10/23/2013

VIDA Y OBRA DE LOUIS ALTHUSSER

Posted by Edwin Yanes on miércoles, octubre 23, 2013 in , , | No comments
Althusser, el filósofo enajenado. El que pasará a la historia, no tanto por lo valioso de su aportación como por lo dramático de su biografía. El comunista que nunca pudo ser del todo ateo ni obediente. El intelectual que entregó su mente a un dios caído en desgracia. El pensador que se inmoló en la defensa de una causa perdida: el marxismo leninismo más radical. 

Louis Althusser nace el 16 de octubre de 1918 en Birmandreis (Argelia) y muere en París en 1990. Pertenece a una familia alsaciana emigrada a Argelia. Hace sus estudios primarios en Argel y el bachillerato en Marsella. En 1936 se instala en Lyon como alumno del Lycée du Parc, para preparar su ingreso en la École Normale Supérieure de París. Lo consigue en 1939, después de renunciar a convertirse en monje trapense. Porque durante su primera juventud, Althusser ha sido un miembro idealista de la Acción Católica que nunca logrará resolver la contradicción entre el materialismo dialéctico y el cristianismo romántico. No pudo ser un ateo consecuente como los verdaderos comunistas.

La semilla del monstruo

La Segunda Guerra Mundial interrumpe sus estudios. Le movilizan. Los alemanes le capturan en Vannes y le acusan de ser miembro de la Resistencia: pasa cinco años en el campo de prisioneros de Schleswig, hasta su liberación en mayo de 1945. Durante su cautiverio entra en contacto con militantes comunistas, a los que admira por el coraje de sus convicciones; y muestra los primeros síntomas del desequilibrio mental que sufrirá hasta la muerte. Esos cinco años le marcan. Siempre fue un chico de largas melancolías pero el infierno de Schleswig devasta su alma sensible. Allí cristalizan sus monstruos interiores. 

En 1947 sufre su primera crisis, una psicosis maniacodepresiva.
No solo tiene una personalidad compleja, tambien una desgarrada posición vital. Durante el resto de su vida será internado en psiquiátricos más de 20 veces. Freudiano convencido, el profesor Diatkine le psicoanaliza, pero nadie puede eliminar sus hondas depresiones y sus neuras feroces. En 1948 se diploma en la École Normale, convirtiéndose en profesor agregado de Filosofía. Dedica su tesis al Idealismo alemán del siglo XIX, conducido por Maurice de Gandillac. Será siempre un profesor muy apreciado, y durante los tiempos negros, sus alumnos recordarán el empeño que puso en su formación y su disponibilidad total. Algunos llegan a ser intelectuales notables: Jacques Derrida, Michel Foucault, Etienne Balibar, Alain Badiou, Marta Harnecker, Jacques Rancière, Pierre Macherey, Saul Karsz, Bruno Sandstede... 
El ingreso en el partido

Por esa época se casa con una fervorosa comunista que le lleva al huerto en todos los aspectos: Hélène Rythman, ocho años mayor. Ella le descubre el sexo y le convence para que ingrese en el partido comunista francés. Pero en el PCF no encuentra la paz. A finales de los 70 se ha enfrentado tanto con sus directivos que acaba por dejar la acción política. Se concentra en sus escritos y en su docencia. En 1976 es nombrado secretario de la Ècole Normale, a la que será siempre fiel. 

La juventud de Althusser ha sido dura, pero qué vejez le espera. Una vejez espeluznante. En noviembre de 1980, tras un largo período lejos del primer plano político y social, su nombre estalla en los periódicos: Louis Althusser, el eminente pensador, ha matado a su esposa Hélène, con la que llevaba conviviendo más de 30 años. Al parecer, ha sido durante un brote sicótico, en el dormitorio conyugal de su casa de funcionario de La Ècole. Espantan los detalles de los forenses: el filósofo, protegiendo sus manos con una sábana, ha fracturado los huesos tiroideos y la laringe de esa mujer de 70 años. Un caso claro de estrangulamiento. Las sales de litio con que el profesor Diatkine le trata desde hace años no han podido detenerle. 

Tres expertos afirman que el filósofo ha actuado en pleno delirio, y el juez hace que lo internen en el Hospital Sainte Anne de París. Si Althusser no fuera quien es, la prensa no habría armado tanto ruido, pero su nombre es un imán. Francia contempla atónita a uno de los creadores del posmarxismo convertido en homicida enajenado. El clamor social estalla, porque la derecha acusa a la izquierda de manipular la situación para que el mas rojo de todos los filósofos no sea juzgado como asesino. Pero aquí no hay política que valga, los desequilibrios mentales de Althusser están muy claros y en el juicio es declarado irresponsable. Se le recluye una vez más. Pasará sus últimos años en un clamoroso silencio intelectual, visitado por pocos amigos como Foucault y Derrida. 

El despertar del sueño

Nueve años después de la muerte de Hélène, el 9 de noviembre de 1989, el sueño socialista se derrumba con el muro de Berlín. Meses más tarde, la URSS se desploma sin guerra nuclear, pena ni gloria. ¡Un estado tan poderoso y temido, el vencedor del nazismo, se ha deshecho como una pompa de jabón! Un simple decreto y 18 millones de comunistas cierran las sedes del partido y se van a casa, renegando del pasado. 

