6/13/2014

EROTISMO EN LA FILOSOFÍA

Posted by Edwin Yanes on viernes, junio 13, 2014 in , | 2 comments

Erotismo, “discontinuidad o continuidad del ser”

* Edgar Antonio Cux Apichijá
* Universidad de San Carlos de Guatemala
e_cux@hotmail.com
“DISCONTINUIDAD O CONTINUIDAD DEL SER”
¿Somos seres discontinuos?
¿La comunicación suprime una diferencia primera?
¿Es la muerte continuidad del ser?

INTRODUCCIÓN
En su libro “El Erotismo”, Bataille plantea la hipótesis, de que somos seres discontinuos, discontinuidad que es revelada en la reproducción, que es la luz con la que es considerada la actividad sexual—en éste caso. Así mismo nos dice: la discontinuidad, es ese abismo que en cierto sentido es la muerte, muerte que tiene el sentido, para nosotros que somos seres discontinuos, la continuidad del ser.

Consecuente con ello, en el presente trabajo se reflexionara en la discontinuidad y continuidad de los seres, poniendo en juego ideas “existenciales” dentro de un marco determinado de existentes—entiéndase seres-humanos. Se analizará si puede existir una comunicación real de seres discontinuos que suprima esta discontinuidad y si la muerte tiene el sentido realmente, de la continuidad del ser, como plantea Bataille.

DESPLIEGUE DEL TEMA.
¿Somos seres discontinuos?
Se nos dice: la reproducción pone en juego seres discontinuos. Cada ser es distinto de todos los demás, de esta forma, su nacimiento, su muerte y los acontecimientos de su vida son de su interés directamente, aunque los “otros” puedan tener cierto interés. Entre un ser y otro, hay un abismo, hay una discontinuidad, que es conducida por la reproducción de los seres, pero que al mismo tiempo pone en juego su continuidad.

Sabemos que todo ser viviente se reproduce de dos maneras: reproducción asexuada y reproducción sexual. En este sentido la continuidad es diferente para cada ser, dependiendo su naturaleza. Y son los seres que se reproducen sexualmente, los que nos interesan en esta investigación, específicamente los seres-humanos, que aparentemente en su “unión” formando un nuevo ser, a partir de su muerte—entendida esta como, la desaparición de su situación de seres separados, seres distintos—se encuentra implícita su continuidad.

La discontinuidad se manifiesta en la reproducción, dice Bataille, pero también se presenta  en la nostalgia de la continuidad del ser. La discontinuidad así, nos lleva a una angustia por su duración y nos lleva a una obsesión de la continuidad. Formas de actitud que no necesariamente deben pertenecer al “ser”, sino que pueden ser “modos de ser” en una circunstancia determinada.

También la soledad, como momento singular del ser, se manifiesta esa discontinuidad, esa distinción, que como seres separados, nos involucra a no actuar por nuestra cuenta y riesgo, sino a partir de “ordenes”, para así, no sentir el vértigo que provoca  el “vacío”, el abismo dice Bataille.

Tenemos que “reconocer” o “conocer” por primera vez, que somos seres distintos, diferentes, discontinuos, en lo cual encontramos implícito, según Bataille, nuestra continuidad. Debemos pensar detenidamente, esta idea de continuidad, porque si somos distintos, unos de otros, y si la existencia es siempre la de uno, no cabría ninguna razón, para la continuidad del ser, incluso si la discontinuidad del ser, es sólo un “modo de ser” del ser y no algo de suyo. El ser “es” y en la “existencia” que es su estructura fundamental, deviene. De allí que el ser-hombre se encuentre en  constante hacerse.

    2. ¿La comunicación suprime una “diferencia” primera?
El ser “es” y aún en sus modos de “poder ser”, que se manifiestan en la existencia, será lo que “es”, es decir; Ser.

La comunicación, entendida como la posible “unión” con los otros por parte del ser, no permite que se suprima una diferencia primera, esto porque la comunicación, aún como la posibilidad de mostrar lo que se “es”, no realiza una continuidad, sino que sólo refleja que somos seres separados, es decir; seres-en-el-mundo, capaces de comunicarse en él sin fin de posibilidad de la cotidianidad.

