7/08/2014

LA EDUCACIÓN SUPERIOR EN GUATEMALA

Posted by Edwin Yanes on martes, julio 08, 2014 in , | No comments
Frack Cid Berto Estrada Gudiel
La educación superior es hoy uno de los retos más significativos para filósofos y educadores y representa una de las problemáticas sociales más inadvertidas. Al parecer las asignaturas tradicionales no responden a las verdaderas necesidades humanas. 
No hemos logrado aún vivir en armonía con nuestros semejantes y no hemos conseguido la felicidad. Los crímenes siguen acaparando los encabezados de los periódicos y la enfermedad sigue siendo un problema humano grave.

Los intereses se han encauzado al desarrollo de la economía y a la globalización y se ha logrado ya trascender los niveles tradicionales de producción y excelencia industrial, pero no se han visto resultados en el individuo o en la familia, nuestra sociedad ha entrado en una confusión de intereses: por un lado está la faceta señalada por los intereses de los grandes consorcios, suficientemente conocidos y criticados, que mueven el capital, así como los Gobiernos encubridores de la mayoría de las naciones del mundo.

El crecimiento individual que a nadie parece interesarle, no hay hasta ahora una conciliación entre estos dos conceptos tan abstractos como reales: economía y valores, la educación parece ser la única alternativa para mediar entre estos dos polos que parecen inconciliables. El problema de fondo parece ser que no existe una política educativa clara, coherente y por supuesto, implementable. ¿Hasta cuándo debemos esperar para empezar a construir una nueva sociedad, un nuevo ser humano que viva la excelencia y no sólo la genere a cambio de ilusiones? ¿Cómo debemos proceder para alcanzar la armonía y la felicidad sin sacrificar las comodidades que nos ofrece el desarrollo tecnológico? Éstas y otras preguntas permanecen como un reto para los científicos sociales y sin embargo, la labor de éstos es irrelevante en comparación con quienes producen desarrollo financiero y estrategias para fortalecer la hegemonía tecnológica y política.

EDUCACIÓN Y PRODUCTIVIDAD
“Se tiene la convicción, casi generalizada, de que la Educación formal (principalmente en el nivel superior) está plenamente justificada cuando se orienta al mejoramiento, tanto en cantidad como en calidad, del sistema productivo de un país; a pesar de que la Universidad y la Industria son universos muy diferentes en cuanto a objetivos, lenguaje, valores, organización y percepción del tiempo” 1.

Guatemala, México, Colombia y Chile en Latinoamérica y, en general, de cualquier país en desarrollado, con una estrecha vinculación entre la Universidad y la Industria. En los países altamente desarrollados, esta vinculación es ya muy natural; el desarrollo de una, implica el desarrollo de la otra, son experiencias complementarias: estudio científico y tecnológico significan desarrollo, que no es otra cosa que poderío económico y que, hoy por hoy, sigue siendo el principal parámetro para clasificar a las naciones.

Guatemala por ejemplo, es un país, al menos en un contexto que se ha caracterizado por su humanismo, acaso legado valioso de nuestros ancestros. Por ello, tal vez, ese rechazo natural al estudio mecanizado y enfocado a la producción industrial. Hace mucho que se induce al hombre moderno a tener una visión economicista de la historia y del futuro. Este sometimiento de lo humano a lo económico empieza a provocar en el ámbito mundial resultados catastróficos.

Es necesario a pesar del mundo globalizado que demanda una respuesta directa e innovadora en relación con la ciencia y la tecnología, volver a los objetivos originales: la escuela, como institución rectora de la sociedad, llegara a existir, aquellos que enseñaron Aristóteles, Rousseau, Dewey y Kant entre tantos otros; al menos socializarlos, colocar al ser humano como elemento prioritario, por encima de las máquinas.

