3/07/2013

CUATRO DIMENSIONES

Posted by Edwin Yanes on jueves, marzo 07, 2013 in , , , , | No comments
Hay quines definen a la historia del hombre como una eterna lucha entre los pueblos, las sociedades o clases. Algunos hasta se animan a aseverar que a la historia se la escribe con la guerra. 
Frederic Nietzsche habla sobre la utilidad de la historia para la vida, donde encuentra tres grandes grupos:
Si el hombre que quiere crear algo grande necesita del pasado, se apodera de él por medio de la historia monumental; quien en cambio prefiere permanecer en lo acostumbrado y venerado desde siempre, cultiva lo pasado como historiador anticuario; y sólo el que siente el pecho oprimido por una necesidad actual y que a cualquier precio quiere quitarse la carga de encima, tiene la necesidad de una historia crítica, es decir, que juzgue y que pronuncie sentencias.
Quizá sea el bueno de Don Miguel de Unamuno quien, entro otros, sentía el pecho oprimido por ese afán de Cronos, y por esa necia sed de no morir, no se contentaba con lo que se pueda recordar de él, esa mísera sombra de inmortalidad. “¡Eternidad de bulto!” reclamaba para sí una y otra vez. Porque en esa falsa inmortalidad donde él ya no estaría, ni siquiera iba a ser recordado como el hombre Miguel de Unamuno: “El hombre de carne y hueso, el que nace, sufre y muere —sobre todo muere—, el que come y bebe y juega y duerme y piensa y quiere, el hombre que se ve y al quien se oye, el hermano, el verdadero hermano”, sino como alguien que no ha sido más que un contratista social: “Un hombre que no es de aquí o de allí, ni de esta época o de la otra, que no tiene sexo ni patria, una idea, en fin. Es decir, un no hombre”.

Este no hombre es quien se ve superado por la historia, eso que Nietzsche advierte como uno de los perjuicios de la historia para la vida, porque en lugar de que ésta le pertenezca al que con fidelidad y amor mira hacia atrás, hacia el lugar de donde viene, de donde ha llegado a ser el que es, que en palabras de Don Miguel se leería así: La memoria es la base de la personalidad individual, así como la tradición lo es de la personalidad colectiva de un pueblo, a lo que Friedrich añade que la relación natural de un pueblo con la historia es establecida por el hambre, regulada por el grado de necesidad y mantenida en sus límites por su fuerza plástica inherente; cuando es él quien le pertenece a la historia. Para que esta desviación perniciosa se produzca, es necesario que exista una sobresaturación de historia.
Afortunadamente, estamos lejos de perdernos en la sobresaturación. Las corrientes revisionistas abrieron infinidad de grietas, muchas de las cuales aún no se han expeditado. Y esta revisión es la que a veces nos lleva a ser espectadores involuntarios de situaciones donde pareciera que aún estamos atascados en la edad media.
Otro de lo perjuicios de la historia que marca el alemán, es cierto alo de superioridad en el que se enarbola una persona o un pueblo al juzgar su pasado. ¿Desde qué altura creemos estar en el presente como para juzgar el pasado? ¿Dónde y por qué nos fue dado este rol superior de jueces? Sobretodo cuando hay personas, pueblos o sociedades que más bien deben ser juzgadas por su pasado y no a la inversa. Por más que haya quienes están hartos del pasado. Creo que está claro a qué miserias me refiero.

Pareciera que las mayores opresiones que se han hecho siempre fueron realizadas por la misma razón: porque podían hacerlo. El poder es poder sobre el otro, poder hacer sobre el otro lo que se quiera. Querer es poder. Y parecería que siempre quieren y pueden.
¿Pueden? Si tuviésemos una democracia no podrían oprimir con el sólo hecho de quererlo, ya que con ella es condición sine qua non el respeto de las minorías. La democracia está para que las decisiones no las tome el más grande, el que hace las cosas solo y sólo porque puede, sino para que se tomen las decisiones teniendo en cuenta a las minorías, y a estas dentro de un entramado social que termina siendo la sociedad en su conjunto.
Simplificando —y vaciando de contenido— a la Revolución Francesa, nos acostumbraron a ver la política en una sola dimensión: El ancho. Esta dimensión va de izquierda a derecha, parámetros archiconocidos que, básicamente, miden la política en cuanto a la intervención del estado (reforma agraria, impuesto a las importaciones, asignación universal por hijo, educación pública, salud pública, representación gremial y política, etc.) o el libre mercado, con todo lo que ello implica (que los derechos humanos, la salud, la educación y esas nimiedades no estén regulados por el pensamiento de los representantes sino por el frío número de la economía). ­

Pero para intentar pensar a la política, y sobre todo a las decisiones que de ella dependen, en todo su contexto, no estaría mal tener en cuenta a las otras 3 dimensiones:
En el alto se podría medir la cantidad de personas a las que una medida representa, beneficia, conviene: incluye. Al combinarlo con el ancho es muy obvia la deducción de que el mercado representa a una minoría dueña y rica que profesa por el libre-mercado, mientras que el intervencionismo representa los intereses de todos los demás, de todos los no ricos, los profesionales, los trabajadores, los estudiantes, los desocupados, los marginados, los olvidados, los invisibles: el pueblo en sí. Con el sólo hecho de sumarle una dimensión a la dualidad izquierda y derecha, ya se puede empezar a reconocer de qué sectores provienen las políticas inclusivas, constructivas o productivas y de qué sector necesitan imponer —al no contar con un verdadero apoyo popular— políticas donde el pueblo quede excluido y subordinado.