Althusser no simpatiza con los soviéticos, pero este derrumbe, que él había previsto, es la gota que rebosa su cáliz, su segunda e inmensa decepción política: la primera fue la muerte de Mao y el herético rumbo emprendido por China. Después de pasar años en psiquiátricos, ahora vive derrotado en su apartamento de la calle Leuwen. La vida ya no es nada para él. Le rodean libros y papeles inútiles, testigos de muchos años de inactividad mental. Todo está lleno de polvo. El filósofo se muestra callado, ausente. Sabe que está solo, pero en sus momentos de desvarío cree escuchar a Hélène, allá dentro, haciendo la cama, limpiando, ordenando. Luego vuelve a la realidad y acepta que ella no volverá. No tiene televisión, siempre la odió. Pasa horas escuchando música clásica, que tiene la virtud de inspirarle ideas que no desarrollará. ¿Para qué? Le falta el amor tan necesario en la vejez. Y el sistema social en el que creía se ha venido abajo, partiéndole el corazón.

A la muerte de Althusser, Olivier Corpet encontrará en la “habitación de Hélène” un documento que produce escalofríos: L’ avenir dure longtemps (El porvenir dura mucho). No es una autobiografía, pero casi. En él, Althusser alude a la muerte de Hélène aunque no expresa arrepentimiento, sino reivindicación: prefiere ser declarado culpable del crimen, no quiere estar loco. Filósofo hasta el final, cree que la irresponsabilidad es lo peor que puede pasarle a un hombre, porque le priva de la condición de sujeto y le aliena sin posibilidad de redención. Pero sus razonamientos no llegan a nadie. Muere en París, el 22 de octubre de 1990, víctima de una embolia cerebral. Para todos menos para sí mismo, es un irresponsable.

Louis y Hélène

En 2011, el editor Olivier Corpet publicó las cartas que Althusser escribió a su mujer de 1947 a 1980: Lettres à Hélène, Cartas a Hélène. El volumen, de más de 700 páginas, incluye todo lo que él le dice a ella. Lo que ella le dice a él queda inédito por problemas de derechos de autor. Esas cartas cuentan el peregrinaje de Althusser por las clínicas mentales, sus lecturas, su trabajo, sus viajes... Le habla también de sus amantes (“Con Franca, la cosa marcha; Pimpa y yo nos adoramos; con Nonna, bah...”), aunque siempre tiene una frase tierna para esta mujer que le ha seguido durante 35 años, “mi pequeña camarada”. 
Las cartas muestran también su compleja relación: “Te amo tal como eres, a pesar de nuestras disputas, a pesar de esos combates en que nos desfiguramos en todos los sentidos”; “Tengo la convicción de que voy a ser capaz de no provocarte más…”. 
¿Cómo era Hélène Rytmann? Una socióloga, militante del PCF y la CGT, con un carácter absorbente. Althuser la conoció a los 30 años, en una estación del metro de París, cuando aún no había besado a ninguna chica. Ella era de familia judía, la única de su sangre en sobrevivir al holocausto. Aquel joven alto, de ojos azules amables, pelo rubio y cabeza enorme, la cautivó.

El monstruo al mando

En ese momento, Hélène era una firme comunista; Louis un católico atormentado. Su relación será simbiótica: él dócil y ella dominante. ¿Qué rompió el equilibrio? Quién sabe. Althusser mata a la mujer que para él es esposa, amiga, enfermera y hasta madre. Al hacerlo, se transforma en víctima de sí mismo. 
¿Cuál era su estado de ánimo en la madrugada del crimen? Negro. Althusser tenía desde hace tiempo una sensación, que compartía con Hélène: la humanidad avanza hacia una locura destructiva. Ambos están enfermos de misticismo y de miedo. El filósofo alucinado ha renunciado a su cátedra. Escribe: “La realidad es terrorífica, no puedo leer ni trabajar”. Deprimido y misógino, el monstruo que lleva dentro empieza a dominar sus pensamientos. Cree que la solidaridad está perdiendo la batalla y pretende implicar en su salvación a sus dos paladines, el comunismo y el cristianismo. Por eso quiere entrevistarse con el Papa y comunicarle sus presentimientos. Pero la entrevista no se celebra porque, tres semanas antes, Althusser habrá matado a Hélène. 
¿Qué le ha ocurrido al filósofo entregado, al profesor generoso? Algunos creen que el monstruo estaba en su interior desde la infancia. Circula una historia: su madre Laurentine estuvo muy enamorada de un tal Louis Althusser, que murió. Se casó con un hermano del difunto, que sería el padre del filósofo. Tuvieron un hijo al que ella llamó Louis y con el nombre le dio una especie de misión: ser su amor reencarnado. Althusser escribió: “Yo debía dedicarme en cuerpo y alma a ella… salvarla de su marido y su martirio…”. La madre no le permitió relacionarse con otros niños, le secuestró para no perderle. Y él renunció a su identidad: “Al no tener existencia propia dudaba de mí, hasta el punto de creerme invisible”. Cada vez que sus padres discutían, el padre se esfumaba, pero antes le decía al niño: “¡Hazla feliz!”. ¿Es eso suficiente para engendrar un monstruo? ❖ Marisa Pérez Bodegas


Vía: http://filosofiahoy.es/

0 COMENTARIOS/OPINIONES:

Publicar un comentario en la entrada

Tus comentarios son el motor que me impulsan a seguir publicando...gracias.