, espanto. Uno se siente luego sorprendido por una luz maravillosa, es recibido en regiones y praderas puras, con las voces, las danzas, la majestad de las formas y los sonidos sagrados»(9)
Tuvieron que pasar muchos años hasta que alguien se preguntara la razón por la cual una institución no religiosa, no dogmática, no obligatoria, etc, tuviera una existencia tan dilatada en el tiempo. No fue sino hasta que un especialista en mitología, Károly Kerényi (1897-1973) se pregunta por el kykeón como la razón de la larga duración de esta venerable institución.
Centrando la atención en el kykeón se sabe por lo menos que contenía «harina y menta molida»(10).
En el plano intelectual hay un gran debate sobre este tema, pero puede resumirse a intentar responder a la siguiente pregunta: ¿Acaso en una espiga, y en simple harina, puede hallarse un fármaco de gran potencia visionaria? La pregunta puede ser absurda, sin embargo la respuesta es afirmativa.
Resulta que existe un hongo rojizo (Claviceps purpurea) comúnmente llamado cornezuelo o ergot que parasita todo tipo de gramíneas y además posee una inesperada complejidad química. La referencia más antigua data del siglo VII a. C, como «esa pústula nociva en la espiga»(11). A partir de este punto el consumo de estos granos infectados se dan cuadros patológicos gravísimos. Estos cuadros fueron vistos sobre todo en la edad media y fue conocido como fiebre de San Antonio.
Todo lo relacionado con este hongo era un misterio hasta que Albert Hofmann descubrió su estructura química el 16 de noviembre de 1938 en los laboratorios Sandoz, Suiza, durante un programa de investigación científica sobre alcaloides. Toda esta investigación desemboca en el descubrimiento de la LSD (LysergSäure-Diethylamid) es decir, ácido lisérico de dieltilamida. Desde entonces es sabido que el cornezuelo contiene una mezcla de alcaloides muy variable según condiciones geográficas. Unos (la ergonovina y la amida del ácido lisérgico) son muy visionarios y de escasa toxicidad; otros (la ergotamina y la ergotoxina sobre todo) constituyen venenos mortales. No obstante, se da la circunstancia de que los alcaloides menos tóxicos y más psicoactivos son hidrosolubles, mientras sucede lo contrario con la ergotamina y la ergotoxina. De manera que sería suficiente con que los hierofantes eleusinos tomasen gavillas de cereal infectado por el hongo, las pasasen por agua y tiraran luego las espigas. Este simple «bautizo» basta para retener las sustancias enteogénicas (psicoactivas) en el líquido, que una vez dosificado podría utilizarse para las ceremonias iniciáticas.
Además estudios de campo realizados por Hofmann demostraron que el cornezuelo no sólo parasita al trigo, centeno y cebada, sino que además el pasto silvestre y la cizaña en la cuenca del mediterráneo. Para mayor sorpresa resultó que la cizaña sólo contiene alcaloides visionarios, es decir no contiene los venenosos, lo que significa que ni siquiera se requiere del filtro del agua para retener las sustancias psicoactivas sino que se puede uno servir de ellos directamente.
Estos descubrimientos acabaron por develar las razones por las que Aristóteles, Teofastro, Ovidio y otros hacían con referencia a la cizaña como vehículo de embriaguez.
De tal cuenta que la visión con la que se observan ahora, la filosofía, el arte griego y la política, relacionado con este y otros Misterios tiene otras connotaciones, significaciones y consecuencias. El ergot, pues, ejemplo de pharmakón tóxico espantoso, medicina y enteógeno, todo junto, sólo dependiendo de su manejo, pudo ofrecer durante dos mil años la experiencia intensa de muerte y resurrección de los misterios de Eleusis. De esta cuenta que ahora se comprende porqué los griegos consideraban que las plantas comestibles eran evoluciones de especies de plantas no comestibles y que la agricultura era un triunfo de la cultura.
La hermosa conclusión de Escohotado sobre esto, deseo plasmarla tal cual para no perder la intensidad de su pensamiento:
Como los cereales cargados de grano representaban en la época arcaica el máximo logro del ingenio y la diligencia humana, el hecho de que esas espigas fuesen parasitadas por el ergot representaba un desafío, una amenaza de plaga esterilizadora comparable a la que desató Démeter para castigar el secuestro de su hija. No era una seta o un hongo silvestre más —como la amanita muscaria o la familia de los psilocibios— sino una amenaza para las gramíneas cultivadas, que planteaba graves problemas a los campesinos y a la población en general, mientras al mismo tiempo permitía a las comadronas salvar muchas vidas.
Pero eso mismo justificaba su empleo como vehículo de éxtasis en un culto semejante al de Deméter-Perséfone, centrado en torno a la fertilidad. Era un triunfo de ancestrales farmacópolos —convertidos luego en cerrada secta eumólpida— haber sabido filtrar su veneno hasta transformarlo en vehículo de comunión religiosa para ilimitados peregrinos. Mostraba aquello que siempre supo el genio griego, esto es, que lo mejor y lo peor no son disociables: para germinar, la semilla ha de desaparecer bajo la tierra; para dar generoso grano ha de exponerse al ponzoñoso parásito. Para poder aceptar jubilosamente la vida mortal el hombre ha de vencer su miedo a la muerte y al más allá, aceptando los estremecimientos de sentirse ya muerto y verse así desde fuera, como se contemplan el chamán y su tribu, el yogui, los sacrificadores de soma y haoma, el místico en general.”(12)