Si, por el contrario, “el sistema industrial es sólo una parte de la vida, existe mucho menos lugar para la preocupación” 2. Los fines estéticos tendrán preferencia; quienes lo sirvan no estarán sujetos a los fines del sistema industrial; sino que éste estará subordinado a los objetivos elevados del hombre y sin duda, habrá más oportunidad de descubrir el humanismo del que hablamos.
Se trata de cumplir prioritariamente con los objetivos humanos, sin descuidar aquellos que nos permitirán vivir dignamente como nación. De hecho, sería muy razonable pensar que cuanto mejor sea nuestro nivel de vida en el sentido estrictamente humano, mejor podremos enfocar las actividades destinadas a producir, ya sea incrementando bienes o mejorando servicios. Ciertamente, “al priorizar la formación humanista se promueve la formación de un mejor profesional, porque se atienden los aspectos más importantes (…) del quehacer de cualquier profesión: habilidades básicas y valores.

Son lamentables los cambios que se han producido y se siguen produciendo en la Educación, estos cambios han supuesto un incremento en los conocimientos científicos y una disminución de los contenidos que se clasifican como humanistas; basta revisar los planes de estudios de hace algunas décadas y compararlos con los actuales, sobre todo a partir del nivel medio superior y superior. Sin embargo, no podemos estar seguros de que estos cambios en los planes de estudio hayan sido las causas de la aparente decadencia social en que parecemos vivir; pero de lo que sí podemos estar seguros es que la formación humanista y la cultura clásica “han tenido una importancia enorme en el desarrollo de Occidente.

La degradación de la enseñanza, que según muchos se produce en nuestras sociedades. Esta hipótesis parece aventurada, pero cobra fuerzan cuando vemos que la educación mecanicista y mecanizada no ha agregado significativamente valor a nuestras vidas, si acaso unos pocos viven con menos pobreza. Naturalmente, habría que reunir a los mejores pedagogos y científicos de la educación para diseñar un currículo congruente con lo que queremos como nación para un verdadero desarrollo y no un desarrollo ficticio, seductor por sí mismo: el de los capitales de pequeñísimos sectores de la sociedad. En los últimos años, se ha intentado “humanizar” el currículum, pero sin cambios trascendentes en los planes y programas de estudio y sin ninguna capacitación del personal docente.

Es cierto que la educación como actividad humana tiene sus limitaciones. Sin embargo, el Estado debe hacer explícito los propósitos y alcances deseables en cuanto al tipo de hombre (y de mujer) y la clase de sociedad que se propone fomentar a través de la educación y así diseñar toda una estrategia educativa. Es decir, el Estado debe cuidar que la educación cumpla con los preceptos de pertinencia, congruencia y validez de los que se habla tanto en los medios académicos.

La descripción de un hombre ideal y el perfil de una sociedad que posea todos los rasgos deseables para el desarrollo de tal tipo humano se ha intentado muchas veces a lo largo de la historia del pensamiento ético y político. En cuanto al proceso pedagógico a elegir para conseguirlo, siempre se ha fracasado y no queda sino clasificar esa intención tan sublime como una utopía más.
Quien propone un nuevo sistema educativo que se sale del contexto empresarial y laboral o que intente romper los paradigmas en los que nos encontramos inmersos, se clasifica invariablemente de idealista y sus propuestas sólo quedan como referencias literarias para trabajos académicos de otros idealistas. Sigue arraigado ese concepto trivial pero efectivo de quien paga, manda.

EL PAPEL DE LA FILOSOFÍA EN LA EDUCACIÓN.
El hombre libre en una sociedad justa es el ideal que han sostenido los filósofos como punto de referencia; se ha puesto ya el dedo en la llaga y se ha formulado incluso la descripción del problema, del enorme problema a atacar en un mundo cuya historia está colmada de guerras y crímenes de todos los órdenes. Sólo ha faltado que alguien venga y describa la metodología adecuada (sospechamos que está por encima de nuestro humano proceder en los actuales momentos).