Otro aspecto a tener en cuenta al medir la altura de una política, es que el sistema democrático que elegimos es presidencialista, lo que nos obliga a ser presididos por quien la mayoría elija, es decir, el presidente es quien a más personas representa. La última reforma de la constitución abolió el colegio electoral y la elección pasó a ser directa. Esta reforma permite que se pueda elegir diferencialmente a quien presida el país y a quienes sean mayoría en las cámaras, por lo cual, el partido político —o sub-partido— elegido para el ejecutivo puede ser diferente al que domine en el legislativo. Y por si esa garantía no alcanzara, el legislativo se reanuda por mitades y cada 2 años. Es una garantía del sistema democrático para permitir la representatividad de la mayor cantidad de minorías posibles. Lo que no quita que no hay que confundir la representación democrática con la cantidad de gente a la que beneficia una medida. Hubo presidentes elegidos popular y democráticamente, cuyas medidas estaban enfocadas en acrecentar la brecha de la desigualdad social.

Esta altura de la política, es indispensable para entender cuantitativamente y de manera simple qué medidas son convenientes para un país sino las que sirven a la mayoría.
Igualmente, cabria pensar si no existen medidas de izquierda en la que no se beneficie la mayoría ¿el extremo de la intervención del estado es el anarquismo, donde cada uno es su propio estado? Y lo mismo espejado con la derecha ¿toda medida de libre mercado beneficia sólo a una minoría?

La tercera dimensión que se podría tener en cuenta es la profundidad, de ahí es que hay cuestiones de forma y de fondo. Hace unos meses, se estuvo discutiendo hasta el hartazgo si la presidenta se viste con cual o tal marca, inclusive si se le puede decir presidenta, pero poco y nada se discutía sobre las cuestiones de fondo, ya sean virtudes o defectos del gobierno: Aumento jubilatorio, Ley de Glaciares, educación secundaria obligatoria, etc.; lo cual es peligrosísimo, porque en lugar de impedir el vaciamiento de recursos naturales y no renovables, pierden tiempo criticando a una persona por usar carteras Luis Vuitton.

Al pensar la profundidad en la política, se puede divisar dos grandes vertientes. Unas son las medidas excluyentes, como el genocidio de Roca con los pueblos originarios, donde la herida causada es de una profundidad tal que no tiene ya reparo. Otra cosa muy distinta son las medidas inclusivas, como la Ley Sáenz Peña. Ambos son cambios sociales que no tienen vuelta a tras. Y este tipo de medidas políticas, indefectiblemente, llevan a pensar en Perón. En el hombre Perón, como dice Unamuno. El hombre Perón que entró a la milicia como milico de segunda clase. El hombre que supo entender a Marx como los comunistas americanos no supieron hacerlo, como cuando se unieron a la derecha conservadora, la iglesia y la Marina en el bombardeo y acribillamiento a civiles en la Plaza de Mayo de 1955. Así que fue ese hombre el que supo representar a la clase trabajadora, una clase que no existía masivamente sino como ruralistas, hasta que se impulsó un proyecto industrializador para el que era necesario el traspaso, previa capacitación, del trabajo rural al industrial, donde sí se empezó a construir un verdadero proletariado, al que supo otorgarle los derechos económicos, sociales y culturales (conocidos como derechos de segunda generación). Y en este punto es necesario recordar que además del hombre Perón, estaba la mujer Perón, a la cual vamos a analizar luego de sumar la cuarta y última dimensión que hay que tener en cuenta al momento de pensar el presente, es decir, la historia.

Esta cuarta dimensión es la más invisibilizada de todas, quizás ayude el hecho de que es la única que no se puede ver: el tiempo. Como ya lo han tratado poetas de todas le eras, es Cronos el único enemigo al que no se puede vencer. Y esa finitud a la que estamos condenados es la misma que no debiera hacer entender que el hombre es fin y no medio. Cada individuo es un fin en sí mismo (peculiarmente), y no un medio para alcanzar un falso futuro prometido por las religiones. Sin embargo, la variable tiempo nos obliga a mediar entre un pasado y un futuro, sin dejar de ser cada un su propio y único fin:
No hay más universal que lo individual, pues lo que es de cada uno lo es de todos. Cada hombre vale más que la humanidad entera, ni sirve sacrificar cada uno a todos, sino en cuanto todos se sacrifiquen a cada uno. Eso que llamáis egoísmo, es el principio de la gravedad psíquica, el postulado necesario.
Por esta razón, es necesario diferenciar la vida de un pueblo a la de sus integrantes. Los integrantes somos fines, los hechos son medios para algo que no tiene fin, mas la entropía o la preservación de la especie son algunas pistas.