Las consecuencias para toda la vida de la Grecia clásica tuvieron por fuerza estos Misterios muy al centro de su cultura, ya que, es posible ver como las ideas en toda la civilización actual, y sobre todo en la creación de la filosofía y el arte tuvieron inmensas influencias a partir de un simple y pequeño ser del reino fungi. Platón y Aristóteles fueron iniciados por este alcaloide psicoactivo, que en la modernidad, esto es, los años 60s generó todo el movimiento de la psicodelia y actualmente está en crecimiento en el mundo de la música del género electrónica psycho, donde precisamente sus principales exponentes consumen LSD, que es una versión sofisticada de lo mismo que probó el mismo Cicerón y Plutarco; sigue sin ser casualidad que los conciertos de esta música sean precisamente de noche, donde no hay dogmas, ni religiones, sino una visión renovada del mundo por medio de un trance visionario de la música y la LSD. Aunque se diferencia que el uso es continuado y no ritual ni mucho menos religioso, aunque fuera del entorno de conciertos puede llegar a ser profundamente espiritual. No es casualidad que Atenas haya sido cuna de la filosofía y de un arte aún hoy insuperables en cuanto a exactitud de forma, dado que el alcaloide afecta principalmente la serotonina, que es un neurotransmisor que está relacionado con el sueño, el hambre y sobre todo la imaginación. Tampoco quiero decir que el cornezuelo es el causante total de esto, sin embargo la excursión visionaria, al conocer de primera mano sus efectos, concuerda en gran medida a lo que expone Escohotado y a lo que dice Aristóteles, Plutarco y Píndaro.
Los dioses griegos son el recuerdo de aquello que lleva la naturaleza humana como componente indisociable. Freud más adelante los ve en el Ego y el inconsciente, y Fromm los ve en la patología de la normalidad y en la Autoridad. El mundo griego brinda su sabiduría a la posteridad por medio del Olimpo, las tragedias, las comedias, las poesías, la filosofía, la escultura, cerámica y toda aquella actividad humana que les permitiera expresar lo más íntimo de lo activamente humano.
Basta con hacer un ejercicio de reflexión sobre las consecuencias actuales, toda esa creación filosófica que afectó la historia entera y es base de nuestra civilización. En cuanto al arte, personalidades como Aldous Huxley, Henri Michaux o Edgar Allan Poe, escribieron como Esquilo, bajo los efectos de la embriaguez.
El componente social actual es que cualquier droga lleva un estigma, o bien es símbolo de perdición, productoras de violencia, degeneración humana, en fin las drogas están demonizadas. Y no es para menos considerando como el narcotráfico se ha permeado en todas las escalas de la sociedad y el Estado. La persona común verá cualquier droga como algo que se debe prohibir dado que provoca desordenes desmedidos en sus consumidores o cosas peores. Claro que es evidente que no es secreto de nadie que cualquier prohibición lo único que excita es la creación de mercados negros para consumidores a gran escala y que los Estados mismos promueven fuera de la legalidad el crecimiento y postergación de un esquema de mercado libre de alta expansión con una estructura perfectamente establecida en la clandestinidad. Aunque esto es tema aparte. Ya que toda sustancia tiene diferencias abismales entre sí, y sería un error considerarlas a todas por igual como si se tratara de una plaga, cuando el pasado demuestra y la misma humanidad su uso efectivo para crecimiento personal, espiritual y uso médico, como actualmente está haciendo EE.UU. con la legalización de la mariguana.
Es necesario comprender que en la actualidad todo esto es manejado con las categorías del capitalismo, y se ha eliminado el consumo ritual y en el mismo sistema se crean válvulas de escape que reconocen que el ser humano necesita integración, disolución para volver de nuevo a la individualidad habitual, pero resulta que el mismo sistema es quien dicta que válvula se permite con las respectivas y anticipadas consecuencias, no es casualidad que en la batalla contra las drogas, el café y el alcohol lleven gran ventaja, en parte, en mi opinión, porque no poseen componentes psicoactivos y uno es un leve tónico como el otro un gran amodorrante, pero ninguno de los dos es capaz de llevar al usuario a un estado de conciencia modificada de tal forma que la imaginación y su introyección se desplieguen desde el inconsciente, logrando con estas medidas prohibitivas frenar cualquier tipo de posible revolución social. Tampoco es casualidad que las drogas que pueden provocar completa demencia las vendan en la farmacia de la esquina. El tema moral es extenso, pero asoma su presencia para ser discutida.
Por otro lado en el arte son innumerables los artistas que utilizan este vehículo para su creación (alcohol, setas psicoactivas, etc.). Sin embargo no cabe duda que el artista, el filósofo y el hombre común sigue y continúa en la búsqueda de ideas que están detrás de las cosas, ya sea del arte o de cualquier tipo, o de las cosas mismas, pero para ver más allá de estas apariencias hay que estar preparado para morir y enfrentar una apertura de conciencia que no todos están dispuestos a aceptar, en un mundo altamente tecnificado y en continuo proceso de uniformidad, de procesión a convertirse en un inmenso hormiguero humano, sin ganas de descubrir el mundo, creyendo que la vida es un eterno naufragio, y que considera absurda la máxima socrática de conócete a ti mismo.