Makárenco3 se aproximó mucho con sus experiencias educativas hace más de un siglo, Montessori4, que aun ahora se tienen dificultades para comprender su propuesta de educación interactiva -y permitir que el niño aprenda según su propia naturaleza de libertad y de contacto con su medio ambiente- casi representa un modelo que deberíamos seguir como política educativa y qué decir de Rousseau, y de otros grandes en el arte de educar. Hasta ahora nos hemos empeñado en que la escuela sea la institución más odiada por niños y jóvenes, los programas están impregnados de adiestramiento y conocimientos inútiles y por tanto, rechazables por cualquier mente sana.

Si pensamos en los conceptos primitivos de educación que están impregnados de contenido filosófico; tenemos que aceptar que son vigentes a pesar de la Revolución Industrial que trajo nuevos horizontes y contaminó a la educación con nuevos fines y contenidos y sobre todo a pesar de nuestro incipiente siglo XXI que tanto progreso promete, progreso que se basa fundamentalmente en logros técnicos y poder económico empresarial.

Desde la época de Platón se tenía claro el fin primordial de la educación: “la felicidad del mayor número de seres humanos” y para conseguirlo se proponía un conjunto de conocimientos, habilidades y actividades a desarrollar a través de disciplinas encausadas a elevar las virtudes humanas a un nivel casi de excelencia. Con este sistema se garantiza un ser “humano bueno” o un “buen ciudadano donde no haya lugar al desorden social.

Este fin tan elevado y que bien podría denominarse el fin humanista de la Educación lo comenta ampliamente Heidegger en su célebre Carta sobre Humanismo (Heidegger, 1968) y va aún más lejos, lo hace fundamento de la Metafísica, la cual busca determinar la esencia del hombre, que es algo más trascendente que su presencia. Bastaría decir que busca impactar a la existencia; por ello, tal vez Freire señala que humanizarse agrega valor a la existencia humana; podríamos decir que humanizarse es el único valor de la existencia humana. Un valor poco apreciado por quienes financian la educación y contratan a los egresados de las universidades.

Finalmente, habría que reflexionar seriamente si vale la pena enriquecer los planes de estudio, sobre todo de las carreras llamadas “técnicas, no con asignaturas de carácter humanista, sino con experiencias humanistas, encausadas a desarrollar habilidades y valores en lugar de conocimientos sólo aplicables a campos productivos que, a menudo, no colaboran mucho en el desarrollo del país. Porque tendríamos que entender que el desarrollo de un país es el resultado del desarrollo de cada uno de sus habitantes. Esto sería posible a través de un currículo implícito humanizador, sin alterar del todo el fin y las políticas educativas de la educación formal.

Los educadores del futuro tendrán un gran reto: el de lograr que con la educación formal se garantice una sociedad libre, entendiendo esta libertad como la entendió Platón, Rousseau o Freire; es decir, que los seres humanos se desarrollen bajo un concepto de virtud y dignidad, combinado con un ferviente deseo de servir a la patria a través de la Instituciones o de la Industria, que también deberán cambiar sus paradigmas y lograr una congruencia con la nueva sociedad que se pretende. Estamos hablando de hecho, de una educación impregnada de “espiritualidad”5 entendida ésta como un conjunto de valores humanos que facilitan la comprensión de la vida y las acciones que llevan a la felicidad.

Es necesario concebir al éxito de una manera diferente al del hacer-tener que es lo tradicional en un currículum educativo ordinario. En cambio si concebimos al éxito como la capacidad de SER, ya hablamos de un curriculum progresista e innovador; es decir, dejar de enseñar al futuro profesional que el éxito depende de su capacidad de hacer y de tener, esto desemboca casi siempre en competencia, ambiciones y corrupción.

En cambio el SER es algo genuino, el individuo busca ser feliz, ser original, ser útil, ser cooperativo, ser innovador, en fin, ser sabio y sobre todo, SER él mismo y esto lo haría más apto y productivo para desarrollar conscientemente cualquier actividad empresarial o tecnológica sin implicaciones nocivas para la sociedad. Así, la Escuela, como principal Institución del Estado, buscará los objetivos humanistas como principal prioridad, que coloquen al ser humano realmente como principal beneficiado de la misma.

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