9/30/2013

VIDA Y OBRA DE JOSÉ LUIS SAMPEDRO

Posted by Edwin Yanes on lunes, septiembre 30, 2013 in , | 2 comments

José Luis Sampedro: Rebelión en paz

Ama a la humanidad, cree en el hombre, le fascina la literatura, es un apasionado de la libertad y es uno de los viejos españoles más jóvenes, solidarios, rebeldes e inconformistas de este siglo.
 “La juventud en mi caso no es el resultado de ningún secreto, me resulta más agradable tener este espíritu. Vivo mejor así”.
La fórmula, sin embargo, existe, y el componente fundamental es reírse de todo, “especialmente de uno mismo”. Como dijo en una entrevista concedida hace unos años a Mariló Hidalgo: “Creerse importante es lo más nefasto que hay, si uno se sitúa en un plano realista, de sencillez y humildad –creo que no se puede ser de otra manera–, uno llega a ser bastante indestructible”. Divertido, siempre dispuesto a pelear, activo, enérgico y bondadoso, José Luis Sampedro ha superado una vida entera, en la que ha tenido caídas, ha cometido errores y ha sufrido pérdidas, pero de la que ha disfrutado y aprendido tanto como para dedicarle, a sus 94 años, este último verso de su Credo personal: Creo en la Vida Perdurable.

Herencia internacional
Su padre nació en La Habana, su madre, en Argelia; su abuelo, en Manila, y su abuela, en Lugano. Él nació en Barcelona (el 1 de febrero de 1917), aunque con un año ya vivía en Tánger, de donde se marchó a los 13 con destino a Aranjuez (Madrid). La ruta geográfica y vital de este humanista, escritor y economista no cesó allí, siguió durante años, en los que recaló en muchos otros lugares. Todos ellos y todos los que había heredado son una de las influencias mayores en su obra.
Un ascendiente fuerte fue, también en su juventud, el que recibió de la posición ideológica de su familia, de convicciones bastante conservadoras (“En casa se leía el ABC”). Así, cuando en la Guerra Civil fue reclutado por el ejército republicano, quiso huir de él rápidamente y, gracias a un amigo médico, consiguió que le dieran la baja y le libraran de volver al frente. Después, fue movilizado por el ejército de Franco y enviado a Burgos y posteriormente a Melilla, Cataluña, Guadalajara y Huete (Cuenca). La decepción que sufrió al descubrir la verdadera naturaleza de las tropas franquistas y sus líderes solo compitió con el desengaño que vivió su padre, “con más fundamento que yo mismo”. “En la Guerra Civil estuve en los dos campos –afirma–, pero la dictadura fue una monstruosidad. Aún hay quien dice que se vivía con placidez; serían ellos”.
Funcionario de Aduanas en Melilla, consiguió el traslado a Madrid, donde estudió Económicas, licenciatura que sacó con Premio Extraordinario. Por entonces ya se le había despertado el interés por la literatura: “Empecé a desear escribir en 1934, en Aranjuez. Empecé con mis primeros versos y cuentecitos en Santander en 1935”. Terminó su primera novela, La estatua de Adolfo Espejo, en 1940, aunque esta tardó medio siglo en publicarse.

Literatura y economía
Se casó con Isabel Pellicer, con quien tuvo una hija, y logró un puesto de profesor encargado. Mientras seguía adelante con su vida, el afán literario crecía y él perseveró y escribió otra novela, La sombra de los días (1947). Un año después lanzó su primera obra de teatro, La paloma de cartón. Las dos vidas de José Luis Sampedro avanzaron frenéticas los siguientes años, la década de los cincuenta. El economista, por un lado, daba clases en la Universidad (llegó a catedrático de Estructura Económica en la Complutense), trabajaba en el Banco de España (alcanzó el nivel de subdirector general), colaboraba como asesor del Ministerio de Comercio y escribía textos técnicos: Principios prácticos de localización industrial, Efectos de la unidad económica europea, Realidad económica y análisis estructural, El futuro europeo de España… Mientras, el escritor se afanaba en su creación y seguía fabulando con el teatro. Un sitio para vivir fue el título de su siguiente obra.
“Para mí, la economía es sobre todo una ciencia social. Y una ciencia social es sobre todo una ciencia de comportamientos humanos. Y dígame usted qué es una novela más que una cuestión de comportamientos humanos. Yo soy un economista social, y el escribir con facilidad me ha ayudado a hacer más legibles mis obras de economía; y el saber de la economía me ha permitido hacer más sistemática mi preparación, sobre todo en la estructura de mis novelas”.

Compromiso solidario
Su espíritu solidario, su necesidad de justicia y su compromiso con la verdad le pusieron inmediatamente del lado de sus compañeros Aranguren y Tierno Galván, destituidos en la Universidad. Con ellos y otros profesores creó el Centro de Estudios de Investigaciones, que luego cerraría el gobierno, y, con las deportaciones de catedráticos, se buscó un puesto de visitante en las universidades de Salford y Liverpool. A su regreso publicó El caballo desnudo (1970), una fábula satírica en la que desahogó su desilusión y su rabia ante la situación que vivía España.
En los años setenta se mantuvo muy activo en el terreno económico (vicepresidente de la Fundación Banco Exterior) y comenzó una carrera de responsabilidad política al ser nombrado, por designación real, senador en las primeras Cortes democráticas. Tres años después, en 1980, nació su único nieto, Miguel, fuente de inspiración de la obra que cinco años después le daría la popularidad y el prestigio literario, La sonrisa etrusca. Aunque antes publicó Octubre, octubre, una extensa ficción que le ocupó 20 años de trabajo y que él califica como su “testamento vital”.

