9/30/2014

¿LA FIDELIDAD ES SÓLO UNA PROMESA?

Posted by Edwin Yanes on martes, septiembre 30, 2014 in , | No comments
Hay distintas formas de fidelidad: a un equipo de fútbol, a un partido, a un país o a unas ideas. Vimos lo que hay de común en todas esas fidelidades: el sentimiento de pertenencia y la elección del vínculo. Pero cuando se nombra la palabra fidelidad lo primero que nos viene a la mente es la (in)fidelidad conyugal y concretamente la que tiene que ver con el sexo.

La fidelidad es un concepto cuya traducción a nuestro comportamiento es  escurridiza y por eso necesitamos definirla en el seno de las relaciones, cambiantes en el tiempo y según la cultura. Vimos que, si bien hay un modo socialmente preponderante de entender la fidelidad (que en nuestra sociedad proviene de la cultura judeocristiana) cada vez más las personas intentan pactar sus propias reglas de compromiso.

Algunos de los presentes se mostraron escépticos ante la eficacia de esos pactos individuales porque, por un lado, no se puede prever cada detalle del porvenir de una relación y porque, sobre todo, el telón de fondo del concepto social de fidelidad nos condiciona sin remedio. Así el pacto entre dos individuos resultaría frágil frente a los hábitos sociales pero sin embargo veremos como éstos son cambiantes comparado con la fijeza de la necesidad sexual.

Para alguno la fidelidad en la pareja es el sometimiento del individuo, con  el sacrificio de su instinto, en beneficio de una forma de supervivencia de la prole. Freud ya lo denunció en su momento como castración monstruosa, instaurada a presión gracias a la moral, llegando a crear lo que él llamó el malestar en la cultura. Y comprobamos que lo que resulta  innegable de esta tesis es que una prohibición solo se puede referir a algo que uno desea hacer, cuando hay prohibición es porque la gente desea hacerlo.

En el polo opuesto vimos como la fidelidad puede llegar a entenderse como una experiencia de compromiso con la verdad ante el otro. Postura que cuenta con que la elección de los términos del pacto en la pareja responde al respeto a un proyecto en común que requiere solidez, la unión de todas sus energías puestas a favor de éste. Y vimos cuán sólida tendría que ser una pareja que sobreviviera a la no exclusividad en cuestión de sexo, incluso habiéndolo pactado, dado que lo que tiene sentido en una promesa a veces se hace muy difícil de cumplir, sobre todo aguantar el dolor de verse sustituido. Pero también vimos como en una pareja en la que el vínculo afectivo se va  haciendo fuerte, la parte instintivo-sexual va cobrando menos importancia, tanto para buscar sexo fuera de la pareja como para que una infidelidad dé al traste con el matrimonio. Y es que juega a favor del buen entendimiento el hecho de que el aprendizaje por la experiencia de vida te permite ser más flexible con los sucesos y  con las expectativas.

En otro registro totalmente diferente, un asistente nos dice cómo la experiencia de vergüenza ajena que ha tenido cuando ha visto situaciones patentes de infidelidad le hizo pensar en la importancia que tiene que la infidelidad sea conocida por los demás. Evitar esto, dirá,  se hace crucial para no dar pie a un sufrimiento inútil: “Si la infidelidad es conocida solo por mí es como si no existiera porque no se produce la única consecuencia importante que es el dolor del otro”. Y es que en una pareja estamos jugando al mismo juego pero a menudo cada uno con sus normas. Y quizás habría que pensar que el intento de ponerlas en común conlleva muchos malos entendidos, cuando no falsedades, ilusiones o ingenuidades que en realidad complican más que aclaran.

Ante la acusación de que este discurso se mueve en la incomunicación y la falta de transparencia, él defenderá que lo más importante es preservar al otro de un dolor inútil.

Finalmente vemos que en pura lógica no se podría estar hablando de infidelidad a menos que ésta se dé en una relación en la que haya habido un compromiso formal. Y sin embargo más allá de la ruptura de cualquier tipo de “contrato”, más o menos expreso, más o menos formal, lo que realmente enciende todas las alarmas es que nos sentimos heridos en nuestros sentimientos. Y ese sentirse heridos es lo que termina afectando a cualquier otro aspecto de la relación: familia, convivencia y economía compartida, hasta vaciarlos de sentido. Otros lo ven desde una perspectiva opuesta: la relación matrimonial tendría que poder sobrevivir a la infidelidad sexual porque ésta no debería estar condicionando al afecto, y menos a la convivencia y la organización familiar.

Son visiones que muy habitualmente se corresponden con la femenina y la masculina y sin embargo detectamos que son dos posturas a las que hoy en día se adhieren indistintamente hombres y mujeres.

0 COMENTARIOS/OPINIONES:

Publicar un comentario en la entrada

Tus comentarios son el motor que me impulsan a seguir publicando...gracias.