La comunicación no permite la continuidad del ser, ya que siempre la distinción se aparece, como imposibilidad posible. Bataille dice: intentamos comunicar, pero ninguna comunicación entre nosotros  podrá suprimir una diferencia primera. Esto significa, que si ustedes mueren, no soy yo el que muere, es decir; somos seres distintos, discontinuos.

Ahora bien; el ser-hombre busca obsesivamente, la supresión de esta discontinuidad, lo cual refleja en sus actividades de reproducción—entendida como continuidad del ser-, de pertenecer a un grupo o sociedad, incluso dentro de sus actividades religiosas, que vendrían a poner en juego la posible continuidad de su ser. Sin embargo, sí esto fuera así, siempre como dice Bataille, sería sólo un instante, volviendo nuevamente a su discontinuidad, lo que viene a convertirse en “angustia”, en el sentido de estar sólo consigo mismo, primeramente y después en el mundo, o de que todo lo que hace, es un hacer para la nada sartriana.

Suprimir una diferencia primera, significaría suprimir lo que cada ser-hombre “es” y justificaría ese pensamiento de que “todos somos iguales”, utilizado como bandera social. No es negar la relación de los hombres, sino de caracterizar la distinción o discontinuidad como esencial, para una relación del “yo-tú”, del ser-hombre con los otros. En donde la comunicación sería un “modo de ser” del ser-hombre  y no del ser que “es”.

       3. ¿Es la muerte continuidad del ser?
La afirmación de Bataille, de que la muerte es la continuidad del ser, es para nosotros muy precipitada, al tiempo que manifiesta, la actitud del ser-hombre que busca obsesivamente la continuidad de su ser en la muerte, su muerte.

Colocar a la muerte como continuidad, es expresar el “miedo” que se tiene hacía ella, es verla como trascendental dentro de la vida misma, vida que hasta cierto punto vendría a ser imposibilidad de “poder ser”. Esta actitud la vemos a través de la historia, en los sacrificios “sagrados”, en la unión sexual de los hombres y en los diferentes sentimientos de pasión. Concepción esta, que no es necesaria para la continuidad del ser, ya que ésta se encuentra en el origen de los seres y la muerte no la alcanza, porque la continuidad es independiente de ella.

La muerte es privación de la vida, pero más que privación, es determinación del ser, que llega a definirse en esta situación limite. Mientras existimos no hemos logrado nuestra totalidad como existencias, lo cual logramos en la muerte, muerte que no es el acabamiento o desaparición de la existencia, sino tan sólo el de nuestra existencia. Y así, la muerte se convierte o es una “posibilidad de ser”, pero la más genuina e irrepetible posibilidad. Somos “ser-para-la-muerte” y este “modo de ser”, se asume tan pronto como somos. Consecuentemente es de esto que nos angustiamos y no de ser, seres discontinuos, que lo único que provoca es caer en lo impersonal, inautentico, buscando refugio en el Mundo y las cosas del mundo.

Se trata de continuar aún en la muerte y someterse a imponencias de diferentes puntos de vista o formas de actuar. Esta actitud o modo de ser, tiende a fracasar, ya que lo que se desea  es “ser”, en el entendido que se es algo. De esta cuenta el hombre es una pasión inútil.

CONCLUSIÓN

En lo fundamental somos seres diferentes, discontinuos, pero no es en la muerte donde encontramos nuestra continuidad, a no ser que se sublime esa situación limite. Muerte que es la de cada uno, que debe ser entendida como la posibilidad de ser, es decir; no como una negación del ser, sino como afirmación de él. Así también, esencialmente tomando la vida o existencia como posibilidad de ser, la muerte sería un “modo de ser” de ella, que debiera provocar en nosotros la búsqueda de ser auténticos, esto es; “responsabilidad libre” en las diferentes posibilidades de la existencia.

Una posible continuidad del ser, nos agruparía  en “rebaños”, buscando el medio o los medios para lograr esta posibilidad, incluso pensando en el ser-hombre, como un medio y no como un fin en sí mismo, lo cual provocaría la no-comunicación que se busca al encontrarse con el otro.

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