Literatura y libertad
José Luis Sampedro, trabajador infatigable, nunca ha tenido buena estrella, y cuando la fama tocó a su puerta, con la publicación de la mencionada La sonrisa etrusca, no disfrutó de ella. Solo un año después murió su mujer.
A principios de los noventa, fue nombrado miembro de la Real Academia Española, donde pronunció el discurso Desde la frontera, en el que se reafirmaba en su decidida convicción en la tolerancia y la convivencia, y denunciaba los extremismos y las desigualdades. Llegaron entonces obras como La vieja sirena, ambientada en el Egipto del siglo III; Real Sitio, un homenaje a Aranjuez, donde había vivido, y Monte Sinaí, donde relataba su experiencia en un hospital neoyorquino, en el que estuvo a punto de morir a causa de una grave afección cardiaca.
A finales de los noventa, ya octogenario, José Luis Sampedro se casó con la escritora y traductora Olga Lucas Torre. “En el fondo, uno se enamora igual a los treinta que a los ochenta. La gente suele identificar el amor con el hecho de hacer el amor, y piensa que a mi edad no tiene sentido. Claro que lo tiene. La compenetración, el afecto, el saberse sin hablar. Para mí, eso es mucho más que siete Nobel”. Para entonces José Luis Sampedro ya había dejado clarísima su postura ante el mundo, pero esta no fue para el gran público definitiva hasta que no apareció El amante lesbiano, en 2000.

La postura crítica
Cuando se publicó esta obra, su autor había cumplido ya 83 años y, para los que no habían seguido su trayectoria, el libro significó una sorpresa mayúscula por la contundente acusación que encerraba de cualquier tipo de opresión y por el grito a favor de la libertad que contenía. “Por esta novela hubo quien me retiró la palabra. Era un canto a la libertad, una reacción a tanta represión social”.
Este decenio ha estado marcado por una prolífica producción, en la que el ensayo no ha dado tregua a la ficción, y en donde este intelectual ha arremetido contra los males de la globalización, el mercado, las guerras del siglo XXI, la destrucción del planeta… Títulos como El mercado y la globalización, Los mongoles en Bagdad, Escribir es vivir, Conversaciones con Carlos Taibo sobre política, mercado y convivencia, La senda del drago, La ciencia y la vida, La balada del agua o Economía humanista, algo más que cifras, recogen su pensamiento y su postura.

Sampedro, el indignado
Recientemente, José Luis Sampedro ha escrito el prólogo del bestseller de otro nonagenario, Stéphane Hessel, ¡Indignaos!, en el que llama a los jóvenes a la acción, a rebelarse contra la indignidad y las desigualdades de este mundo dominado por el sistema capitalista. “¡Indignaos! Luchad, para salvar los logros democráticos basados en valores éticos, de justicia y libertad prometidos tras la dolorosa lección de la II Guerra Mundial. Para distinguir entre opinión pública y opinión mediática, para no sucumbir al engaño propagandístico. ‘Los medios de comunicación están en manos de la gente pudiente’, señala Hessel. Y yo añado: ¿quién es la gente pudiente? Los que se han apoderado de lo que es de todos. Y como es de todos, es nuestro derecho y nuestro deber recuperarlo al servicio de nuestra libertad”.
Como no podía ser de otra manera, José Luis Sampedro está con los suyos, con los jóvenes, y con ellos ha reaparecido con fuerza apoyando y defendiendo el movimiento 15-M y suscribiendo la iniciativa “¡Democracia real, ya!”.
Imposibilitado, por las condiciones de su edad, a acudir a sus diversas convocatorias, escribió una carta dirigida a todos ellos: “Ahora es vuestro turno, mucho más importante. Me ilusiona ver que los receptores del mensaje, muy certeramente, habéis comprendido que no basta con indignarse, que es necesario convertir la indignación en resistencia y dar un paso más. El momento histórico impone la acción, la movilización, la protesta, la rebelión pacífica. El llamamiento a indignarse no debe quedarse en un bestseller fácilmente digerible por el sistema y así lo estáis demostrando con esta convocatoria. Por eso me adhiero a vuestras reivindicaciones, hago mío el manifiesto, me solidarizo y deseo un clamoroso 15-M. Pero, sobre todo, os animo a avanzar en la lucha hacia una vida más humana. Digamos NO a la tiranía financiera y a sus consecuencias devastadoras”.

Al final
Recientemente, en el acto de entrega de la Orden de las Artes y las Letras de España el pasado mes de marzo, José Luis Sampedro mostró su cansancio, una fatiga que es solamente física, porque el empuje y la fortaleza vital le siguen acompañando.
“Para mí es un poco el final, y agradezco que todo haya sido tan hermoso –afirmó–. Lo he hecho lo mejor que he podido. Pienso vivir lo mejor posible, y morir como un acto vital”. ❖ Begoña Piña

Vía: http://filosofiahoy.es/

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