6/23/2014

EL CUERPO Y EL ALMA SEGÚN ARISTÓTELES

Posted by Edwin Yanes on lunes, junio 23, 2014 in , | No comments
Kevin Rubén Vásquez Umaña
Aristóteles sigue una línea similar a la de Platón pues expresa que el hombre es la unión de cuerpo y alma, con la diferencia de que para Aristóteles el alma no está de cierta forma aprisionada por el cuerpo, como expresa Platón, ni es una relación forzada y accidental, sino más bien es una relación de dependencia en la que el alma no puede sobrevivir sin el cuerpo físico y viceversa, dándole sentido a la vida, coordinando sus funciones vitales de una manera natural, perfecta y esencial.
El ser humano no está constituido por un alma y un cuerpo en dos entidades yuxtapuestas, Aristóteles define el alma como: “La entelequia primera de un cuerpo natural que tiene la vida en potencia”, principio en movimiento, de crecimiento, de generación, unifica todas sus funciones, sin exceptuar las operaciones de la sensibilidad y del entendimiento. La palabra entelequia es primeramente usada por Aristóteles y viene del griego Entelejeia que es la combinación de varias palabras y se podría traducir como: “tener el fin en sí misma” y se refiere a un cierto tipo de trabajo activo en consecución de un fin, que está en constante dinamismo, pues esa es una de sus características ya que posee vida y tiende a ese fin que es la unión con Dios.

El alma es la parte fundamental del cuerpo y como se sitúan en una relación de dependencia, no pueden subsistir sin el otro, ya que el alma le sirve al cuerpo para darle vida y el cuerpo le sirve al alma para que ésta se pueda expresar y también para que pueda tener su correcto aprendizaje, el alma es la forma, el cuerpo es la materia y juntos hacen una única sustancia natural: un ser viviente, el alma también es la encargada de tener y de darle al cuerpo un entendimiento incorruptible e inmortal, que serían dos cualidades del alma, aunque Aristóteles también afirma en varias ocasiones que es otro tipo de alma ya que al ser incorruptible no podría ser acto y forma de un cuerpo.

Las plantas, los animales y los hombres tienen alma y aunque sean muy similares, éstas difieren en grados de complejidad de acuerdo con el tipo de ser vivo al cual están unidas, como las plantas tienen ciertas funciones de nutrición pero los animales tienen éstas funciones y otras más lo cual los hace más complejos.

Aristóteles realiza una clasificación de las funciones del alma según su complejidad y estas son:

a) Función vegetativa:

Es decir la potencia nutritiva y reproductiva, propia de todos los seres vivientes, empezando por las plantas, ésta función se relaciona con los aspectos más básicos de la supervivencia de las especies como lo es la alimentación y la reproducción.

b) Función sensitiva:

Que comprende la sensibilidad y el movimiento y es propia de los animales y del hombre, tiene que ver con los apegos, sentimientos, movimientos voluntarios y propios del ser vivo.

c) Función intelectiva:

Es aquella propia del hombre y se refiere a los procesos del pensamiento y el uso de la razón para solucionar problemas, simplificarse la vida y unirse con Dios.


Cuando se habla de una función vegetativa se hace la aclaración de que no se refiere a acciones puramente de plantas o vegetales, sino más bien las acciones básicas de todo ser viviente, como comúnmente se conoce a la alimentación que no importa exactamente cual sea su forma de realizarse, ya sea consciente, como eligiendo a gusto algo para alimentarse o inconscientemente, por mera acción mecánica de absorción de nutrientes esenciales para la mera sobrevivencia del organismo.

Existe otro aspecto tan importante como el nutritivo y es pues el de la reproducción ya que todos los seres vivos desde los infinitamente pequeños, hasta los inmensamente grandes pretenden que su especie no se extinga y han recurrido a las más elaboradas formas para lograr la reproducción de su especie, desde esporas como en los hongos y mohos hasta la sexual donde es totalmente necesaria una pareja del sexo opuesto para su acción.

En la función sensitiva también se puede evidenciar los movimientos a voluntad, aquellos pues que permiten el libre desplazamiento por las áreas que le sean posibles según sus capacidades, también se encuentran los instintos que son aquellas reacciones no pensadas ni reflexionadas que ocurren en determinadas situaciones y que consiste en actitudes o acciones repetitivas que pueden ser evidenciadas varias veces con reacciones iguales o muy similares, se da a entender pues que son acciones mecánicas y reaccionarias.

El hecho de que el hombre tenga la función intelectiva, no significa que solo tenga ésta, y tampoco significa que sea más por esto, sino más bien significa que está en un nivel de desarrollo o evolución más alto que los animales y plantas, y aunque de todas las especies de seres vivos que habitan en la Tierra solo haya una (el hombre) que posea la función intelectiva, no quiere decir tampoco que esto lo haga superior, ni más feliz, pero si le ayuda a llevar un aprendizaje más ordenado y completo que las demás especies.
En el hombre o la especie más desarrollada se pueden evidenciar que convergen las tres clases de funciones del alma, pues al ser la especie más compleja en el mundo así también se ve reflejada en las tres funciones que se desarrollan en su alma siendo las tres aplicadas en cantidades proporcionadas para un correcto equilibrio de sus acciones y necesidades.