Es preciso recordar y volcarnos a los griegos nuevamente para entender las implicaciones profundamente humanas que tienen todos los enteógenos (drogas psicoactivas) en todas las esferas de la actividad de la antigüedad y de hoy en día. Ver qué somos hoy en día, entender que somos lo que somos porque llevamos sobre nuestras conciencias una armazón de concreto armado, civilizaciones enteras sin siquiera estar al tanto de ello, es decir, la cultura que ha formado nuestro carácter interno y nuestras aparentes verdades y convicciones, proviene siempre del pasado y es de una inmensidad colosal, pero que, como edificio amenaza con agrietarse si entramos a las profundidades de nosotros mismos, de la historia y de los procesos culturales que perduran hasta hoy en día y de las nuevas verdades que nos han ido incrustando y poder al fin de cuentas, ver con ojos nuevos el mundo y continuar en la búsqueda a la máxima socrática de conócete a ti mismo.

* Jaime R. C. Letona Estudiante de Filosofía
* Universidad de San Carlos de Guatemala
jaimeco@gmail.com

Referencias
  1. Historia General de las Drogas, Antonio Escohotado, Espasa , pg. 149.
  2. Íbid, pg. 150.
  3. Corpus, IV, pág. 246 (Littré).
  4. Hist. pl., IX, 11,6.
  5. Him., vv. 476-479.
  6. Odas y fragmentos, fragmento 137.
  7. De leg., II.
  8. Fr. 15 (Rose). Cfr. Bidez, 1928, vol. IV, pág. 171; y Croissant, 1932, pág. 145.
  9. De an., en Estobeo, IV. La descripción de Apuleyo se menciona al aludir a los Misterios egipcios.
  10. Así lo indican el Himno homérico y otras muchas fuentes. De hecho, es casi lo único indiscutido en la ceremonia.
  11. Cfr. Schultes y Hofmann, 1982, pág. 103.
  12. Historia General de las Drogas, Antonio Escohotado, Espasa , pg. 167.

    Bibliografía
  13. Historia General de las Drogas, Antonio Escohotado, Espasa.
  14. Las Bacantes, Eurípides.

       Fuente: http://arje.usac.edu.gt/?p=530

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