7/30/2013

FILOSOFIA ACTUAL DEL SER

Posted by Edwin Yanes on martes, julio 30, 2013 in , , | No comments
Es bien manifiesto que esta idea de una necesidad del verbo, de un volver a la palabra, está dando resultados muy alentadores en la filosofía de hoy. Aquí está el germen del renacer de la filosofía. Las filosofías que proclaman de alguna manera la importancia de la palabra son: la logoterapia, el personalismo y la fenomenología de corte realista.
Alberto Sánchez León
Prof. de Filosofía

            Tal vez haya sido Ferdinand Ebner (1882-1931) uno de los pioneros en recuperar la palabra en medio de los grandes estragos que la sola imagen está produciendo en nuestra cultura. La palabra -la verdad pronunciada en la persona- es, con la ayuda de la imagen, lo que puede redimir a la actual cultura dominante; una cultura que, a pesar de todo, poco a poco va cediendo un puesto a la razón del hombre.

            Para Ebner la palabra es el camino -frase que le sirve de título a una de sus obras- del yo a Dios, es el medio de comunicación personal que necesita el hombre, hoy más que nunca,  para salir al encuentro del sentido. En contra de la filosofía posmoderna que en palabras de Goethe desterraba a la palabra en pro de la acción (ya no es el verbo el principio sino la acción), los filósofos del encuentro como Ebner, Lévinas, Rosenzweig, Marcel, entre otros, proponen una alternativa, con una visión más unitiva que unilateral. Sostienen que es la persona con su palabra (el verbo) la que a través de la acción con los otros podrá llegar a lo que realmente es: espíritu encarnado deseoso de perfección.

            Es bien manifiesto que esta idea de una necesidad del verbo, de un volver a la palabra, está dando resultados muy alentadores en la filosofía de hoy. Aquí está el germen del renacer de la filosofía. Las filosofías que proclaman de alguna manera la importancia de la palabra son: la logoterapia, el personalismo y la fenomenología de corte realista.


La logoterapia de Víktor E. Frankl propone una voluntad de sentido frente a una voluntad de poder nitzscheana. Al fin y al cabo en la logoterapia el logos (la palabra) es el que cura; El personalismo, que con sus propias vertientes y diversos matices, -desde Mounier hasta Carlos Díaz pasando por Edith Stein, Marcel, K. Wojtyla, Rodrigo Guerra López, Urbano Ferrer, Juan Manuel Burgos-, presenta a la persona como núcleo de reflexión donde desde la comunicación y la apertura hacia el otro o hacia el Otro se aborda una cultura del dar. Es en el dar es donde se halla la clave para salir del egocentrismo que sólo mira derechos y no deberes y engendra vástagos tan vacuos como inmaduros. Es una cultura que recuerda la filosofía del asombro agradecido, de G. K. Chesterton (*) - dar las gracias sólo se puede hacer mediante la palabra de la persona agradecida -; una cultura en la que la persona es capaz de dar la vida por los demás, en contraste con la cultura de la muerte que se reserva la propia matando la ajena: desea el aborto o la eutanasia. Sólo con el dar, dándose, la persona se va constituyendo, pues el hombre no nace ya hecho, no está ya dado desde su inicio, sino que está hecho para crecer dándose.

La fenomenología realista, que con M. Scheler, A. Reinach, D. von Hildebrand y E. Stein, ha combatido fuertemente el relativismo y el psicologismo -que tanta oscuridad ha introducido en Occidente-, incoa una nueva luz en la persona que busca la verdad y reclama una vuelta a las cosas mismas.

Logoterapia, personalismo y fenomenología de corte realista son sólo tres brotes emergentes que indudablemente darán frutos, siempre más llenos de verdad y madurez de sentido, capaces de nutrir el espíritu y reflotar el barco de Occidente, casi hundido por no encontrar una palabra que salve, una verdad que sustente, una justicia que emita un juicio esperanzador. (No es casualidad que un libro del Papa Juan Pablo II lleve por título Cruzando el umbral de la esperanza)

Curiosamente la logoterapia nació en Auschwitz; el personalismo nació para hacer frente a los totalitarismos antagónicos que han dividido el mundo (comunismo-capitalismo) y la fenomenología realista surge de las tinieblas que estaba marcando el relativismo. Son pues las tres, posturas que han ido contracorriente y que hoy muestran mayor relieve y alcance que en sus propios inicios.

Todas tenían en común el encuentro de una causa perdida. La logoterapia buscaba el sentido frente a una filosofía que había matado al Sentido y, por ende, caído en las mallas del nihilismo. El personalismo buscaba el fin del individualismo y del totalitarismo, quería desterrar al individuo y al sujeto para hablar de la persona, su intimidad y trascendencia (su dignidad). La fenomenología quería una objetividad que estaba disipada por el psicologismo, pedía la esencia de las cosas frente al idealismo sistémico. Sin embargo, esas causas no estaban tan perdidas ya que se puede hablar hoy de una vida llena (logoterapia) que se da en la persona (personalismo) que busca su perfección en el obrar que fundamentan los valores morales (fenomenología).

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