10/01/2013

FILOSOFÍA DE WITTGENSTEIN

Posted by Edwin Yanes on martes, octubre 01, 2013 in , | No comments

Wittgenstein: El cabecilla de una nueva filosofía

Wittgenstein ha fascinado por su extraña, contradictoria y genial vida y ha influenciado, con su filosofar, a buena parte del pensamiento de los años que van desde su muerte hasta hoy. Según A. Kenny, es el pensador más relevante del siglo XX. 
El economista Keynes, su amigo y benefactor, llegó a llamarle “Dios”. Si queremos un testimonio de alguien que se mira en el espejo de Wittgenstein oigamos estas palabras de su amigo Bouwsma: “He encontrado en Wittgenstein un magnífico tónico, como si fuese una purga.…¡Qué firme se mantiene contra el hábito de conformarse con simples sinsentidos arraigados! He de hacer todo lo posible por someterme a sus vapuleos y a aprender a hablar libremente, de modo que pueda exponer ante él todos mis trapos sucios!”.
Distante y próximo, duro y entrañable, comprensivo e implacable, este inquietante personaje fue, además, profesor, arquitecto, escultor, ingeniero, farmaceútico, enfermero, maestro de escuela y casi monje. Y ha sido, obviamente, un filósofo extraordinario, aunque algunos le llegaran a tomar por mago, que, no lo olvidemos, es el antecesor del filósofo. Sumemos a lo anterior películas como la de Derek Jarman o novelas como la de Bruce Duffy sobre su insólita vida o, de manera más sensacionalista, el libro de K. Cronisch que hace de Wittgenstein un espía de los soviéticos en los años 30. Más moderadamente, John Moran se refiere a su viaje a la Unión soviética y su simpatía, moderada también, por el modo de vida ruso. Nada extraño en una persona influenciada por Tolstói con su ideal de sencillez y su desprecio por una civilización occidental que consideró vacía y convencional.

La gestación de un extraño libro
L. J. J. Wittggenstein nace en Viena en 1889, el mismo año que Heidegger, y muere de cáncer en Cambridge, en 1951. Se nacionalizó británico, aunque nunca perdió su acento germano. En Linz y en el Liceo parece que coincidió con Hitler, y en su casa trató con lo más depurado del arte en aquella época de esplendor del Imperio austrohúngaro: Mahler, Schonberg, Loos... Su familia fue, además de sumamente rica, un núcleo musical de importancia y mucho de lo escrito por nuestro autor lo pone de manifiesto.
Fue el último de ocho hermanos, tres de los cuales se suicidaron. Él estuvo a punto de hacerlo en más de una ocasión.
Comenzó estudiando ingeniería en Berlín y Manchester. Continuo preocupándose por la fundamentación de la matemática y esto le abrió el camino a la lógica y a la filosofía. A la lógica le impulsaron los contactos y lecturas con Frege y Russell. A la filosofía le habían ayudado a llegar sus lecturas de Schopenhauer. En la Primera Guerra Mundial va preparando esbozos que culminarán en el único libro publicado en vida, el Tractatus, texto hermético, personal y que se ha leído como si de algo cabalístico se tratara. Se publica en 1921 y podemos encontrar trazos de él en sus Diarios de 1914 a 1916. Tierno Galván traduce el Tractatus en 1957. Expuesto de manera resumida, se nos dice que una proposición tiene sentido si puede ser verdadera o falsa. Por ejemplo, si afirmo que Kim Bassinger es rubia, dicha proposición tiene sentido puesto que es posible verificar si es rubia, teñida o no, o no lo es. Las proposiciones que tienen sentido son, por tanto, las de la ciencia o las que emitimos para referirnos al mundo todos los días. Y esto es posible porque nuestro lenguaje pinta o representa los hechos del mundo; es decir, nuestro lenguaje y la realidad poseen la misma forma lógica. Reflejamos como en un espejo la realidad. Lo que no refleja la realidad sino que es un embrollo de palabras, como le sucedería a la filosofía tradicional, es un sinsentido. Solo lógica, por tanto, o ciencia. Con esto se quedó el neopositivismo del Círculo de Viena que vio en el Tractatus su nueva Biblia. El mundo se muestra, no se puede decir, puesto que para hacerlo tendríamos que salir del lenguaje. Pero, y esto es decisivo, en lo que se puede decir se muestra aquello que más nos podría importar, como la religión la ética o la estética. En lo que se dice, en suma, se manifiesta lo que no se puede decir, y que es lo realmente valioso. A tal valor le llamó lo místico, lo inexpresable. En una breve conferencia que dio sobre la ética en el año 30 da algún ejemplo de qué es eso tan importante que no se deja decir. Así que el mundo existe, el milagro de la existencia es una experiencia que se salda en el puro silencio. De ahí como destellos nacen la admiración estética, la apertura al océano religioso o el deber que cada uno ha de poner en práctica.Wittgenstein estaba obsesionado con que no le entendiera nadie. Y es que debe de ser muy angustioso intentar decir lo que no se puede decir.

La segunda vida de Wittgenstein
Una vez que cree haber resuelto los problemas de la filosofía, renuncia a su herencia y se retira a unos pueblos perdidos de Austria con la esperanza de encontrar la paz de ánimo. Fue un fracaso. Retorna como catedrático a Cambridge y allí comienza lo que se ha dado en llamar, con razón, su segunda filosofía, reflejada en sus Investigaciones filosóficas, escritas entre 1945 y 1949 y publicadas tras su muerte. Su concepción será muy distinta a la del Tractatus. Introduce ahora la noción de “juego de lenguaje” y según la cual, por medio de reglas, nos referimos a las más diversas circunstancias de nuestra vida. El chiste sería un juego de lenguaje con sus propias reglas como el filosofar. El significado habría que buscarlo en el uso de las expresiones. Estas tienen lugar en los citados juegos. Algunos piensan que, mientras en el Tractatus el lenguaje queda dogmáticamente limitado, en las Investigaciones se amplían de tal manera sus funciones que todo se convierte en trivialidad. Es lo que les habría ocurrido a los discípulos que se dedicaron a investigar el lenguaje ordinario y poco más. Otros, por contra, piensan que nos coloca en el auténtico suelo donde se posa el animal humano, elimina los sueños metafísicos y nos es de gran utilidad en la vida cotidiana. Por otro lado, ya no cae en la paradoja de decir que nada hay que decir sobre lo místico, sino que debemos resignarnos a los distintos juegos de lenguaje que usamos los humanos. De la obsesión ha pasado a una sana modestia.

Un loco genial (y al revés también)
Wittgenstein fue un lógico que desarrolló las tablas de verdad, un místico sin creencia y que enlaza con el budismo Zen, un ciudadano políticamente incorrecto, un solitario que buscó la paz en un mundo convulso y un filósofo que, negando la filosofía tradicional, enseñó a filosofar.
Se podría pensar que su esoterismo, hipergrafía, su excéntrica sexualidad –que le inclinó tanto hacia sus más que amigos Pinsent y Skinner como a la suiza Margarita Respinger–, hacen de él un personaje digno de ser estudiado bajo la óptica de algún trastorno en el lóbulo temporal. Podría ser, ya que genio y patología en muchas ocasiones van juntos. Todo eso no quitaría un ápice a su libre creatividad, a su independencia, a su originalidad y a su pasión por unir vida y obra. ❖

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