Cuando se toma un hecho político o social, deben comprenderse las cuatro dimensiones para abarcarlo enteramente. Esto pareciera ser lo que Perón, como estadista, comprendía, como puede verse en el hecho de que a pesar de provenir de una derecha presuntamente conservadora como son las Fuerzas Armadas, pertenecía a una vertiente que creía en la industria nacional, lo que explica algunas medidas que, si bien acompañaban el momento histórico, fueron progresistas para la región. Inclusive, con estas medidas que generaron la clase proletaria con plenos derechos superó a los logros del socialismo en el país, si es que tuvieron algún logro. De esta forma es que se crearon las bases del peronismo, una fidelidad de los trabajadores no sólo desde el imaginario cultural (“de la casa al trabajo y del trabajo a la casa”) sino desde la acción política a través de la representación gremial. O la mujer Perón, Evita Perón, que supo preveer, en su fuerte agonía y pasión, la necesidad de comprar armas a Holanda para tener en la CGT a un grupo de choque dispuesto a defender el proyecto Nacional y Popular. El futuro Viejo Perón se enteró de la tramoya, le sacó las armas a la CGT, se las dió a la Gendarmería y años después, ya sin Evita, con esas mismas armas lo derocaron.

Esta visión temporal también puede verse en otra conjunción de variables como la que se generó en 1945, con el fin de la Segunda Guerra Mundial, donde potencias de todo el mundo se pelearon por acaparar a los mejores científicos alemanes que trabajaban en el régimen nazi. Juan Domingo no tuvo reparo en aprovechar esa oportunidad, en pos de potenciar la industria y ciencia argentina, cuyos logros beneficiarían al país, mientras que los costos de esa jugada política perjudicarían sólo a su gobierno. De hecho, 65 años después, se sigue intentando agraviar al ex presidente alegando que ayudó a los nazis a escapar de su juzgamiento.
Quienes piden no revolver el pasado, también están pidiendo que pensemos con menos elementos, que pensemos mal y menos. Un ejemplo de eso puede verse en lo que plantea el Prof. Arq. Alberto Petrina donde al comparar la masa construida durante la primera (1946-1952) y la segunda (1952-1955) presidencias del general Perón —en cantidad y calidad— se puede ver que equivale aproximadamente a la producida desde 1880, en el inicio de la primera presidencia del general Roca, hasta 1945 . Es decir, lo que el genocidio del ochenta encabezado por el PAN y su líder Roca, el radicalismo con el peludo y Marcelo T. más la década infame construyeron para el país en 65 años lo mismo que Juan Domingo y Evita construyeron en apenas 9 años.

Posiblemente, los planes quinquenales no son otra cosa que el mejor ejemplo de que cuando a las medidas políticas se las piensa en las 4 dimensiones un país crece.

Pareciera que en esta cuarta variable, la temporal, hay algo más. El señor y juez de la Corte Suprema de la Nación Argentina, Eugenio Raúl Zaffaroni cuenta en un documental sobre los centros universitarios en las cárceles:
“En una sociedad de exclusión —como es la sociedad globalizada— ¿cómo los excluidos van a reclamar su inclusión? ¿Y qué le sobra a los excluidos, que le falta a los incluidos? A los excluidos les sobra tiempo. Cuando uno va a una villa, una fabela o un pueblo joven, lo que sea, lo que encuentra es tiempo. Tiempo, los pibes están ahí dando vuelta al cohete… tiempo. ¿Qué le falta al incluido? Tiempo. Entonces, lo que me pregunto es ¿por qué no se repite a nivel de sociedad? Pienso en el C.U.D., pienso en ejemplos más lejanos, pienso en los monasterios de la edad media, que mientras lo señores feudales se dedicaban con las doncellas, no sé… a pelearse entre ellos, (los monasterios) se dedicaron a juntar el saber y después quedarse con el poder”.
Recuperar el dominio del tiempo es una de las medidas más profundas que a mayor cantidad de gente beneficia. Y para que esa recuperación se realice, es necesaria la intervención del estado. Es el tiempo de la educación, de la revisión histórica, de la construcción colectiva, de las culturas populares, del reconocimiento de la identidad de los pueblos… es el tiempo el que modificó lo Nacional y Popular por una etapa superadora y regional, nacionalmente representada por el kirchnerismo, que aboga por lo Latinoamericano e Inclusivo.
 
Fuente: http://www.yaeshoy.com.ar/yeh/2011/09/cuatro-dimensiones/

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