Ahora bien en nuestro cuerpo físico también existen cinco sentidos que tienen varias funciones que nos permiten percibir nuestro entorno, estos cinco sentidos son los que comúnmente se conocen: vista, olfato, audición, gusto y tacto; que funcionan mediante las sensaciones que son aquellas percepciones de lo que nos está sucediendo. Los cinco sentidos tienen la función principal de servirnos como herramienta de aprendizaje para nuestra alma y de allí viene el dicho popular que dice: “Los ojos son las ventanas del alma”, Porque por medio de éstos el alma puede reconocer los sucesos importantes que le servirán para un aprendizaje que pueda servirle en su búsqueda de Dios.

Hay que entender el sentido de la imaginación, que se distingue también de la ciencia, que es siempre verdadera, y de la opinión, que es acompañada por la fe en la realidad del objeto, porque la imaginación carece de esta fe. La imaginación es producida por la sensación en acto, y las imágenes que produce la primera se asemejan a las sensaciones; puede, determinar la acción en los animales o en los hombres cuando tienen la inteligencia dormitada por los sentimientos, las enfermedades o el sueño.  La función de la inteligencia es análoga a la de la sensibilidad. El alma intelectiva recibe las imágenes como los sentidos reciben las sensaciones; su misión es juzgarlas verdaderas o falsas, buenas o malas y según cómo las juzga, las aprueba o desecha, las desea o las rehúye. Es pues, la inteligencia, la capacidad de juzgar las imágenes que los sentidos proporcionan.

“Nadie podría aprender o comprender algo, si los sentidos no le enseñaran nada”; y todo lo que se piensa, se piensa forzosamente como imágenes. Mas el pensamiento no tiene nada que ver con la imaginación: es el juicio emitido sobre los objetos de la imaginación, y los declara falsos o verdaderos, buenos o malos, con esto entendemos la importancia de un correcto funcionamiento de los sentidos físicos pues funcionan como principales transmisores y receptores de información del entorno en el cual nos desempeñamos.

Como el acto de sentir es idéntico al objeto sensible, así el acto de entender es idéntico al objeto inteligible. Esto significa que cuando el intelecto comprende, el acto de su comprensión se identifica con la verdad misma, con el objeto entendido; más precisamente se identifica con la esencia sustancial del objeto mismo. Por lo cual dice Aristóteles: “la ciencia en acto es idéntica con su objeto” o más en general, que “el alma es, en cierto modo, todos los entes”; efectivamente, los entes son o sensibles o inteligibles y mientras la ciencia se identifica con los entes inteligibles, la sensación se identifica con los sensibles.

El intelecto actual obra sobre el potencial como la luz que hace pasar al acto los colores que en la oscuridad existen en potencia: actualiza, pues, las verdades que en el intelecto potencial están solamente en potencia. Por eso Aristóteles lo llama intelecto activo, y lo considera “separado, impasible, no mezclado” Sólo él no muere y dura eternamente, mientras el intelecto pasivo o potencial se corrompe, y sin el primero no puede pensar nada. El hombre, como ya se ha mencionado es la unión de cuerpo y alma, pero de una manera sustancial en la que sus propios elementos son los que les permiten existir y se fusionan en una unidad única donde conviven en connubio y forman un solo Ser.

La inmortalidad, expresión máxima de la espiritualidad del alma humana, parece mantenida por el discípulo sólo por respeto al maestro: “Habrá que convenir en todo caso en que si se da para Aristóteles una inmortalidad del alma, es ello en fuerza de su resabio platónico que le hace pensar en su alma espiritual a través del dualismo de aquél. Aristóteles, por su parte, no ha desarrollado ninguna prueba demostrativa propia de la inmortalidad del alma.”  Aunque sería muy difícil comprobarla ya que como se podría experimentar sobre algo que a simple vista no se ve.

Tampoco la moral aristotélica se funda en una bondad ética como instrumento para conseguir una vida extrasensible en compañía de los dioses, como pretendía Platón. Para Aristóteles, el bien moral consiste en la “perfecta actuación del hombre según su actividad específica”, es decir, en la realización más perfecta posible de sus posibilidades propias y específicas, no importando en qué ámbito lo aplique, ya sea en su vida social, familiar y íntima pues esto no debería de inferir en su comportamiento.

Pero este ideal, según el propio Aristóteles, no es nada extraño, sino que es el ideal de todo ser; pues todo ser, si se comporta según las exigencias de su naturaleza y las cumple, entonces llenará el sentido de su ser y será bueno, igual proporcionalmente que el hombre. y en ese cumplimiento de las exigencias de la naturaleza intelectual del hombre, en el desarrollo de sus potencialidades intelectuales, consistirá la felicidad humana.

Podemos evidenciar que para Aristóteles, la felicidad gira en torno al perfecto desenvolvimiento de las facultades armoniosas entre el cuerpo y el alma, dando a entender que para que esto se pueda dar, en el hombre debe de existir un pleno equilibrio entre su interior y su exterior, que estamos de cierta manera predispuestos para ciertas acciones o tareas y que en éstas nos desenvolveremos más armoniosamente que en otras.

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